Joe Biden ya tiene la guerra que tanto anhelaba. Semanas de bravuconadas por parte de un presidente de EEUU con los índices de popularidad más bajos de un inquilino de la Casa Blanca llevan al resultado dramático que él quería.

Un Joe Biden que quería la guerra entre Ucrania y Rusia pues no encontraba más agarradero posible para recuperarse del fracaso de su política que azuzar un conflicto que le sirviese como parapeto y que diese a la industria bélica norteamericana la ganancia que Donald Trump le había retirado.

Joe Biden sabía quién es y cómo se las gasta Vladimir Putin y qué aspiraciones encierra su nacionalismo. El actual presidente de EEUU conocía de sobra cuáles eran las ambiciones de Putin respecto a Ucrania; sabía que Putin no iba a permitir que la OTAN continuase expandiéndose hacia el Este de Europa,  y sabía que el mandatario ruso no iba a permitir que las ex repúblicas soviéticas del Este continuasen convirtiéndose en el hospedaje para las bases militares de la Alianza Atlántica contra Rusia, cercada por centenares de bases de la OTAN.

El gobierno pro europeo y pro atlantista de Ucrania, nacido de la revuelta del Maidán en 2014, pensó hallar en la Unión Europea a un bastión de protección económica y política y en Joe Biden a un aliado fiable que detendría cualquiera amenaza rusa. Inmerso en esta ilusión, el gobierno ucraniano de Zelenski no dudó, hace unos días, en echar más leña al fuego del conflicto en la región del Donbas; en bombardear posiciones prorusas del Este de Ucrania. De este modo excitó a Putin para iniciar la invasión de Ucrania, como acabó sucediendo.

El pueblo ucraniano está sufriendo las catastróficas consecuencias de una disputa entre dos grandes potencias –EEUU y Rusia- que hacen pura y dura estrategia. Esto no tiene nada que ver con cuestiones morales, ideológicas o de “democracia”. Tiene que ver con la geopolítica de dos potencias. Una de ellas es Rusia, caracterizada por el liderazgo fuerte de Vladimir Putin, rector de una nación que hace de los valores de Patria, Religión, Moral y respeto hacia TODA la historia rusa –desde los Zares hasta la URSS-, sus señas de fortaleza frente a las fétidas ideologías mundialistas, feministas u homosexualistas que cunden en un Occidente cada vez más decrépito, antipatriota y “multicultural”. La otra potencia es EEUU, con sus aliados de la OTAN como comparsa: plegados al liderazgo de un enloquecido Joe Biden, tipo que llegó al poder mediante un pucherazo electoral del “deep state”, aupado por Black Lives Matter y defensor del puritanismo progre que ha hecho sucumbir a Occidente en la ideología globalista que ataca a la familia tradicional, la identidad cristiana de las Patrias y que produce la perversión de los niños mediante la tiranía LGTB.

La diferencia moral entre Joe Biden y Vladimir Putin es que el primero ha dejado tirada a Ucrania mientras el segundo jamás ha dejado tirado a un aliado. Recordemos como la Siria de Bashar al Asad no cayó en manos de la guerra inducida por Barack Obama y Hillary Clinton gracias a la inquebrantable voluntad rusa de proteger a su aliado sirio, contra el que EEUU llegó a inventar de nuevo, aunque esta vez bajo el mandato de los demócratas, que Siria “tenía armas de destrucción masiva”.

La devastación en Ucrania ha llegado mientras Joe Biden duerme la siesta, y mientras España acepta con complacencia que nuestro Ejército sea la tropa auxiliar de EEUU a la vez que nuestra frontera sur está desprotegida y amenazada permanente por el reino de Marruecos y la invasión inmigrante.

No conviene olvidar que la incorporación de España a la OTAN fue decretada por Leopoldo Calvo Sotelo en 1981 a cambio de nada salvo subcontratar nuestra defensa a los EEUU, de modo que si mañana Marruecos atacase militarmente a Ceuta o a Melilla, no sólo no nos ayudarían “nuestros aliados” sino que el ejército español tendría prohibido defender las dos plazas españolas contra Marruecos, aliado preferencial de EEUU en el Mediterráneo. 

