Desde que comencé a militar en Falange, el asunto de Blanquerna ha pendido sobre los camaradas implicados como una espada de Damocles. Tampoco es, por supuesto, que les haya quitado el sueño a ninguno de ellos, todo lo contrario, les ha permitido dormir, a pierna suelta, los últimos ocho años, sabiendo que cumplieron con su deber. Pero en esta casi década que ha transcurrido, han sido muchos los momentos de incertidumbre, en los que la entrada en prisión era inminente.

Estos hombres han transitado por una tortura judicial a manos del Estado, que a fuerza de presionarles con amenazas y persecuciones, ha intentado minar su moral para hacerles quebrar por dentro. Lamentablemente para los represores, hay que tener muchos huevos para ser falangista en 2021, lo demás, como se suele decir, “va en la nómina”.

No he oído en todos estos años ni una queja, pero tampoco ningún tipo de vanidad. Todos mis camaradas cumplieron con un deber para con España, ante una afrenta contra su Unidad, entrando en una cueva de separatistas a gritar a los cuatro vientos la verdad; no nos engañan, Cataluña es España. Aquellos para los que la política se basa en meter un papelito en una urna cada vez que se les convoca y pontificar en el ámbito cómodo de la barra del bar, la tertulia televisiva o la columna de periódico, les produce un escándalo superlativo el hecho de que existan patriotas que consideren a la acción directa, la vía para defender la Unidad de España. 45 años de concesiones, de seguidismo y de traiciones, nos abocan a otro tipo de formas de hacer política y la traición en el seno del Estado, nos empuja a defender nuestra tierra al margen de las reglas “democráticas” del juego.

Aquí solo tiene patente de corso para saltarse las leyes cualquier desgraciado que pretenda socavar a España, pero levantarse contra la hidra separatista, supone un crimen para el Régimen del 78, que persigue incansablemente a cualquier patriota. No se puede entrar en una librería a decir a los traidores a la cara que Cataluña es y siempre será España, uno no puede defenderse de turbas de separatistas que le agreden; sin embargo un grupo de malnacidos puede homenajear a un terrorista de ETA cuando sale de prisión, se puede calcinar la Bandera Nacional en multitud de aquelarres separatistas, se puede dar una paliza con impunidad a patriotas en Cataluña y Vascongadas y, por desgracia, un largo etcétera de afrentas a España y a la justicia ¿Hacen falta más motivos para decir basta?

El hecho de creer que este sistema es capaz de resolver el problema sería infantil, si no fuese España lo que está en juego. Todos los que abogan, ya no solo por el diálogo, sino por las urnas y la Constitución para solventar el asunto son, abiertamente, enemigos de la realidad y por ende enemigos de España. La democracia liberal siempre es el refugio perfecto de aquellos que pretenden destruir la Nación y la sociedad que la sustenta. No podemos confiar en ninguna institución del Estado, ya que en lo único que se esmeran es en perseguir a los verdaderos defensores de la Justicia, como es el caso de los patriotas de Blanquerna.

Otra vez van encarcelar a un Jefe Nacional de Falange, a uno lo encarcelaron durante la II República y acabó condenado a muerte y fusilado, al otro lo condenaron a muerte en Régimen del 18 de Julio, aunque su pena fue conmutada. Al último de ellos, lo acaba de encarcelar el Régimen del 78, cumpliendo con el ciclo de la infamia nacional, en el que época tras época, se repiten las mismas miserias e injusticias. Ser falangista NUNCA ha sido sencillo, precisamente por eso NO IMPORTA. Deseo enviar un abrazo caluroso desde aquí a mi Jefe, Manuel y a mis camaradas Jesús y Sergio, que en estas fechas tan especiales, han visto limitada su libertad de manera vil y miserable. Ninguno de los tres son amigos del homenaje, del reconocimiento o del boato, pero es de justicia resaltar en ellos su sacrificio, valentía y su profundo compromiso con España y La Falange. Sois un ejemplo y un orgullo.

¡¡¡¡BLANQUERNA LIBERTAD!!!!