Unamuno reunió una serie de artículos en dos libros, a los que tituló España y los españoles. Algo debía saber el viejo profesor cuando acertaba a indicar que la cualidad, el aire que especifica el alma de un español, haciendo que podamos distinguirla de otra alma no española, es la españolidad. Y esta solo puede venir del linaje o raza, que es la raya o línea que va de padres a hijos, como concepto fisiológico. Por tanto, no vale cualquiera que diga ser español por un documento de identidad, sino hay que sentirse español.

Pero tenemos que hay muchos que anidan en la geografía hispana que no se sienten españoles, que son otra cosa, poco más o menos que extraños y que ese lugar común que es la españolidad es algo totalmente ajeno por extranjero. A Unamuno ya la disgustaba la ingratitud con que Cataluña juzgaba a España, negando a esta, cuando el renacimiento catalán ha sido obra no sólo de los catalanes, sino de España entera.

Parece ser que nadie sabe ser español hoy día, o al menos una parte.  Los gallegos quieren ser solo gallegos, los vascos solo vascos, los catalanes solo catalanes, los valencianos y mallorquines no saben ni lo que quieren, desconociendo todos ellos que solo cabe la integración sobre estructuras y elementos diferenciados. Esto es, la diferencia no es lo que no debería separar sino unir, como una argamasa de arena y cemento que endurece la unión y con ella encontrar un lugar común en el que el único interés es la comunidad nacional española.

Lamentablemente, llevamos siglos olvidando nuestra Historia (ejemplo de ello el interés del PSOE de aniquilarla) y con ello, el lamentable destino de volver a repetir pasajes que nunca debieron suceder. Pero en los últimos cuarenta años algunos que se dicen españoles están tratando de que España y su españolidad sea destruida, primero con la ruptura y quiebra del linaje impidiendo el nacimiento de niños (mientras se permiten los nacimientos extranjeros); rompiendo la geografía española en una miríada de espejos con distintos dueños; desarticulado el uso exclusivo del español en la administración de todo el territorio nacional, de manera general y total, sea central o local, eliminada -evidentemente- la autonómica; eliminado el servicio militar obligatorio como cohesión de todas las almas jóvenes; dividida la educación en tantos intereses particulares como intereses políticos chicos, menores y medianos existen. 

Así, cuando conocemos lo sucedido con Marruecos y Argelia uno llega a comprender que los mal llamados dirigentes de nuestra política, no lo es de la nuestra sino de terceros foráneos, o la de sí mismos en intereses netamente particulares. Si uno acude a la Estrategia de Seguridad Nacional 2021, aprobada por el Real Decreto 1150/21, de 28 de diciembre, leemos en lo relativo al capítulo Magreb y Oriente Próximo, lo siguiente: La relación de España con Marruecos y Argelia es de buena amistad, desde la premisa de la cooperación leal y el respeto a las fronteras mutuas. La colaboración con estos países en aspectos relacionados con la seguridad, como los tráficos ilegales o el terrorismo, complementa unas sólidas relaciones basadas en el diálogo político, las relaciones comerciales y los vínculos energéticos.  O los que estudian estos temas estratégicos hicieron un copia y pega, o no sabían de lo que trataban, o lo que se deduce es que el Ejército y el Ministerio de Asuntos Exteriores españoles van por un lado y el Presidente del Gobierno por otro totalmente distinto, o no sabe lo que ha de hacerse por la distopía que representa la política española actual.

Estados Unidos ha apostado hace años a favor de Marruecos como freno de Rusia a través de Argelia; ha proporcionado armamento moderno a Marruecos, anda por ahí para instalar una base en su territorio, porque a través de Marruecos -junto con Reino Unido en Gibraltar- controla el paso del Estrecho y, en definitiva del Mediterráneo. Para Estados Unidos nuestra España ni está ni se la espera, por muchos méritos que quiera hacer el amigo Pedro corriendo tras de Biden. Si comparamos la política española con la marroquí tenemos una España que cambia de gobierno cada cierto tiempo, que en vez de hacer una política a largo plazo la hace siempre a corto -según los intereses del partido político de turno-, para, en definitiva, no mandar. Unamuno denuncia que al político español no le gusta mandar, solo sentarse en la presidencia, pero no presidir. Mientras tanto, frente a nosotros tenemos a un rey marroquí que no es discutible ni discutido, que ante el menor levantamiento o rebeldía esta se sofoca sin dilación. Que sus súbditos (no ciudadanos) obedecen aun a regañadientes, y, en definitiva, Estados Unidos es lo que quiere para sus intereses. No un tablero donde cambien de continuo las damas, sino que estén en el mismo lugar sin movimiento alguno, en la finalidad de dotar de seguridad los intereses de USA.

Si recordamos que en Guinea Ecuatorial sigue Obian Nguema, supuesto dictador pero mantenido por Estados Unidos que protege el petróleo que explota en sus aguas, y que gracias a no levantarse Zapatero ante la bandera americana la empresa Repsol dejó de tener su cuadrícula para explotar parte de ese petróleo, es fácil discernir la elección de Estados Unidos por Marruecos dejando a España de lado, y no la abandona del todo como una novia ya olvidada, porque aún tiene zonas territoriales de interés que controla.

Pedro Sánchez y los que están con él no saben ser españoles, no saben que sus intereses particulares e ideológicos no nos sirven a los demás; que no vale abogar por una paz -más ideal que real- eliminando de nuestras islas y de Ceuta y Melilla el contingente militar necesario para que a Marruecos ni se le ocurra pensar poner un pie; que no vale seguir transfiriéndole un solo euro por retener a quienes traspasan sus fronteras desde el centro de Africa. Que no vale ceder nuestros caladeros ni aguas territoriales para piscifactorías que debiéramos instalar nosotros, etc … Los gobiernos españoles -desde el último del Generalísimo Franco en adelante- no  han entendido que al marroquí no se le tiene al lado con buenas palabras y agasajos, sino con una política férrea, fija y agresiva si se tercia ello. Y esto el español lo ha sabido siempre, y no lo ha sabido quien no ha sabido ser español.

Ahora tenemos una Europa que nos tiene como si fuésemos la portería de su edificio, y ese portero o conserje va tras de la sombra del Presidente de Estados Unidos, para decir que él está en la OTAN cuando no hemos aportado prácticamente nada, y cuando estamos con el Polisario y Argelia, pero también queremos estarlo con Marruecos para, al final, no estar con ninguno y buscar remedio en Zapatero y Moratinos para que los empresarios españoles no pierdan más de lo que ya llevan. No sabemos dónde estamos porque hemos dejado de sentir en español y solo pondremos dirección al rumbo correcto cuando el interés sea, exclusivamente, el interés español.