Sanchismo es la suma de las siniestras complicidades que gregariamente arruinan España; putas de los medios de comunicación comprados, inclusive. A no ser que se viva del cuento, de la sopaboba arribista de la siniestra, de los chanchullos de las furcias y las cocas o de las ayudas por no dar palo al agua con carné socialista, podemita o independentista. Esos paniaguados se compran la moral a precio de saldo, tal cual se vende el alma al Diablo. Son muchos los seguidores, futuros votantes sanchistas que se arrastran en la bajeza por comodidad. No importan las evidencias delictivas de las que son cómplices si les caen, como a perros sumisos, las migas que dan los amos. En la Andalucía de campaña electoral las consignas del PSOE de la corrupción son ladridos que complacen a iguales meneando las colas. Canes con olor a azufre, cancerberos que se enfurecen cuando temen que les quiten el hueso que roen con las corruptelas, prestos al aplauso y a la "alerta antifascista". Miserables como los sinvergüenzas que los lideran. 

 
Aunque muchos lo sabíamos después del asesinato de nuestros padres, el tiempo ha demostrado que los deleznable seres de carroña al frente del desgobierno que arrasa España, se comportan con soberbia criminal porque son delincuentes sin escrúpulos que basan sus exigencias políticas en una absoluta falta de moral y de vergüenza. En mayor o menor medida todos los componentes de esta panda de vividores son sospechosos de múltiples delitos que pasan, seguramente con frecuente concomitancia en la vanidad de estos muertos de hambre que con engaños pillaron cacho en el ejercicio del poder, por el despotismo, el latrocinio, la prevaricación institucional, la alta traición, como la segura del depredador de La Moncloa, hasta el genocidio protocolario-por inutilidad y por el aberrante concepto de la politización del dolor-que se sospecha fue orquestado a propósito, con esa chulería sin remordimientos que caracteriza a los hijos de Satanás que padecemos los ciudadanos de bien. El resto son correligionarios del averno. Tal cual, sin conciencia que valga, ni pretexto cuando tengan que rendir cuentas a las puertas de la muerte.  Es Justicia divina que algún día se finiquitan las correrías del demonio mortal sobre el efímero escenario terreno. No es extraño pues, que quienes se comportan como delincuentes porque son delincuentes defiendan los hechos delictivos, el desorden social, la cizaña contra la normalización de la convivencia y empaticen con los asesinos antes que con las víctimas; que arruinen la esforzada vida de los españoles que no chupan teta de los chiringuitos mientras se enriquecen, siendo parásitos de baja ralea adueñados para sí de los viáticos que niegan al trabajador e íntegro ciudadano, por millones, al que saquean sin freno. No esconden sus bajezas más evidentes sino que las muestran con orgullo, presumiendo del ventajismo criminal que tantos sucios beneficios les proporcionan. 
 
Esta miserable canalla que conforma el sanchismo encuentra en el engaño permanente y la hostilidad la fórmula mágica para engañar a cuantos no tienen excusa para seguir apoyando la mendacidad, la ignominia, la deshonra, la indecencia, la vergüenza, la maldad holísticamente satánica que representa sin subterfugios la pandilla siniestra de responsables políticos, la psicopatía colectiva que caracteriza a todo lo que aglutina el sanchismo despues de cuatro años en que solo pueden hocicar con gusto y náuseas los puercos afines. 
 
A ver quién tiene la desvergüenza de votar podemismo o socialismo en la Andalucía ultrajada por el puño y la rosa; quién apoya todavía el desgobierno de delincuentes que se hunde por tanta basura acumulada... a estas alturas, no hay excusa. Queden vilmente retratados aquí y en el limbo cuando tengan que roer como ratas sus complacencias con la iniquidad.