Me alegra que haya un día para quienes dedican su vida a cuidar y a mejorar la vida de los demás, porque no solo cuidamos, investigamos, educamos y cambiamos estilos de vida.

 

¿Cuándo decidí ser enfermera?, creo que venía de serie en mi cerebro. Recuerdo la primera vez que entré en un hospital con 4 años, mientras mi querida hermana iba caminando a mi lado con unas nauseas terribles por el olor a desinfectante (porque antes los hospitales olían), yo iba diciendo a mi madre: ”ummmm, qué bien huele”, ahí me di cuenta que ese ambiente me gustaba, no retiraba la vista en las curas, preguntaba por todo y sentía que ese lugar me hacía sentir bien.

 

Quizá porque siempre estuve atenta a las debilidades de los demás, quizá porque no toleraba el sufrimiento ni siquiera en los animales (de pequeña sufría con los toros en la plaza y de ahí mi rechazo a ese espectáculo), quizá porque era una romántica y pensaba que el mundo podía cambiar y yo podría colaborar en ello ayudando a las personas en los peores momentos de sus vidas; quizá porque desde pequeña visité los hospitales por distintos motivos; quizá porque detectaba que en esos ambientes había cosas que debían cambiar, quizá porque las enfermeras debían ganar autonomía y no ser vistas sólo como “ la ayudante del médico”; quizá porque ya de pequeña era “especial” y con esta palabra no quiero decir que fuese mejor que nadie, sino que era capaz de ver y detectar emociones que a otros les pasaban desapercibidas, porque era y soy muy sensible; quizá, quizá, quizá…como dice el bolero.

 

Lo único que puedo decir a día de hoy, que trabajar en algo que te apasiona es un lujo y un privilegio, que las experiencias de la vida las incorporo y me facilitan el ayudar y empatizar con mis pacientes, que todos/as mis compañeros/as de profesión son sensibles y especiales, que disfrutan con su labor, que se requiere vocación y sobre todo dedicación, que tu profesión afecta a toda tu familia y amigos… por los horarios dispares, por la dureza de ciertas situaciones, por el contacto con la muerte desde antes de acabar los estudios…eso te marca tu realidad, tu prioridad, lo ves como un proceso que forma parte de la vida de las personas, pero que siempre duele, a nosotros también nos duele la pérdida de nuestros familiares y amigos pero además sufrimos con la pérdida de nuestros pacientes….

Ayer un compañero médico escribió esto en Twitter “a tod@s l@s enfermer@s sin cuyo trabajo, apoyo y comprensión, loe médicos no seríamos nada. Muchas Gracias. En especial a l@s de SUMMA 112”… Este reconocimiento público hacia la enfermería en el siglo pasado (no hace tanto) era impensable. Desde aquí hago público mi agradecimiento: José Mª Navalpotro Pacual (Médico de SUMMA 112).

 

Lo cierto es que en ocasiones conciliar la vida familiar, los horarios, las vacaciones, las fiestas que todo el mundo disfruta con sus familiares en nuestro caso no es posible y de ahí que desarrollemos una capacidad de organización digna de admiración.

Nuestro “sacrificio”, nuestra “vocación”, nuestras ganas de ayudar, no siempre se ven reconocidos, pero nunca dejaremos de estar al lado de nuestros pacientes y ayudarles desde el momento del nacimiento hasta el último momento de sus vidas: el fallecimiento, durante todo el camino acompañaremos y apoyaremos a la familia, en los momentos de incertidumbre, de sufrimiento, de comunicación de malas noticias, de duelo… una enfermera siempre estará a su lado para darle la mano, abrazarles, incluso llorar con ellos… las enfermeras cuidan en todas las etapas de nuestra vida y lo mejor es que lo hacen porque quieren.

 

En mi faceta docente, siempre he dicho que es un honor enseñar a personas motivadas para aprender porque ningún padre/madre obliga a estudiar enfermería es algo que se elije por decisión propia y eso para el docente siempre es una ventaja.

Os dejo unas cuantas frases dedicadas a esta bonita y no por ello menos dura profesión.

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