Divide et impera. Divide y domina. Este principio político y geopolítico es tan conocido que ha llegado a ser un lugar común; no por ello, sin embargo, menos válido y aplicado. Se trata, como sabemos, de mantener un equilibrio de poder que asegure la propia hegemonía, haciendo palanca sobre las divisiones y rivalidades entre quienes, si lograran aliarse y formar un frente común, serían capaces de desafiar esa hegemonía.

Aunque sin duda aplicado anteriormente y en otros lugares, fue formulado de esta manera por los antiguos romanos, tras el fin de las guerras latinas en el siglo IV a.C. La Liga Latina, derrotada por Roma, dejó de existir como tal y se transformó en un grupo de ciudades con diferentes niveles de estatus y privilegios, gobernado desde la Urbe; esto aseguró el dominio romano sobre la región del Lacio, poniendo las bases para el control de Italia entera y posteriormente para la expansión que llevaría al Imperio.

Esta brevísima nota histórica es pertinente cuando nos preguntamos qué hacen los soldados y medios bélicos europeos, entre ellos naturalmente los españoles, en el conflicto actual entre Rusia y Ucrania; aunque sean pocos los efectivos y casi con certeza no vayan a participar en ninguna guerra, por mucho que la ridícula propaganda occidental insista sobre una fantasiosa “invasión rusa de Ucrania”.

Una propaganda que, aprovecho para observar, no es la expresión de una libertad periodística de investigación y opinión, que surge de una pluralidad real de medios. Muy al contrario, lo que expresa es una pluralidad de denominaciones para la gran agencia de noticias del globalismo occidental; escondiendo, bajo la apariencia de una gran variedad de voces, las muy pocas manos que la controlan.

El tratamiento de las cuestiones geopolíticas que nos ofrecen los medios no es necesariamente falso, pero hay que saber que reflejan las posiciones y el punto de vista de quienes los manejan. Un poco como sucede, por ejemplo, con la agencia de noticias oficial rusa Tass. Sin embargo, esta última no engaña a nadie en cuanto a su naturaleza, mientras la gran agencia de noticias del globalismo occidental, americano-céntrico y en definitiva antieuropeo, trata a sus lectores con mucho menos respeto, por no decir insultándolos, cuando presenta como mil voces libres lo que es una única voz con mil máscaras.

El gran montaje publicitario que hay detrás de los tambores de guerra entre Rusia y Ucrania es un divide et impera realizado a la escala geopolítica de Europa entera. Y es que nada tiene que ganar Europa de una confrontación con Rusia ni de la expansión de la OTAN hacia el Este. Al contrario significa hacerle el juego a esa gran potencia, cuyo interés es que Europa esté dividida y, sobre todo, en malas relaciones con Rusia.

La OTAN no fue nunca una organización puramente defensiva sino, en primer lugar, una expresión del control militar sobre Europa por parte de Estados Unidos. Esto se vio con perfecta claridad cuando se disolvió el Pacto de Varsovia. Expresión militar del dominio político soviético impuesto sobre Europa oriental, la organización cayó junto con el sistema soviético. En buena lógica la OTAN habría tenido que ser disuelta también, si realmente se hubiera tratado de una organización defensiva; pero como su verdadero significado es expresar un dominio norteamericano sobre Europa siguió existiendo. Y como sabemos, en seguida arrojó su careta defensiva para revelarse como lo que era: intervenciones contra Serbia a lo largo de los años 90, culminando con la agresión de 1999 para forzar la secesión del Kosovo, invasión de Afganistán, agresión contra Libia para derrocar a Gadafi, finalmente la amagada pero frustrada (por intervención rusa) agresión contra Siria.

Ahora la OTAN, expandiéndose hacia el este y tensando la cuerda contra Rusia está realizando una pura política de divide et impera contra los europeos; impidiendo que Europa se libere de la tutela política y militar americana, también a través de esa Unión Europea que es otra sucursal del globalismo y totalmente sometida, salvo ocasionales fricciones en lo secundario, a los intereses americanos.

No se trata de simple propaganda y alarmas infundadas: la posibilidad de un conflicto es real. Naturalmente no la estupidez de que Rusia vaya a “invadir” Ucrania para conquistarla militarmente; pero sí es posible un escenario en que Ucrania intente recuperar el control de las dos provincias rebeldes de Donetsk y Lugansk, actualmente en estado de secesión, no oficial pero sí de hecho y apoyadas por Rusia.

En este caso muy posiblemente Moscú intervendría; el despliegue militar ruso en la frontera muy bien podría ser una respuesta preventiva, una advertencia, a preparaciones militares de Ucrania para invadir estas dos provincias que, naturalmente, la agencia de noticias occidental pasa bajo silencio.

La cuestión está viciada desde el principio porque, para empezar, esas fronteras son las que son porque, en la época soviética, nadie pensaba que tuvieran importancia. Me parece claro que, si el globalismo occidental intenta forzar la mano y ahondar en esta fractura, Rusia no permitirá que las poblaciones de estas dos regiones rusas sufran el destino de los serbios del Kosovo, de la Krajina o de Bosnia.

Rusia no pudo hacer nada por los serbios, durante las guerras de Yugoslavia, tanto por la distancia como por su extraordinaria debilidad política, económica y militar. Pero hoy las cosas son muy distintas y la OTAN en sus mismas puertas es algo que no va a ignorar; como no permitió que el territorio ruso de Crimea se perdiera y tampoco la invasión por parte de Georgia de la pequeña provincia de Osetia del sur, otra pequeña provocación de la OTAN en su puerta de casa.

Las diferencias entre Rusia y Ucrania son algo que se debe resolver sin la supervisión y el control de la Alianza Atlántica, porque ésta es una organización anti-europea cuyo interés es mantener una Europa débil, dividida y al servicio de los intereses norteamericanos. De hecho el conflicto entre las dos naciones eslavas (que históricamente son una sola en realidad) ha sido, si no fabricado, exacerbado gravemente por la presión que la OTAN está ejerciendo sobre Rusia.

Nada salimos ganando, ni españoles ni europeos en general, de esa presión ni de que nuestros soldados sirvan como mercenarios de intereses que no son los nuestros. Harto mejor estarían defendiendo nuestras fronteras del sur de nuestro vecino hostil y de la invasión migratoria.

Pero mientras los traidores sigan dando las órdenes, todo el espíritu de servicio y el sentido del deber militar, que aún quiero pensar existen, no servirán más que para defender intereses que no son los nuestros.