Entre el lunes y el martes de la semana pasada los españoles nos hemos despertado con una desagradable sorpresa, que nos ha dejado a muchos completamente atónitos: el asalto masivo a la ciudad de Ceuta por hordas de individuos, en su inmensa mayoría de origen marroquí, incluidos muchos menores de edad, a través de la playa del Tarajal, que bien pudiera llamarse del Carajal después de ver lo ocurrido en ella.

Se calcula que las sucesivas oleadas de asaltantes movilizaron alrededor de 10.000 personas.   

Se puede decir, sin ningún género de dudas, que se trata del asalto más grave que ha sufrido Ceuta en muchos años, lo cual ha producido lógicamente una honda preocupación e inquietud en la población ceutí, ante la avalancha que se le ha venido encima. No podemos olvidar tampoco que este gravísimo problema de ataque continuo a nuestra frontera sur lo viene sufriendo, también desde hace mucho tiempo, la ciudad hermana de Melilla. De hecho, la noche de ese mismo lunes, día 18, varias docenas de individuos intentaron asaltar la valla fronteriza de Melilla, algunos de ellos, por desgracia, con éxito.

Quiero subrayar que la reacción de nuestra clase política dirigente ante semejante agresión a nuestra integridad territorial ha oscilado entre el cinismo y el más absoluto

ridículo. Ahí tenemos las bochornosas declaraciones del presidente del Gobierno Pedro Sánchez, quien tratando de aparentar firmeza ha afirmado que hará todo lo posible para defender la integridad territorial de España, pero destacando a continuación el carácter de aliado de Marruecos con respecto a España, sólo le faltó decir que es un aliado fiel. ¡Vaya con los aliados! ¡Cómo se las gastan algunos! Por otra parte, teniendo en cuenta la trayectoria permanente de nuestro ínclito presidente de traición y menosprecio a España y, por ende, a los españoles, se puede decir que no se puede esperar nada bueno de este siniestro personaje, y mucho menos en lo tocante a la defensa de la integridad territorial de España. Sólo basta con mirar quiénes son sus socios en el Gobierno, y quiénes le auparon al poder hace tres años, con ocasión de la moción de censura presentada contra el anterior presidente del Gobierno, el acomplejado Mariano Rajoy: comunistas, separatistas golpistas catalanes, y proetarras. O sea, lo mejor de cada casa.

Quiero centrarme en la reacción que la traicionera agresión marroquí contra la ciudad de Ceuta, promovida por ese sátrapa corrupto y degenerado que responde al nombre de Mohamed VI, ha suscitado en uno de los políticos más relevantes de eso que ha venido en llamarse la “derechita cobarde”, es decir el Partido Popular, y que se llama Alberto Núñez Feijóo, que preside el Gobierno autonómico gallego, el cual se ha convertido por mor de la política en el cacique mayor de Galicia. Este melifluo personaje de la política española no ha tenido empacho en declarar en una entrevista concedida a Susana Griso en Antena 3, que ante lo sucedido en Ceuta que no puede hablarse de invasión por parte de Marruecos, pues no es bueno emplear lo que él llama “lenguaje bélico”, afeando el uso del mismo al jefe de la “derechita valiente” Santiago Abascal, presidente de VOX. 

Es evidente que el señor Núñez Feijóo pretende negar la realidad de los hechos, pero la realidad es terca por mucho que a este señor no le guste, y por eso esconde la cabeza, como dicen que hace el avestruz cuando presiente el peligro.

Este político, como otros muchos de este Sistema que venimos padeciendo los españoles desde hace ya casi 46 años, quiere hacernos comulgar con ruedas de molino, y negar la triste y dramática realidad de España, y no sólo por lo sucedido en Ceuta la semana pasada. Que Ceuta ha sufrido una invasión en toda regla, ejecutada en su inmensa mayoría por marroquíes, y organizada sin ningún disimulo por el Gobierno marroquí, y por lo tanto por ese gran “amigo” de España que es Mohamed VI, no ofrece ningún género de dudas. Otra cosa es que políticos de medio pelo como el señor Núñez Feijóo quieran tomarnos el mismo, y que además no nos demos cuenta. Como dice un viejo dicho “No hay más ciego que el no quiere ver”.    

