Ni el terrorismo podemita fue capaz de desbancar a nadie, ni hubo ninguna sorpresa en lo que se refiere a los resultados electorales del 26 de Junio.

 

El análisis es claro. Las consecuencias se irán sucediendo estos días y al final y como era de esperar, Mariano formará un gobierno de duración incierta, que servirá de puente hacia una estabilidad que España irá recuperando en los próximos dos o tres años.

La lacra de la corrupción ha lastrado a los populares en los últimos tiempos. Pero el ciudadano, que a mi entender sigue siendo un iletrado electoral y sigue sin saber a qué y porqué vota, si ha sabido entender que para eliminar cierto tipo de corrupción en los democráticos partidos actuales, no tenía que permitir que se instaurara en el país, otra mucho más peligrosa que infringiría la dictadura comunista financiada por Irán y Venezuela. Una dictadura que podría tener tintes visiblemente de calaña terrorista y que atentaría contra el estado de bienestar.

 

El partido Socialista sigue en tendencia bajista y haciendo gala de los peores resultados de la historia, peligra hasta el punto de empezar a ser uno más de los PASOK o PSI que desaparecieron en favor de los nuevos tiempos que de forma natural entierran los viejos y grotescos sistemas, que solo sirven para mantener intereses personales. Quiero pensar que Sánchez y aunque no sea público, ya ha hecho efectiva su dimisión.

 

Antes de hablar de lo meramente anecdótico que supone Rivera y ese sucedáneo de organización política que es Ciudadanos, tengo que exponer una idea sobre estas empresas de tres al cuarto que se dedican a inventar falsas y engañosas encuestas fraudulentas, sobre las cuales la fiscalía debería de actuar para meter a todas sus cúpulas en la cárcel.

 

Rivera siempre fue una caricatura interesada en su crecimiento personal. Sin clase, sin envergadura política y sin conocimiento alguno, jamás supo ni le interesó posicionarse claramente al lado de una idea. Esas formas, sin duda alguna, son las que empiezan a labrar el camino a su desaparición.

 

El voto de Ciudadanos era el voto de los hijos de los votantes del PP que, con la idea de la corrupción en la cabeza, se desvinculaban de la matriz para dar esa oportunidad al partido naranja. Ayer este voto volvió a su ser y Albert fue abatido en pleno vuelo, vuelo que nunca volverá a remontar y este cuento se acabó.

 

Solo queda esperar que Sánchez abandone la presidencia del partido socialista. ¿Quién abandonará antes? ¿Sánchez? ¿Del Bosque? ¡Hagan sus apuestas! Yo apuesto triple a uno a que Sánchez será el primero en hacerlo.