Resulta tan descarada, impositora y vesánica la tiranía LGTB, que ya produce una honda repugnancia. Al informar todo el aparato del Estado con su ideología cerril, el gobierno social-comunista pretende endiosar en el altar de la omnímoda superioridad política una creencia peligrosa y desarraigada como la LGTB que fue cocinada hace 60 años en los albañales de la ingeniería social más alambicada y que hoy copa todos los resortes del poder educativo y social.

En la sociedad norteamericana de los años 50 del pasado siglo, el informe “Kinsey” y las Fundaciones Ford y Rockefeller dieron carta de naturaleza a los estudios de “de género” con que se puso en la picota a la ciencia biológica natural y reproductiva que marca dos sexos en comunidad de armonía y concordancia: el masculino y el femenino. Pene y vulva. Hombre y mujer.

El lobby LGTB suele marcar el inicio de su “lucha por la conquista de los derechos de género e igualdad” en los acontecimientos sufridos en el bar “Stonewall” de Nueva York a principios de los años 60. Una supuesta represión policial contra homosexuales habría dado pie a una lucha social y política que les habría llevado a conquistar “sus derechos”.

Se trata de una falacia impostada, publicitaria y maniquea. Pero les ha resultado eficaz. Casi todo el mundo, con la ayuda del aparato comunicador marxista cultural, se lo ha creído. La realidad es que los homosexuales no han sufrido persecución ni represión por el hecho de serlo en ninguna de las sociedades occidentales del siglo XX y el XXI. La expresión pública de comportamientos homosexuales fue tipificada y sancionada en muchos Estados durante décadas; por ejemplo, en la Unión Soviética cuyo código penal la castigaba hasta 1991, también en la Cuba castrista donde existían tres campos de concentración destinados a homosexuales para su “reeducación” inaugurados por el Che. Ni en la España franquista, ni en los EEUU de Eisenhower o Nixon, ni en otros lares occidentales, existió un aparato represor contra los homosexuales. La propaganda y la apología de esa tendencia sexual no estaba permitida en la mayoría de países de Occidente, pero los homosexuales no eran encarcelados ni perseguidos por su condición, ni internados en centros de tortura carcelarios como sí era habitual en la Cuba de Ernesto Che Guevara.

Fue el trabajo de un instituto de ingeniería social llamado “Tavistock”, y la influencia de las tesis filosóficas neo marxistas de Herbert Marcuse, cabeza de los miembros de la escuela de Frankfurt radicados en EEUU desde los años 30, los que fundaron en EEUU y, posteriormente trasladaron a Europa, la idea del género como “construcción social” y la necesidad del empoderamiento homosexual y lésbico tal y como sería teorizado por Simone de Beauvoir en Francia. El informe de Alfred Kinsey –“pionero” en el estudio de la “bisexualidad” en EEUU- teorizó sobre la necesidad del enfrentamiento de sexos, la deconstrucción de las tradicionales relaciones familia y la sumisión de la categoría sexual a la voluntad del individuo y no a la biología.

La siembra del “homosexualismo” en los trabajos teóricos y filosóficos de agentes neo marxistas sentó las bases de lo que actualmente supone la “normalidad LGTB” con que se adoctrina.

Desde los años 70, los grandes grupos de presión sobre ideología de género y la inestimable fortificación de sus fines en torno al “movimiento feminista” surtieron el efecto de producir la sensación de la existencia de un “lobby gay” poderoso y temerario en todo el mundo occidental. Así fue durante décadas donde clamaban contra una supuesta opresión sistémica “heteropatriarcal” que no existía, y donde defendían su acceso a “matrimonio y adopción de menores” que finalmente consiguieron, siendo la España de Zapatero el país pionero europeo en el reconocimiento de semejantes derechos contrarios a la significación de la institución matrimonial en la tradición cristiana y romana occidental.

Desde 2005, el lobby LGTB impulsado desde la federación española de gays y lesbianas presidida por Beatriz Gimeno -hoy elevada a “Directora general del instituto la mujer” por Irene Montero- se hizo tremendamente agresivo e incrustó sus fauces en el Estado de la mano de José Luis Rodriguez Zapatero.