Núñez Feijóo ha declarado también que Marruecos es un país aliado de España, le ha faltado decir que nuestro mejor amigo. Claro que, con aliados y amigos de ese tipo no hacen falta enemigos. Habrá que refrescarle la memoria a este político tan moderado y tan “centrado”. Simplemente recordarle que desde 1859 hasta 1958 España ha sufrido tres guerras con Marruecos provocadas por la perfidia mora; a saber: 

1)-La Guerra de Marruecos de 1859-1860, 2)- La Guerra de Marruecos de 1911-1927, también conocida como Guerra del Rif, y 3)- La Guerra de Sidi-Ifni de 1957-1958. Esta última muy desconocida por la mayoría de los españoles, al igual que la primera mencionada. ¿No está mal eh, Sr. Núñez Feijóo? Tres guerras en un siglo, demasiadas para ser tan amigos, ¿no cree?       

Tampoco podemos olvidar la tristemente famosa “Marcha Verde” transcurrida entre el 6 y el 9 de noviembre de 1975. ¿Tampoco fue aquello una invasión Sr. Núñez Feijóo?

Pues sí, también se trató de la traicionera invasión de un territorio, el Sahara Occidental, que por aquel entonces se encontraba bajo soberanía española. Dicho ataque fue perpetrado por el anterior rey de Marruecos, Hassan II, aprovechando la agonía del que por entonces era Jefe del Estado, Generalísimo Francisco Franco, en el Hospital de La Paz. La Marcha Verde condujo al fin y a la postre a que Marruecos acabara apoderándose ilegalmente del Sahara español, impidiendo a los saharauis ejercer el derecho de autodeterminación, tal y como había proclamado la ONU. Eso sí, con la complicidad del Gobierno español de aquel momento, que no supo ni quiso estar a la altura de las circunstancias.           

 

Finalmente, y siguiendo con las declaraciones del ilustre prócer gallego a Antena 3, ese prohombre del PP de Galicia ha afirmado que la primera cuestión es si el Gobierno le ha pedido al Jefe del Estado una acción diplomática para resolver tan espinoso asunto, dado que “la Casa Real ha sido el mejor Ministerio de Exteriores de España, y Juan Carlos I el mejor diplomático en sus años de reinado”. Dicho lo cual espero que el Sr. Núñez Feijóo me perdone, pero esas declaraciones no hay por dónde cogerlas.

En primer lugar está claro que el Gobierno no le ha pedido ni le pedirá al rey Felipe VI, también conocido como el “preparado”, que realice la citada acción diplomática, pues el actual Jefe del Estado, como todo el mundo sabe, es un cero a la izquierda para el actual Gobierno frentepopulista. O sea, que pinta menos que la Tomasa en los títeres. En segundo lugar, decir que la Casa Real ha sido el mejor Ministerio de Exteriores de España, y el rey Juan Carlos I el mejor diplomático en sus años de reinado es una tomadura de pelo, que no se la cree el Sr. Núñez Feijóo ni harto de vino. En todo caso podría decirse que el rey “demérito” Juan Carlos I ha sido el mejor comisionista de España en el exterior; de eso no cabe duda.

Finalmente quiero señalar que según publicó la agencia de noticias Europa Press en 2017, sin que hasta el momento haya sido desmentido oficialmente, el rey Juan Carlos I llegó a admitir en una entrevista mantenida en el Palacio de la Zarzuela en 1979, con el embajador de los Estados Unidos, Terence Todman, y con el senador Ed Muskie, enviado personalmente a Europa por el presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter, la posibilidad de entregar a Marruecos la ciudad de Melilla y someter la ciudad de Ceuta a una especie de protectorado internacional, similar al que tuvo la ciudad de Tanger entre 1923 y 1956. Es decir, que el Borbón estaba dispuesto a disponer de esas dos ciudades españolas como si de una finca particular se tratase, algo absolutamente vergonzoso, muy propio de la dinastía borbónica. Y eso, Sr. Núñez Feijóo, se llama alta traición, se mire por donde se mire. Ya la famosa Constitución de Cádiz de 1812, la “Pepa”, proclamaba que “La Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona.”, aunque esa familia se llame Borbón, añado yo. Así que, más patriotismo de verdad, y menos adulación rastrera a la dinastía reinante.