Recuerdo una canción que hace ya muchos años cantaba Luis pastor: Vengan a ver, vengan a ver, vengan a ver lo que no quieren ver. Lo que no se quería ver entonces eran los suburbios, los barrios de chabolas que rodeaban al Madrid del desarrollismo franquista. Hoy sigue habiendo muchas cosas que no se quieren ver. Seguramente lo más grave que no se quiere ver es la imposibilidad de mantener la civilización desarrollista en que estamos metidos. Y la más paradójico es que, cuando nos hablan de los problemas medioambientales de la humanidad, mucha gente piensa que la ciencia y la tecnología nos permitirán hacerles frente. Pero cuando son los mismos científicos los que nos avisan del precipicio al que nos estamos acercando, miran para otro lado y no les hacen ni puñetero caso.

Hace 25 años, en 1992, la asociación norteamericana Union of Concerned Scientists y más de 1500 científicos independientes, incluyendo la mayoría de los Premios Nobel en Ciencias que vivían entonces, escribieron “La Advertencia de los Científicos del Mundo a la Humanidad”. Estos profesionales preocupados, reclamaron a la humanidad que frenase la destrucción ambiental y avisaron de que “sería necesario un gran cambio en nuestra forma de cuidar la Tierra y la vida sobre ella, si quería evitarse una enorme miseria humana...”. En su manifiesto, mostraban que los seres humanos estaban en rumbo de colisión con el mundo natural. Expresaron preocupación acerca de daños actuales, inminentes y potenciales sobre el planeta Tierra… y proclamaron que cambios fundamentales eran urgentes y necesarios para evitar las consecuencias que nuestro actual rumbo podrían acarrearnos.

Hoy desde el mundo de la ciencia se vuelve a lanzar una señal de máxima alarma. Un manifiesto firmado por más de 15.000 científicos de todo el mundo afirma que: “La humanidad ha fracasado en hacer suficientes progresos para resolver esos retos ambientales previstos y, de manera muy alarmante, en la mayoría de ellos, estamos mucho peor que entonces. Especialmente preocupante es la trayectoria actual del catastrófico cambio climático de origen humano debido a las crecientes emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de la quema de combustibles fósiles, la deforestación y la producción agrícola - principalmente por la ganadería de rumiantes y el consumo de carne”.

El manifiesto sigue advirtiéndonos: “Es también el momento de reexaminar y modificar nuestros comportamientos individuales, incluyendo nuestra propia reproducción (idealmente, al nivel de reemplazo, 2 hijos por mujer, como máximo) y reducir drásticamente nuestro nivel de consumo per-cápita de combustibles fósiles, carne y otros recursos.

Para prevenir pérdidas catastróficas de biodiversidad y un deterioro generalizado de las condiciones de vida humana, la humanidad debe poner en práctica una forma de vida más sostenible ambientalmente que la actual. Esta receta ya fue bien articulada hace 25 años por los científicos del mundo, pero en la mayoría de los temas, no hemos escuchado su llamada de atención.

Pronto será demasiado tarde para cambiar el rumbo de la actual trayectoria que nos lleva al fracaso y nos estamos quedando sin tiempo. Debemos reconocer, en nuestras vidas diarias y en nuestras instituciones de gobierno, que la Tierra con toda su vida es nuestro único hogar”.

¿Seremos capaces de tener esto en cuenta cuando una publicidad abrumadora nos empuja a meternos en la vorágine de las compras navideñas?