El calificativo de radicales tiene bastante mala prensa, fácilmente se identifica este calificativo con los de fundamentalista, extremista, fanático, dogmático, sectario o intransigente. Pero si nos atenemos al origen de la palabra vemos que radical hace referencia a lo que tiene relación con las raíces de alguna cosa. Radical sería ir a la raíz del problema, al fondo de las cuestiones y no andarse por las ramas. Para mí, radical sería un calificativo positivo, en contraste con los demás que son claramente negativos.

Desgraciadamente en todos los sectores del panorama político encontramos elementos a los que se puede aplicar plenamente lo de fundamentalistas, fanáticos, etc. Normalmente es gente que hace bastante ruido. Un ruido que además es amplificado y hecho más hiriente por los rivales políticos, que pretenden defender su propia postura recurriendo a la descalificación del contrario. Y para eso les viene muy bien agarrarse a los disparates que en todas partes se oyen. Disparates que pueden ser reales, pero que muchas veces son magnificados, sacados de contexto y deformados para hacer más fácil el ataque.

Hay gente que es especialista en esta forma de defender sus posturas. Son maestros del insulto, que aprovechan todos los errores y las posibles salidas de tono, reales o inventadas, de los que no comparten fielmente sus propias posturas, para verter sobre ellos toda clase de improperios y descalificaciones. Con esto lo que consiguen es rebajar el nivel del debate político, y al mismo tiempo manifestar su poca altura intelectual y moral. Desde luego, de radicales no tienen nada y sí mucho de fanáticos.

Cuando estamos tratando de criticar el sistema capitalista, caeríamos en esa falta de rigor intelectual y nos meteríamos en el pantano del fanatismo si nos dedicáramos a buscar declaraciones de personajes del mundo capitalista en que apareciera lo inhumano de sus planteamientos, y nos apoyáramos en eso para gritar contra ellos que son una panda de canallas.

Pero ese planteamiento tendría muy poco de radical. Como tampoco lo sería limitarnos a protestar porque este gobierno ha congelado nuestras pensiones. Lo radical es afirmar que las tendencias a una desigualdad social creciente y a la destrucción ecológica son esenciales en la estructura del sistema capitalista, y por tanto, el porvenir de nuestras pensiones es muy sombrío si no conseguimos superar el sistema económico capitalista.

Sobre esto se han escrito multitud de obras de todo tipo, con argumentos incuestionables. Pero naturalmente esos argumentos no aparecen en los medios masivos de comunicación que están prácticamente todos en manos del poder económico. Sin embargo, si no nos dejamos lavar el cerebro por la algarabía que monta la gente que, desde distintas posturas, en el fondo lo que está defendiendo es el sistema capitalista, pues bien a la vista tenemos la brutal desigualdad y el deterioro medioambiental de nuestro planeta. Y además un imparable deterioro de las pensiones.