Sánchez es el enemigo de España como lo fue Ceaucescu de Rumanía o Mussolini de Italia al igual que Hitler de Alemania, con la diferencia de que hubo un tiempo en que beneficiaron a sus respectivos países antes de hundirlos y perecer ejecutados por el hartazgo que alimentaron de un pueblo sobrepasado, o suicidados cuando las circunstancias obligaron al callejón sin salida de la auto extinción. 
 
Sánchez, el sátrapa inútil y tramposo de familia también corrupta, es enemigo de cada ciudadano español que procura ganarse la vida honradamente, como lo fue Gadafi de los que lo asesinaron o Sadam Hussein antes de ser ahorcado para liberar a Irak de su tiranía personalizada. Pero a diferencia de los extintos dictadores, Pedro Sánchez es pernicioso sin brindar, siquiera temporalmente, ningún beneficio de su artera fullería rodeado de carroña y miserables vagos que se han adueñado de los recursos públicos para pagarse un circo insaciable de parásitos y alimañas. Seguramente sea el miserable más genocida que otros cuyos cuerpos fueron arrastrados a la cárcel y sus  almas, despues de muertos, nutren el fuego del averno. Seguramente fue el asesino protocolario de nuestros padres, y de decenas de miles de inocentes, con la excusa de emergencia sanitaria y ahí sigue el ruin desalmado mirándose en los espejos monclovitas mientras la gente lo aborrece cuando sale del cubil en que convierte la presidencia. 
 
Sánchez es enemigo de España, de su economía, de la vida natalicia y de la generación anciana, también de los jóvenes y la infancia. Es enemigo soterrado de la honradez, como los medios de comunicación que ocultan innúmeros trapos sucios, comprados rastreramente con el sudor, la sangre y las lágrimas de millones de familias cada vez más arruinadas. Enemigo de la decencia, de la moralidad, del bien como valor ejemplar para santificar la maldad y el detritus de lo miserable encarnado por sus cómplices de estafa estatal. Enemigo del día a día que transcurrió con relativa normalidad durante cuarenta años para convertir ahora lo aberrante en usual y aceptado. Enemigo de España, junto  a sus apestosos y dóciles sicarios de los ministerios, como lo fue Nerón de Roma antes de que un sirviente empujase la daga contra el cuello del cobarde, cuando escuchaba aterrorizado los gritos de un pueblo incontrolado, harto de destrucción e incendios provocados. 
 
Pedro Sánchez y la chusma comprada con el sacrificio de millones de ciudadanos asfixiados por impuestos y condenados a un encarecimiento criminal del precio de la vida, son los enemigos universales que la Historia los muestra como apestados cuando confiados no escuchan el harto alarido del país que se desgobierna con impune cariz delictivo. Enemigo, aun peor, como lo fue Napoleón y los Mamelucos durante la invasión desde el extranjero. Entonces el enemigo era menos ridículo y más digno que este traidor cero a la izquierda de la Historia de España.