Solemos decir que la experiencia es un grado, aunque, por desgracia, a Biden le ha servido más bien de poco el trabajo para los EE.UU. en cuestiones de política nacional durante medio siglo. Tanto tiempo y no se ha enterado de la misa la media.

Cincuenta años, más de la mitad de su casi octogenaria vida, que no le han permitido intuir o atisbar, tras fijar y citar los puntos de atención en el discurso de su toma de posesión, la debacle norteamericana en el caso de Afganistán. Vamos, not to mention! Ni siquiera mencionarlo. 

El punto de mira no parecía estar bien afinado, sino pertenecer al de una escopeta de feria. Al parecer, este "inesperado" suceso, anticipado hace una década por el general español D. Salvador Fontenla Ballesta, ha tenido más de imprevisto que su dudosa victoria en las elecciones americanas tras un conteo, apagones incluidos, sospechoso. 

Era parte del gran show de este circo que, por lo tristemente visto en sus recientes comparecencias en directo, debe continuar. Y, desgraciadamente, parte de la opinión pública americana bien que parece agradecerlo porque, ese carácter pueril, infantiloide y drama-friendly forma parte de sus estereotipos. Que no sólo vamos a tener clichés nosotros, los españoles, con la siesta, la paella, el sol y la sangría. Al César lo que es del César.

Ahora bien, cuando la sangre te salpica o la muerte merodea por tu puerta, no hay piruetas ni saltimbanquis que puedan asombrar al público más entregado. El algodón no engaña, como tampoco lo hacen los ataúdes de la bodega de un avión. Ahí, adeptos y adictos a las causas se diluyen ante la cruel versión de los hechos.

Para muestra, un botón en forma de testimonios de los que se curtieron en la hostilidad e incertidumbre del terreno afgano; los militares americanos o aquellos que formaron parte de cualquier otro contingente internacional de la OTAN. O, sin tapujos, los últimos trece cadáveres que ha dejado el conflicto en cuestión con ese último botín del ataque suicida del renacido Daesh que, además de la infame vendetta de los "gili-drones" con la población civil (niños incluidos), ha dejado una triste y humillante despedida para, al menos, el cuerpo de Marines del US ArmyPara eso, claro, hay que estar ahí, pisar el terreno y saber de primerísima mano qué tipo de vida y presión tiene el infante cuando la pólvora se convierte en la fragancia cotidiana de su día a día en la misión encomendada.

Las encuestas, por primera vez, ya sitúan a un Joe gagá por debajo del 50% de popularidad, algo que, a fuerza de ser sincero, podría haberse ajustado a la realidad tornada en misterioso truco de magia hace algunos meses en su tête-à-tête con el amigo Donald Trump. No muy lejos andaba la cosa hasta ese rush final que le dio aquella polémica y, cuando menos, sospechosa victoria electoral. 

Y puede que esa decreciente intención de votarle, opuesta a la de botarle, vaya a más a pesar de contar con el "salvoconducto" de unas elecciones a medio plazo para desequilibrar el poder en el Congreso dentro de quince meses. Este tiempo en clave electoral podría ser su tabla de salvación en el naufragio político de una administración que ha perdido la credibilidad a nivel interno de partido y nación, su hegemonía de cara a los aliados y, peor aún, su fortaleza ante los eternos y encarnizados enemigos en diversos ámbitos que van desde el militar hasta el comercial pasando por el económico. 

Así, en la propia Europa u Occidente, la fragilidad se ha convertido en síntoma inequívoco del precipitado deterioro de un continente, de su cultura, de la pérdida de valores y el sentimiento identitario de sus estados que, además, se ven señalados por sus justas reivindicaciones ante los excesos de buenismo que nos han convertido en un chollo en modo "facilongo" para las presas que, de manera diversa, andan al acecho oliendo fondos económicos y sangre de su próxima víctima.

Y méritos suficientes para ello hemos contraído en nuestro decrépito entorno europeo, como el del presidente Biden a pesar de contar con la voz y presencia en el Congreso y el Senado de su Servicio de Inteligencia, jefes y comandantes de sus tropas y la inestimable contribución de unos veteranos que, al contrario que en España, gozan de un gran peso específico y prestigio ante un pueblo americano sumamente agradecido por la abnegada entrega a su gran nación.

El discurso de Biden en la Casa Blanca y la pista de aterrizaje de la Base Aérea de Dover en Delaware han sido testigos del antagonismo entre la indignidad y el honor, el presidente y el soldado, Biden y la sargento Gee, el villano y los héroes, las palabras y los hechos, la ficción y la realidad, las sombras de la vida y la eterna luz de la muerte.