La susodicha “activista” LGTB Beatriz Gimeno, urdía sus “ideas- fuerza” plasmadas en artículos y blogs como que “para lograr la igualdad real y efectiva, la mujer debe sodomizar al hombre”, o labrando la apología del lesbo-feminismo como “forma de liberación política de la mujer contra el heteropatriarcado opresor” .

Gobiernos autonómicos del PSOE y el PP –destacando el de Cristiana Cifuentes en Madrid y el de Nuñez Feijoo en Galicia-, regalaron al lobby LGTB las leyes de género y adoctrinadoras más letales y pulverizadoras contra la inocencia de los niños y contra el derecho de los padres a la educación moral de sus hijos de acuerdo con sus convicciones. Imposición de contenidos escolares obligatorios que pasan por la enseñanza de la sexualidad no como fruto de los cromosomas y la biología sino como resultado de la “convicción de sentirse niño o niña”; imposición de un impúdico adoctrinamiento sobre “nueve identidades de género” que bajo la guardia y custodia de organizaciones LGTB eclipsan la libertad de los padres y la inocencia de los niños. El poder LGTB ha llegado a trazar normas autonómicas donde se imponen sanciones administrativas contra responsables escolares, padres o periodistas que se opongan a la dictadura de género.

Y cómo, al parecer, el lobby LGTB no tiene suficiente, ha recibido como caramelito la entrega del servicio estatal de Correos para decorarlo, politizarlo e ideologizarlo. Juan Manuel Serrano Quintana, jefe de gabinete de la Comisión ejecutiva federal del PSOE, fue puesto al frente de la empresa estatal de Correos–la más numerosa en trabajadores- en 2018. A día 20 de marzo del presente año existían, en Correos, 257 positivos por coronavirus y 1200 trabajadores en cuarentena, así como una trabajadora fallecida. Los positivos serían muchos más, y Correos se convirtió en un erial de riesgos y enfermos donde el 16 de marzo salieron a trabajar sin guantes, mascarillas ni gel. Los trabajadores de Correos recibieron miles de mascarillas caducadas.

La actitud de vejación contra los derechos de los trabajadores de Correos, de ninguneo hacia sus demandas, ha contrastado con la rapidez y diligencia con que su presidente Juan Manuel Serrano, amiguísimo de Pedro Sánchez, ha ordenado pintarrajear de arcoíris furgonetas, buzones y desplegar miles de sellos con la enseña multicolor del “orgullo gay”.

Los fastos como motivo de la fiesta LGTB no podían quedar sin su alpiste pese a que los centenares de miles de españoles sujetos a ERTEs sin cobrar, los millones de nuevos parados y las colas en los bancos de alimentos, claman las ayudas que no reciben por parte de un Estado ideologizado y malversador que comete dispendios tan estúpidos como criminales.

Cómo cuándo el 8 M, el gobierno vuelve anteponer sus filias y obsesiones ideológicas rayanas en lo enfermizo y patológico, sobre la salud, la economía y el bienestar de los españoles. Como cuando el trágico 8 M, la agenda ideológica siniestra vuelve a caminar para succionar el dinero de los españoles. El Ministerio “jo tia” de Irene Montero puede estar satisfecho al haber logrado una vez más volcar el Estado para satisfacer sus oscuros propósitos de ideologización de lo público.

El dinero del multimillonario George Soros también está en la capa de las organizaciones LGTB de España y en su red de influencia.

El presidente húngaro Viktor Orban denunció al magnate por introducir en su país miles de dólares destinados a la “Alianza húngara LGTB” que ataca al concepto de familia de su gobierno. Sólo en 2014 Soros donó casi 40.000 dólares a este lobby para que promoviesen un discurso por los derechos de los LGTB y contra la “transfobia”. Para ello les instó a crear una página web, movilizaciones políticas, debates políticos y monitorizar todas las respuestas hasta lograr su objetivo tratando de cooptar instituciones estatales y empresas. No lo lograron, y la Fundación de Soros fue expulsada de Hungría. Donde sí ha logrado penetrar toda su influencia y politizar hasta la médula lo público con sus proyectos ideológicos ha sido en España y en el resto de Occidente.