La historia se repite. La dimisión de Pablo Iglesias como vicepresidente del Gobierno para intentar disputar a Ayuso la presidencia de la Comunidad de Madrid no puede leerse únicamente en clave de política autonómica madrileña ni solo como el intento desesperado del hombre de la coleta por salvar a su partido de la extinción en Madrid y en media España. Hay mucho más, desde luego.

La dimisión de Pablo Iglesias es, como se está señalando diversos sectores, la constatación del fracaso personal y político de Pablo Iglesias y de Podemos como fuerza política en el Congreso y, lo que es más importante, desde el Gobierno. Pablo Iglesias es un comunista y chavista que ha intentado introducir el comunismo en la política económica del Gobierno, dado que, en teoría, la pandemia y la catástrofe económica le daban una oportunidad de oro para ello. Pero a pesar de que la gestión económica del Gobierno está siendo nefasta, como señalan todos los indicadores económicos, Podemos no ha podido imponer su autoridad a los marcos y los límites que la Unión Europea marca al Gobierno.

Esto lo ha reconocido el mismo Pablo Iglesias y de ahí sus cada vez mayores enfrentamientos contra su propio presidente Sánchez, respecto a toda una serie de leyes económicas y medidas, como la ley de la Vivienda, sus fracasos para derogar la Reforma laboral del Gobierno de Rajoy, su fracaso al proponer nacionalizaciones de empresas grandes y medianas, su fracaso en sus intentos de proponer una banca pública, el fracaso en convencer a Sánchez para reconstruir un sector público industrial de importancia, el fracaso de las medidas que proponía contra la banca y un largo etcétera. Iglesias era un vicepresidente sin poder y a falta de poder intentó ejercer una especie de vicepresidencia económica contra Calviño pero el fiasco ha sido total.

En cierto modo es una situación parecida a la dimisión en su momento del ministro griego Varufakis, el personaje que, hace unos años, iba a humillar a la Unión Europea e iba a conducir a Grecia a un comunismo 3.0. Iglesias ha sido en cierta medida el Varufakis español, como le llamaba la prensa europea. Un Varufakis con menos presencia física y desde luego, con mucha menos preparación académica, pero un Varufakis, al fin y al cabo.

Igual que Varufakis tuvo que dimitir finalmente por las presiones europeas, que no querían a un comunista que iba a ejercer de comunista dirigiendo la economía de Grecia, ya hace tiempo que muchos medios advertían de que la UE presionaba fuertemente a Sánchez para que alejara a Iglesias de la economía y de los millonarios fondos europeos del rescate a la economía española. En Grecia, Tsipras y Syriza entraron entonces en la ortodoxia merkeliana y lo mismo va a pasar ahora con Podemos.

Aunque se haya vendido y en parte haya sido verdad que el Coletas intenta sobre todo salvar a su partido de la desaparición, la realidad es que Iglesias ha sido cesado desde Europa, de forma apenas encubierta. Se ha ido 5 minutos antes de que Sánchez le echara. Aunque Podemos siga en el poder de momento, la nueva vicepresidenta es Yolanda Díaz, cuyo perfil económico es mucho más socialista que podemita, y está alejado del comunismo chavista de Pablo Iglesias. Ahora Sánchez tiene vía libre para aplicar los grandes recortes que Europa le está pidiendo, tal como hizo Zapatero en su momento. Aunque las medidas económicas de Calviño hayan sido nefastas subiendo impuestos y se haya evitado hasta ahora mismo ayudar a PYMES y autónomos, como se ha hecho en Europa, esto aún está alejado del comunismo que querían implantar Pablo Iglesias, Montero y Echenique. Y ahora llega la época del inevitable ajuste antes de que la economía española se hunda en la temida crisis de deuda, que ya los expertos consideran inevitable para el próximo invierno y que nos llevará al escenario de 2008.

Es una buena, incluso una gran noticia, que este pro etarra y amigo de Puigdemont se vaya del Gobierno, además esto facilita que con la autodestrucción de Podemos algunas medidas que pueden ser ampliamente compartidas como la reindustrialización de España o la reconstrucción de un sector bancario público, puedan ser planteadas ahora desde el mundo de las fuerzas políticas patriotas. Al fin y al cabo como el mismo Varufakis expresó hace unos meses “Pablo Iglesias y Podemos se han sometido al poder y se han convertido en irrelevantes. Son un fracaso total.”