La adhesión de España a la OTAN fue firmada dejando fuera de la cobertura de protección de la Alianza Atlántica a Ceuta y a Melilla. Pero además supuso sufrir una terrible paradoja permanente: uno de nuestros supuestos “aliados” llamado Reino Unido, coloniza ilegalmente una parte de suelo español – Gibraltar- que España no reivindicó a la hora de firmar el Tratado.  

En román paladino: España no puede utilizar de forma soberana a su ejército para defender sus fronteras e integridad territorial, pero está obligada a enviar al Báltico a 800 militares españoles, varios carros de combate, así como aviones y fragatas dónde nada se nos ha perdido, al servicio de EEUU y, como siempre, aceptando convertir a nuestros militares en carne de cañón para escenarios bélicos de catástrofe y caos.

Basta con comprobar los resultados de la intrusión de la OTAN en terceros países y en nombre de la “democracia”. Algunos ejemplos son el ridículo abandono de Afganistán, la miserable invasión de Irak o las guerras provocadas por Bush y Obama en Oriente medio mediante “Primaveras árabes” que dieron el poder a islamistas radicales y sólo sirvieron para destrozar países, implantar el caos en la zona y beneficiar las ínfulas del aliado israelí.

EEUU ha vuelto a hacerlo con Ucrania; ha dejado tirado a un supuesto aliado al que todo se lo prometió. Ucrania se equivocó apostando por la OTAN y la Unión Europea. La independencia y Soberanía de Ucrania jamás le importaron ni a Joe Biden ni a Ursula Von der Leyen ni a Macron. Al único al que le importó Ucrania fue a Hunter Biden, hijo del presidente Biden; le importó para realizar oscuros negocios con empresas energéticas cuando su padre era vicepresidente de los EEUU, y Barack Obama presidente.

EEUU es experto en dejar tirados a sus supuestos “aliados”. Recordemos cómo en 1956 Hungría se enfrentó solita a la invasión de los tanques soviéticos, y cómo cuando la España de Franco quiso ayudarla contra la bota soviética, EEUU se lo impidió.

EEUU tuvo un “impasse” bajo el gobierno de Donald Trump. Bajo su administración, el mundo vivió una época de paz donde fueron apagados varios conflictos bélicos de los encendidos por George Bush y Barack Obama, entre ellos la guerra de Siria. Bajo un mandato de Trump, la actual crisis de Ucrania no habría sucedido por la sencilla razón de que Trump, a diferencia de Biden, era antiglobalista, estaba precupado por las “cosas del comer” en EEUU y, de hecho, a la vista estuvieron sus resultados: una situación práctica de pleno empleo, crecimiento medio del PIB por encima del 4 por cien, subida salarial por encima de la inflación, aumento del poder adquisitivo de las rentas más bajas, así como la mayor reducción de impuestos a la clase media en 40 años. Trump apagaba fuegos bélicos y el matón Biden, los enciende.

Ojalá pronto termine el infierno en Ucrania que anheló Joe Biden; ojalá Europa sea algún día la de las Patrias libres, unidas y soberanas sin la tutela pérfida de EEUU y de su cultura, que sólo nos han traído decrepitud, corrección política, hundimiento cultural y vasallaje.

Ojalá el pueblo de Ucrania, como el resto de pueblos de Europa, camine libre y soberano, con gobernantes serios y fuertes, no bajo la égida de ninguna potencia imperialista sea Rusia o EEUU.

Ojalá las cadenas de la cobardía y la rendición que a los europeos nos atan a la OTAN, a las mentiras de EEUU y a gobernantes globalistas, sean rotas, y nuestros pueblos sean regidos por estadistas dotados de moralidad y espíritu de justicia social, Soberanía y bien común.