Es curioso como siempre que se lleva a cabo el simulacro de la papeleta en la urna, independientemente del vómito nauseabundo que salga de allí, casi todos los partidos se sienten ganadores. Esta respuesta patológica y triunfalista es el lógico comportamiento de unos partidos farsantes que solo quieren seguir viviendo del cuento y del contribuyente. Vamos de usted y de mí. Borges definió muy bien este "timo de la estampita". No, mejor, de la papeleta. Lo definió como, "El abuso de la estadística" y realmente esta máxima únicamente creo superada por la definición del sentido del sufragio que quedó meridianamente explicada por José Antonio en el discurso fundación. Pero claro, estos dos son dos fascistas, yo también, y su dialéctica, nuestra dialéctica es rancia, aunque peligrosa. 

Toda esta pequeña y personal reflexión viene al hilo de estas pasadas elecciones andaluzas. En mi opinión, lo único destacablemente positivo es el batacazo que se ha llevado la izquierda en todas sus siglas. Pero que el partido que ha robado a los trabajadores más de 800 millones de euros, que se dice pronto, para repartírselos y gastar parte del botín en putas, drogas y mariscadas, tenga un solo voto, y han tenido los suficientes para convertirse con 30 escaños en segunda fuerza y autorizada oposición al gobierno, es como poco vergonzoso y además muy peligroso ¿Cómo puede haber un solo ciudadano andaluz que vote a esta panda de cuatreros? Pues lo hay y parece que no son pocos. 

Pero realmente, ¿Quién ha ganado este aquelarre? El PP. ¿La derecha? No. El PP, que no es derecha. Es algo indefinible e indefinido que cuando gobierna tanto a nivel nacional, como autonómico, respeta todas las barbaridades perpetradas por la izquierda: Ley de educación. LGTBI, Aborto, eutanasia, inmersión lingüística, etc. Son la demostración palpable de la contradicción en sí misma y la desvergüenza demostrada. Todo el partido está en estos momentos dando volteretas de alegría de Génova a San Telmo. Todo es bullicio pensando que este triunfo se puede extrapolar a los próximos resultados de las generales venideras. En todo caso, aunque estos peperos crean en la posibilidad cercana de gobernar a nivel nacional, el ciudadano tiene que asumir que estos son calcados a los socialistas que nos están destrozando el país. El mero hecho de echar a esta panda de sinvergüenzas del gobierno de España, es dar un pequeño respiro al caos. Nada más que eso. 

La desaparición de ciudadanos, no tiene ninguna importancia porque no existían ya desde mucho antes de esta convocatoria electoral. Eran y son un cadáver puesto de pie. El castañazo de Vox, estaba cantado desde el primer momento que plantearon una campaña a nivel nacional en vez de ajustarla a unas bases más localistas. Sin hablar de lanzar al ruedo a una Olona que iba de leona y parecía más una actriz de segunda categoría sobreactuada. Los que opinen que estos de Vox nos van a sacar del agujero, van listos. Estos cuando lleguen, si llegan, habrá pasado tanto tiempo que ya no encontraran nada, ni el agujero.

Ha ganado, Moreno Bonilla, que aparte de tener pinta de abrazar farolas, me recuerda a aquellos teleros que venían antiguamente a nuestras casas para que se les comprara en cómodos plazos ropa y utensilios necesarios en el hogar. Ha ganado además con mayoría absoluta y la pobre Ayuso se ha quedado de segundona en esta carrera triunfal que lidera un Feijóo hacia la Moncloa. Un Feijóo que tiene más peligro que una piraña en un bidet. 

Ha ganado la derecha descafeinada y falsa que continuará en Andalucía sin eliminar chiringuitos ni levantar alfombras. Son los de antes. Son los de siempre. Han ganado para otros cuatro años para seguir sin hacer nada, pero con un mensaje lleno de palabrería hueca. Estos han triunfado y Andalucía ha vuelto a perder como lleva haciéndolo desde hace más de cuarenta años. Estos falsos aires nuevos me recuerdan un poco a las enfermedades crónicas incurables sin arreglo total y definitivo. Sin esperanza y sin medicinas efectivas.