El otro día, escuchamos, de forma pomposa y grandilocuente, al presidente del gobierno socialista-comunista, aludir a que el hecho de vacunarse constituye un acto patriótico y, en consecuencia, quien no permita ser inoculado dejará de tener tal consideración.

Semejante aseveración, además de malvada y maliciosa, constituye una falacia que solo sirve, nuevamente, para discriminar y poner en el punto de mira a un sector de la población que no acepta, de acuerdo con su conciencia, las decisiones arbitrarias de un gobierno miserable que solo sirve a los siniestros dictados del globalismo y que no ha dejado de mentir desde el minuto uno de esta maldita pandemia.

Partamos de la base de que, de acuerdo con lo que señalan las farmacéuticas fabricantes de cada una de las vacunas, estas no solo no evitan ser contagiados, sino que tampoco impiden que el vacunado pueda contagiar a su entorno y que la inoculación de estos fármacos lo único que hacen es paliar, en parte, los efectos que puede sufrir quien resulte contagiado.

En consecuencia, si para lo único que sirven es para que aquel que se la inocule y padezca la enfermedad pueda sobrellevarla de forma más leve, se trata de una decisión personal que nada tiene que ver ni con la salud pública y mucho menos con ese patriotismo del que habla este señor.

Patriotismo es otra cosa que nada tiene que ver con el hecho de engordar los bolsillos del globalismo internacional, que es quien está detrás de todas estas siniestras maniobras conducentes a nuestra destrucción como sociedad libre, convirtiéndonos en esclavos de un nuevo orden mundial en el que unos oscuros individuos, reunidos en Davos o dónde sea, determinan lo que tenemos que comer, como nos tenemos que vestir, cuando podemos encender la calefacción o el aire acondicionado, en que medios tenemos que viajar y cuantas vacunas nos tenemos que inocular cada año para protegernos de unos virus salidos de laboratorios criminales financiados, precisamente, por ese globalismo.

Tras inocularnos de forma intencionada y maliciosa un terror ciego, bien alimentado por la prensa servil y por un sector de la ciencia oficial debidamente remunerado, ahora, en el colmo de la desfachatez de un tipo perverso y mentiroso, se nos dice que aquel que se niegue, en el ejercicio de su libertad, no es un patriota.

A este personaje hay que recordarle que un patriota es aquel que ama su Patria, que no “matria” como dijo aquella idiota integral; que la ama por encima de todo, salvo de Dios, y que está dispuesto a entregar, si preciso fuese, su vida por ella.

Un patriota es aquel que defiende los valores sacrosantos de la Patria, su Unidad, su Grandeza y su Libertad y no aquel que comercia con los que quieren destruirla a cambio de sus votos para mantenerse en el machito de la poltrona.

Un patriota es aquel que honra, defiende y enaltece los símbolos sagrados de la Patria -Bandera, Escudo e Himno Nacional- y no aquel que promueve normas para que se despenalicen los supuestos en los que se los agravia y ofende

Un patriota es aquel que lucha contra los enemigos de la Patria, igual sean interiores o exteriores, y que no llega a acuerdos con la lacra criminal terrorista y filoterrorista que tantas vidas de buenos españoles, fieles servidores de la Patria, se llevó por delante o con los delincuentes golpistas que quieren aniquilarla.

Un patriota es aquel que ama y respeta la sagrada Historia de su Patria y no alguien que pretende reescribirla con el único fin de fomentar el odio y el revanchismo y, de paso, eliminar todo aquello que evoque sus instantes de mayor esplendor y, encima, lo hace en beneficio propio.

Un patriota es aquel que trabaja sin descanso por su Patria y sus gentes, superando banderías de partidos e ideologías sectarias y caducas, buscando el bien general y no solo el de enriquecerse a cuenta del erario y del sacrificio de todo un pueblo.

Un patriota, sobre todo al que le corresponde la gran responsabilidad de gobernar, es aquel que solo mira por el bien común, por el engrandecimiento de su Patria, alguien que jamás miente ante su pueblo y que, si lo hace, aunque sea simplemente en la creencia de que está haciendo lo mejor, al día siguiente de ser descubierto en la mentira, se va para su casa con la cabeza bien alta.

Un Patriota es quien no pacta, bajo pretexto alguno, con los enemigos viscerales de su Patria que solo buscan su destrucción y el enriquecimiento personal a base de mentir y engañar al pueblo.

Patriota no es quien promulga leyes sectarias y liberticidas a sabiendas de que perjudican a la mayoría de su pueblo, por el simple hecho de perpetuarse en el poder.

El Patriota, y sobre todo el que gobierna, tiene el sagrado deber de dar ejemplo en todo, de mantener el tipo en toda circunstancia por muy adversa que sea y de estar donde su pueblo lo necesita en cada momento, aunque tenga que sacrificar sus vacaciones y demás lindezas.

Patriota, y de manera especial el que dirige los destinos de su Patria, es alguien que asume todas las responsabilidades ya que, los errores se comenten por acción u omisión y de ellos solo es responsable el que manda. Patriota no es aquel que, para escurrir el bulto, pone a personajes de paja para que den la cara por él y asuman sus errores con tal de que nunca le salpiquen. Ese lo que es, es un cobarde.

Es vergonzoso que un tipo que ha mentido una y mil veces sin recato; que ha pactado con lo más vil y canalla que pisa España, aun a costa de que la destruyan; que solo busca su lucro personal y alimentar su vanidoso ego; que elude todo tipo de responsabilidades y recurre a los fieles perros que le rodean para que den la cara por él, tenga el atrevimiento y la osadía de sacar pecho dando lecciones de patriotismo.

Si realmente tan siniestro personaje tuviese un atisbo de patriotismo, hace mucho tiempo que se habría ido para su casa, dejándonos a los españoles tranquilos ya que es la peor pandemia, el peor cáncer que padece España y espero que algún día la Historia, la de verdad, no esa que pretende reescribir, lo juzgue y lo coloque en el sitio que le corresponde al lado de los personajes más viles que ha dado nuestra Patria.

Por cierto, en otro orden de cosas, ese señor que se viste entero de blanco y tiene acento argentino, flaco favor le está haciendo a lo que representa. Léase usted la Historia y verá que, para Vd., venir a España no solo es un deber, sino una obligación moral, aunque solo sea por los grandes sacrificios que, a lo largo de nuestra Historia, hemos hecho los españoles para defender lo que usted dice representar. Pero de este personaje, ya hablaremos en otra ocasión.