En una entrevista publicada el miércoles 5 de mayo por el portal conservador eslovaco Denník Postoj, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, resumió algunos de los acontecimientos que han marcado las relaciones entre Hungría y la Unión Europea, y entre Fidesz y el Partido Popular Europeo, en los últimos años.

Sobre la crisis migratoria de 2015, en la que la canciller alemana Angela Merkel abrió las puertas de Alemania mientras Hungría, en cambio, erigía una valla en su frontera con Serbia, Viktor Orbán señaló:

“Si los alemanes quieren acoger a millones de musulmanes y construir una sociedad multicultural, esa es su decisión, su destino [...] Los alemanes piensan que si la sociedad alemana original, que ya está en proceso de abandonar los valores cristianos, convive con millones de inmigrantes musulmanes, se mezclarán y formarán una nueva sociedad [...] En la terminología política esto se llama una sociedad abierta y los alemanes lo creen. No creo en ello porque pienso que creará sociedades paralelas y eso puede causar grandes problemas. No quiero un desarrollo así para mi país”.

El primer ministro húngaro también se refirió a la evolución de las relaciones con el democristiano bávaro Manfred Weber, jefe de la delegación alemana en el PPE: “El señor Weber ha insultado a Hungría al declarar públicamente que no quiere ser presidente de la Comisión Europea con los votos de los húngaros. [...] ¿Qué quieren los alemanes? ¿Una Europa alemana o una Alemania europea? [...] Si los alemanes quieren una Europa alemana, eso significa que también quieren dictar a otras naciones lo que deben hacer y cómo deben vivir. Esto es lo que hace Manfred Weber en su campaña. Quiere determinar lo que es correcto en términos de migración, familia, política fiscal. Quiere decirnos cómo debemos vivir Hungría”.

Orbán comparó a Weber con Helmut Kohl, que “quería una Alemania europea, [...] no luchaba por la hegemonía sino por el pluralismo [y] siempre reconocía que incluso las naciones más pequeñas tienen derecho a decidir su propio destino”. Orbán reveló lo que Helmut Kohl le había dicho en 1998, cuando el húngaro acababa de llegar al poder por primera vez: “Fuisteis elegidos por los votantes húngaros, vuestra responsabilidad es ante todo con los húngaros y no dejéis que nadie os limite en esto”.

Sobre sus planes de futuro después de que Fidesz abandonase el PPE, el jefe de gobierno húngaro dijo: “Ahora debemos crear una nueva comunidad política que pueda influir en Bruselas, en la que están trabajando los polacos, los húngaros, los italianos, los españoles y muchos otros”. Para ello ya no descarta la cooperación con la Agrupación Nacional (RN) de Marine Le Pen: “Esa opción está en el aire”, respondió a una pregunta directa del periodista eslovaco que le entrevistaba.

Viktor Orbán también explicó su rechazo a los defensores de la ideología “liberal” de la corrección política: “Hoy en día no hay una democracia liberal, sino una no-democracia liberal. Hay liberalismo, pero no democracia. Los liberales quieren la hegemonía de la opinión. Para eso está la corrección política, que utilizan para estigmatizar y tratar de descalificar a los conservadores y a los demócratas cristianos. Estoy luchando contra los liberales por la libertad. Yo estoy del lado de la libertad y ellos del lado de la hegemonía de la opinión. [...] Respeto a Occidente y participo en la integración, pero tengo que decir que los países situados al oeste han perdido gran parte de su atractivo en las últimas décadas”.

“No quiero que dentro de veinte años los niños húngaros vivan en un país como los que serán muchos países occidentales. Hace treinta años no sabíamos cómo se desarrollaría el mundo musulmán en Europa [...] No queremos abandonar el mundo moderno, no somos antimodernos y entendemos que el mundo tiene que cambiar. La cuestión es qué queremos transferir del pasado al futuro. Desde este punto de vista tenemos continuidad. Queremos preservar la libertad, que en el plano de las naciones se llama soberanía nacional y en el plano de los individuos se llama libertad individual. Lo mantenemos incluso en las condiciones del mundo moderno”.

Preguntado por la delicada cuestión de la minoría húngara en Eslovaquia, Viktor Orbán es muy claro: “A Budapest le interesa que los húngaros que viven en Eslovaquia puedan representar sus propios intereses en Bratislava, y no que nosotros en Budapest estemos obligados a representar sus intereses en Bratislava. Así que si la comunidad húngara en Eslovaquia tiene éxito y puede representarse a sí misma, es mejor para los eslovacos y para nosotros [...].

“A Fidesz, que es un partido nacional, le interesa que muchos niños húngaros nazcan también en Eslovaquia, que sus madres hablen húngaro con ellos, que vayan a escuelas húngaras, que nadie les haga daño cuando hablen en húngaro y que tengan la libertad de ser políticamente activos. La forma en que lo hagan es secundaria. Por eso apoyamos la identidad cultural, no los intereses políticos”.

En cuanto al Grupo de Visegrado, el primer ministro húngaro destacó la importancia de Polonia: “El buque insignia [del Grupo de Visegrado] es Polonia. Sin Polonia, los demás países de la región no tienen suficiente peso. Si Polonia abandonara el V4, Europa Central perdería su quilla. Eslovaquia también tiene un papel clave que desempeñar [...] La esencia del V4 es su capacidad de influir tanto en el norte como en el sur. En el norte está Polonia, en el sur está Hungría. El norte tiene que unirse con el sur, sin vosotros [los eslovacos] nos partiríamos en dos”. También explicó las relaciones del V4 con Rusia: “Es obvio que Polonia necesita garantías de seguridad, es una zona enorme y llana. Eslovaquia, Hungría y la República Checa están protegidas por los Cárpatos, por supuesto que también necesitamos garantías, pero no estamos amenazados por Rusia como piensan los polacos. Por eso es necesario combinar la demanda polaca de una garantía de seguridad con las exigencias de ‘cooperación’ con Rusia”.