No, no es lo mismo. El pueblo saharaui no es el POLISARIO, de la misma manera que el pueblo español no es su gobierno.

Hasta había pensado que era una idea original mía, pero no es así. Tengo que reconocer que me ha madrugado la idea, al menos en su publicación, ese maestro de las letras y del patriotismo, paladín de la libertad de expresión que es Alfonso Ussia.

La crisis en la que se encuentran inmersos nuestros gobiernos, marroquí y español, nos ha metido en medio a los nacionales a uno y otro lado de la frontera tras el acogimiento en circunstancias aún no aclaradas del todo de Brahim Ghali, Secretario General del Frente Polisario. Se nos presenta pues el asunto como una cuestión de ayuda humanitaria ¿Cómo se va a negar asistencia a un enfermo con independencia de sus planteamientos políticos o de sus opciones personales? Es el juicio que, con todo el buenismo del mundo pretende ocultar una realidad. El Sr. Ghali dispone en Argelia de todos los servicios médicos a su disposición. Lo que algunos países como Francia y Alemania le han negado ha sido un tratamiento de excelencia del que no dispone más que una minoría muy exclusiva de sus nacionales. Pero además, tiene causas abiertas por delitos de lesa humanidad en varios países, España entre ellos. Veamos quien es el personaje en cuestión.

Brahim Ghali, nacido en Esmara hace 72 años perteneciente a la predominante tribu Erguibat, lo hizo con nacionalidad española puesto que, hasta febrero de 1976, el Sahara Occidental era administrativamente una provincia española. De hecho, Ghali, sirvió bajo la bandera de España encuadrado en la Policía Territorial. Esto no fue óbice para que participase en la revuelta de 1970 en Hatarrambla, barrio del Aaiún, por la que fue arrestado. Tras ser puesto en libertad, junto con otros saharauis y el apoyo de la entonces URSS y Argelia, fundaron en 1973 el Frente Para la Liberación de la Sahia al – Hambra y Rio de Oro (más tarde, F- Polisario, o simplemente POLISARIO) organizando la primera acción armada contra el puesto de El-Khanga, guarnecido por soldados nativos.

Dos años más tarde, cuando las tropas españolas en el antiguo Sahara Español se redesplegaron hacia el norte, para hacer frente a la creciente amenaza de las FAR marroquíes, Brahim Ghali fue, si no el autor material, si el inspirador de la captura y secuestro de las patrullas Pedro (9 de mayo) y Domingo (11 de mayo) de la Agrupación de Tropas Nómadas a manos de sus propios soldados nativos. En el más vil de los y traicionero de los actos que puede cometer un militar, una mayoría de 26 soldados nativos de cada una de las patrullas que se hallaban muy distantes entre ellas, se rebelaron contra una minoría de soldados “europeos” (dos oficiales, un sargento y cinco soldados en cada una) mientras estaban descansando y matando al soldado Ángel Moral Moral, que apercibido de la vil acción intentó rebelarse con las armas. Así nos lo cuenta uno de los protagonistas, el entonces teniente José Manuel Sánchez- Gey Venegas en su relato autobiográfico “CAUTIVERIO EN EL SAHARA”.

Ayer, 46 años después de aquellos hechos, el ya Coronel Sánchez-Gey me lo recordaba. Sin pasión, sin remordimientos y sin mostrar odio alguno hacia aquel siniestro personaje. Porque José Manuel Sánchez-Gey, a pesar de tan nefasta experiencia, nunca odió a los saharauis. De hecho, una vez liberado en Argelia días tras pasar cuatro meses secuestrado, cuando se repuso, volvió a su destino en el Grupo de Tropas Nómadas.

Juntos pasamos la Navidad de 1975 en Bu Craa.

Tras el abandono del Sahara y las ominosas condiciones en las que se hizo, la vida nos fue llevando por diferentes caminos. Pero mira tú por dónde, años más tarde, paseando por los alrededores del Estadio Santiago Bernabeu, el ya Coronel Sánchez-Gey Venegas se tropezó con una concentración de gentes que por su indumentaria, fisonomía y gritos que proferían, concluyó que se trataba de saharauis. De hecho, era una manifestación de simpatizantes del POLISARIO. Entre ellos había un señor con traje al que Sánchez-Gey preguntó si conocía “Sidi Brahim Gali”. Para su sorpresa, su interlocutor era el propio Brahim. Claro, 30 años más tarde, ya sin bigote, no le reconoció. Tampoco el propio Brahim creyó al principio que José Manuel fuera aquel oficial español que tuvo bajo sus feroces garras, hasta que éste le mostró la fisonomía característica de su mano izquierda. Sánchez-Gey, no albergaba odio alguno hacia él. De hecho, le propuso una cita para hablar los dos cara a cara y de paso, llevarle el libro que había escrito sobre su cautiverio. Brahim Ghali, dijo sí, pero jamás acudió a la cita. Quizás el siniestro personaje no tuviera la conciencia tan tranquila, tras haber participado en una acción tan atroz y haber abjurado de la bandera con cuya nacionalidad nació y le alimentó, dio estudios y acogió en sus propias filas.

Pero el Coronel Sánchez-Gey Venegas, como el Teniente General Juan Antonio Álvarez Jiménez, recientemente fallecido, y el resto de componentes de las patrullas secuestradas, como el conjunto del pueblo español, no odian a los saharauis. Pero una cosa es ese pueblo noble y hospitalario y cosa es el POLISARIO y desde luego su Secretario General reclamado por la justicia de varios países, Marruecos y España entre ellos. Y el Gobierno de la Nación, bien haría tomando nota de eso. Y en vez de aliarse con viejos enemigos, compañeros de conveniencia, filoetarras o separatistas, rabiosamente antiespañoles, que de forma violenta y sanguinaria han tratado de imponer su voluntad al conjunto de la nación; recordara el pasado y escucharan lo que sus víctimas tienen que decir: Perdonan, pero no olvidan.

Un gesto más que forzado de chapucera ayuda humanitaria, probablemente forzado por los estertores de algún trompetero ha metido al gobierno español y al conjunto de la población en una auténtica crisis, con derivadas tan sorprendentes como la concesión de asilo político en Marruecos al fugado Puigdemont y nos retrotraen a situaciones pasadas reabriendo heridas como el relato que les ofrezco.

Más valía observar con atención el imponente rearme de nuestro vecino del sur y sus continuas exigencias unilaterales, declaraciones de zonas de interés exclusivo y la bien trabada red de relaciones internacionales que está tejiendo, frente al aislamiento en el que nos estamos viendo sumidos ¿Por un puñado de votos o simplemente por mantener caliente el sillón de la Moncloa?