El tema de moda: la viruela del mono. Emerge una nueva enfermedad desconocida, o mejor dicho, que no se había dado en Europa hasta la fecha. Nuevamente, como ya sucedió con el VIH, se trata de un virus de origen africano, hospedado en el mono, que ha saltado al hombre. Se transmite por la saliva, secreciones y fluidos sexuales; los síntomas más visibles son erupciones cutáneas y fiebre, y en algunos casos es letal.

Hasta ahí los datos objetivos de dominio público divulgados por los medios de comunicación. Ahora bien, se saben más cosas de la viruela del mono. Cosas que, por lo visto, no se deben dar a conocer porque los políticos y los periodistas a su servicio así lo han decidido. Como en tantas ocasiones, los guardianes de la corrección política  consideran que es lícito hurtar información a la ciudadanía, mentir a la gente y tomarla por tonta. Aunque se trate de una cuestión de salud pública que, como es lógico, les afecta.

Los médicos saben, por ejemplo, que todos los casos conocidos afectan a homosexuales, que dichos casos cursan con erupciones en la cara y genitales, y que el foco de la infección en Madrid es una sauna gay llamada “El Paraíso”. Una sauna que se ha clausurado por razón sanitaria para prevenir más contagios. Es decir, que se trata de una enfermedad de transmisión sexual en todos los casos detectados y que afecta a hombres con una conducta sexual determinada. Pero esto ya no se puede decir y hay que ocultarlo, taparlo, desmentirlo, esconderlo como sea. Y así, esta semana hemos visto a las autoridades sanitarias abalanzarse sobre los micrófonos para mentir descaradamente, afirmando de forma categórica que ¡“no es una enfermedad de transmisión sexual”!

El miércoles 18, la ministra de Sanidad Carolina Darias afirmaba ante su lacaya de La Secta, Ana Pastor, lo siguiente: “Es un virus, por tanto no una enfermedad de transmisión sexual. Es lo primero que quiero desir (sic)”[1]. Así habla y razona ella.

Por su parte, el jueves 19, el viceconsejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Antonio Zapatero, insistía en una entrevista en Onda Cero en que la viruela del mono "no es una enfermedad de transmisión sexual ni afecta sólo a homosexuales"[2].

Una mentira flagrante, gigantesca, como un piano de grande, con las patas cortísimas y que se cae por su propio peso. Todos los casos confirmados hasta la fecha son homosexuales. Y ya sabemos que, posiblemente, –como ya sucedió con el VIH–, acabará contagiándose a heterosexuales por sujetos a quienes lo mismo les da pelo que pluma; o tal vez acabe mutando y transmitiéndose por el aire… Pero, ¿por qué deformar la realidad conocida en virtud de una probabilidad futura si se conoce el foco y la vía de transmisión? ¿Por qué mienten de forma descarada y completamente innecesaria los responsables de la Sanidad a nivel nacional y autonómico? Sí, ya sabemos que son políticos y mienten sin pestañear; que tienen la costumbre de mentir y saben por experiencia que hacerlo no tiene consecuencias para ellos. Para eso están sus medios de comunicación, para que la gente olvide pronto y se tape cada trola con la siguiente.

Pero la razón principal para mentir es evidente: Con unos políticos absolutamente rendidos a la “corrección política”, con el pretexto de evitar cualquier atisbo de “estigmatización” u “homofobia”, está prohibido asociar de ningún modo a los homosexuales con la enfermedad. Igual que sucedió y sucede con el VIH. Aunque la realidad sea la que es y negarla sólo conduzca a la propagación de la enfermedad. Como se sabe bien en el ámbito sanitario –no digamos ya entre los especialistas que atienden a estos enfermos–, el VIH en la actualidad está plenamente asociado a prácticas de riesgo y tiene una incidencia más que significativa entre los varones homosexuales; los tratamientos pre y post exposición son prácticamente monopolizados por ellos; y, una vez perdido el miedo a la enfermedad debido a los tratamientos disponibles –por supuesto con cargo al erario–, la reincidencia en comportamientos negligentes multiplica los contagios.

