Andan las izquierdas mustias por los resultados de Madrid, mientras las derechas bailan en los balcones y plazas.

Las izquierdas presentaron a un Iglesias herido de odio y a un Gabilondo balbuceante (con ese aspecto de señor que lo que quiere es estirar las piernas), con el añadido inútil del errejonismo de colores. Las derechas presentaron a la que, por lo visto, se va a convertir en la nueva musa del liberalismo y se ganaron a todos canalizando el hartazgo por la ruina del pequeño negocio y el covidianismo orwelliano.

Si en esta polaridad va a acabar atrapada nuestra pobre España, vamos arreglados. La realidad que subyace a todo ello es que, mientras la partitocracia se va pasando la patata caliente de las sucesivas crisis morales y económicas, como en un ping pong demoníaco, la población queda a merced de poderes financieros sin control y un sistema laboral degradante e inhumano.

¿Hay alternativa a la izquierda boba y la derecha ramplona? El falangismo, desde siempre, ha mirado a las condiciones de vida del trabajador, a la posibilidad de integrar, en una vida comunitaria, la dignidad y libertad de la persona, más allá del materialismo que representan ambos polos (tan materialistas resultan los herederos de Marx como los de Adam Smith: unos y otros desatienden el destino trascendente de la persona y la verdadera vocación de su libertad: amar, servir, crear).

Mientras la gente anda entretenida festejando o lamentando el Ocaso de Galapagar, Caixabank, después de presentar unos beneficios de 4.768 millones de euros (gracias a que el Gobierno le regaló la nacionalizada Bankia) lo primero que hace es echar a la calle a más de 8.000 trabajadores en el ERE más repugnante de la historia reciente. El BBVA, por su parte, despide a más de 3.000 trabajadores.

Yo recomendaría al lector, al menos, dos cosas:

- la lectura del magnífico volumen “Manifiesto Sindicalista (Propuesta para una economía alternativa viable al capitalismo del siglo XXI: el Nacionalsindicalismo) firmado por Jorge Garrido San Román. Es una obra breve y clara, donde, entre otras cosas, se nos recuerda que la Iglesia ha venido condenando la usura, esto es, el préstamo a interés, desde el II Concilio de Letrán, en 1139. Sí, amigos, el préstamo a interés es pecado.

- considerar lo fácil que sería PROHIBIR los préstamos a un interés superior al IPC y NACIONALIZAR los beneficios de la Banca cuando estos superen el mismo índice respecto a su volumen de negocio. Con esto acabamos con el poder de los usureros, que actualmente reciben el nombre de banqueros y que succionan las riquezas del país para, entre otras cosas, comprar medios de comunicación infectos y partidos políticos sumisos.

Los enemigos de la nación pisan moqueta. Moquetas muy caras, muy cómodas, muy rentables.