Aunque es cierto que en el amplio mundo de los bufones que fueron, los hay mayores y menores según la importancia que tuvieron en las diferentes cortes donde ejercieron. Todos ellos fueron merecedores de ser retratados por pintores y tener un sitio en la historia, bien es cierto que como lo que eran, personajillos siniestros, monstruos devenidos en espantajos, divertimentos para sus amos y señores, a los que sirvieron con mayor o menor dedicación.  Siendo esto así.

Entre los bufones menores de hoy, sin duda que está Joaquinín Prat, cuyo bagaje, aparte de ser “hijo de”, es ser comentarista del submundo rosa, y siempre a rebujo de la mujer madura, a cuyo amparo ha crecido, haciéndose el hombrecito con el desparpajo que hoy se nos muestra como diciéndonos, ¡aquí esto yo y con pelo postizo!

Resulta que Joaquinín Prat está muy enfadado con que se defienda a Franco, no lo puede comprender y en la medida que puede, ni lo admite; mientras tira contra la Iglesia, católica, por supuesto. Pero resulta que lo suyo no es tanto por medrar y seguir lo que se lleva, sino que viene de familia, según Joaquinín nos descubrió cuando más arreciaba la polémica sobre la decisión de profanar la sepultura del Caudillo. Finalmente, consumada gracias a Francisco, el hombre que ejerce de Papa por imposibilidad manifiesta del pontífice Benedicto XVI, y las Fuerzas Armadas de España, en primer tiempo de saludo antes, durante y después de la ejecución ignominiosa.   

Así, entonces, descubierto que el papá de Joaquinín era más rojo que la sangre. Me pregunto si Joaquinín, hoy tan crecido y ya con pelo postizo, terminará desvelándonos que la estúpida frase de su padre, “¡A jugar!”, en realidad era un mensaje cifrado a la resistencia antifranquista para iniciar un levantamiento contra Franco. Que puede que lo fuera, que cosas más extrañas hemos y estamos escuchando sobre Franco y su tiempo.

¡Jodios mentecatos!