Lo cual, claro está, contrasta vivamente con la actitud mostrada a propósito de la reciente epidemia del virus COVID-19[3]. Entonces se impusieron restricciones a la movilidad, circulación y reunión de personas, y otras medidas de obligado cumplimiento. Lo que supuso, en definitiva, una pérdida de libertad, por supuesto en nombre de la seguridad de todos.

En cambio, cuando se trata del virus VIH[4] o, como sucede ahora con la viruela del mono, en aras de la “no discriminación”, en virtud de la sacrosanta “protección de datos” y a fin de “garantizar las libertades individuales”, lo que de facto se promueve es la propagación irresponsable e impune de la enfermedad, no vaya a ser que alguien la asocie con las prácticas sexuales de quien la porta.

¿Acaso no se obligó a declarar la situación de “vacunado” o “no vacunado” de COVID para viajar o acceder a determinados locales? ¿O es que ya no nos acordamos de que se despidió de su trabajo a empleados porque no acreditaron su vacunación?

Notables y llamativas contradicciones que ilustran el dispar tratamiento dado a las enfermedades en función de criterios políticos.

Hace tiempo que la tiranía políticamente correcta desterró la palabra “maricón” por ofensiva. Aunque si alguno se la graba en el cuerpo con un cuchillo[5] no sólo está permitido sino exento de crítica. Lo mismo pasa con los guardianes de la corrección política: mienten constantemente, pero no se les puede denunciar por falsarios.

Otro dato: Desde hace tiempo, potentes campañas de “corrección” en el lenguaje sanitario han ido modificando la realidad hasta el punto de hacerla ridícula e irreconocible. A propósito de la atención a pacientes hombres homosexuales, primero se sustituyó la referencia al “sexo entre hombres” por el de “prácticas de personas homosexuales”. Por lo visto, para no ofender a los hombres que se sienten mujeres. Pero, al parecer, ahora se pretende dar un paso más, dentro de la doctrina “queer” del sexo fluido, para imponer una nueva fórmula mucho más “inclusiva”, a saber: “relaciones sexuales de una persona que tiene pene con otra persona que tiene pene”. Nos imaginamos lo que puede ser para un médico escribir sus informes atendiendo a los criterios cambiantes de la corrección política. El enfermo ya no es enfermo, ni tan siquiera paciente; es persona; y no podrá consignarse el sexo porque éste depende de la autopercepción y un atajo de dementes ha decidido decretar que lo “binario” ha quedado obsoleto.

Es el camino de la mentira institucionalizada. Aparentemente absurdo, pero con un fin evidente: someter a todo el mundo, imponiendo un pensamiento único. Otra pata de esa Agenda 2030 que nadie ha votado y se nos ha impuesto desde arriba como algo irrevocable.

Exponer esta realidad hoy sí es peligroso, censurable y me temo que pronto conllevará pena de cárcel. Pero alguien tiene que denunciar lo que sucede, aunque sea bajo seudónimo.

 

[1] https://www.lasexta.com/programas/el-objetivo/aclaracion-carolina-darias-viruela-mono-virus-enfermedad-transmision-sexual_2022051862855e48cd152400010074d1.html

 

[2] https://www.ondacero.es/programas/mas-de-uno/audios-podcast/entrevistas/antonio-zapatero-viruela-mono-enfermedad_202205196285f0e603698300017e5e2c.html

[3] Causante de 6 millones de víctimas mortales en total hasta la fecha.

[4] Responsable de la muerte de 40 millones de personas por SIDA (Síndrome de inmunodeficiencia adquirida por el VIH). En todo el mundo, contabilizados desde los años 80.

[5] https://www.diariosur.es/sociedad/descartan-agresores-homofobos-20210908122516-ntrc.html