Quién si no Abalos, el subrepticio enviado de las artes oscuras de la política, que aun conservando los despojos de su propia corrupción familiar con oenegés de sospechoso carácter lucrativo, ha sido el encargado de pergeñar la traición en Murcia. Quién si no el emisario hediondo del PSOE sanchista experto en caminar sobre albañales sin dejar rastro, evitando que se le miren las suelas repletas de bazofia. Quién si no el de la cara de gánster de cómic aconsejar sobre los duchos cometidos de la experiencia en las sombras, y tentar a los traidores de Inés Arrimadas para ser el tentáculo de su jefe, pulpo que ha metido mano , figurada, a quien bien se ha complacido en ser sobada políticamente, metafórico. 

 
El Jose Luis Ábalos de cemento, el rostro y el alma, ministro de Fomento, Secretario de Organización, la lombriz de los matinales en aeropuertos; el hombre de las mil caras cuando declara ante la prensa para excusarse; la mano derecha para asuntos turbios del fullero monclovita... ¿Quién si no iba a estar detrás de las maniobras murcianas que han causado un terremoto de indecencia política, con cien mil muertos y una ruina provocada por criminales que se sostienen a base de trampa, mafia sectaria y repugnante indolencia mientras un país agoniza? José Luis Ábalos el de la Delcygate y tantas corruptelas es el artífice de esa miserable traición con sello inconfundible del criminal de La Moncloa. Lo lleva en la cara que el Demonio no quiso esconderle cuando lo mandó a la tierra con misión de traidor hasta que se muera. 
 
De sus cuentas con la verdadera Justicia no habría contradicción que se le perdonara si la Fiscalía no encubriese sus tejemanejes. En realidad, si hubiese justicia, se cazaba a la carrera la desbandada del conjunto sanchista que cruzó la meta de la indecencia con este elemento a la cabeza. Son tantas las sospechas del delito que esta travesura desalmada no será nada si un día se descubre el papelón delictivo que el intrigante ha ejercido para proteger los trapos sucios del jefe. Cuando dé cuentas a Dios, la cosa acumulada en los zapatos se le irá a la boca para enmudecer su imposible defensa. Sucio Ábalos, la fetidez en Murcia tardará en airearse después de su rastrera visita, pero pronto con el estrepitoso fracaso de la moción de censura que cincelará la tumba política de Arrimadas, la otra sucia del sonado fracaso.