La grieta, la división, la pasión exacerbada y el conflicto son el sino de la Argentina, tal vez la nación más vehemente que se consume así misma prácticamente desde su nacimiento. Perón, Gardel, Borges, Maradona, Videla, el Ché Guevara, Messi… Todo es exagerado e irreconciliable y ello también es parte de su identidad.

Las elecciones son el campo de batalla de ese ser nacional, y este domingo 14 de noviembre, tocan las legislativas promediando la gestión Fernández y Fernández. Alberto y Cristina, presidente y vice del gobierno argentino y cabezas visibles del post peronismo kirchnerista recargado, se enfrentarán a unas urnas esta vez más difíciles después de los malos resultados obtenidos en las primarias del septiembre pasado. El macrismo tomó ventaja en la mitad de la legislatura y eso provocó una crisis interna que a día de hoy el oficialismo intenta superar. El domingo se renovarán 127 de los 257 escaños de la Cámara de Diputados, así como 24 de los 72 del Senado de la Nación.

El Frente de Todos (FdT), donde confluye el peronismo oficial, los leales a los Kirchner, la izquierda bolivariana y comunistas de distinto pelaje, se miden con la oposición de Juntos por el Cambio (JxC), de  Mauricio Macri, también en una alianza heterogénea, casi posmoderna con ex peronistas, la histórica Unión Cívica Radical, liberales, ex radicales, y demás sectores anti K, que no soportan la esencia demagógica de los Kirchner y sus satélites ideológicos.

Estas elecciones serán un termómetro de la situación y también una válvula de escape después de un brutal confinamiento durante el primer año de pandemia, cuarentenas interminables, una crisis económica agudizada y acelerada, conflictos internos en el gobierno, la pobreza disparada, la inflación desatada y el crimen y la violencia campando a sus anchas.

El Gobierno se juega mucho en la contienda electoral y por ello para contentar a los suyos, al “voto cautivo”, anunció medidas como el aumento del salario mínimo y de los famosos planes asistenciales y el congelamiento de precios en productos esenciales, entre otras medidas de corte clientelista. Y todo ello regado de lenguaje inclusivo y en sintonía con el progresismo y la corrección política.

Gran parte del poder se encuentra en la Provincia de Buenos Aires, tradicional bastión peronista y corazón del kirchnerismo, gobernada por Axel Kicillof, íntimo y mano derecha de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, en el que viven alrededor de un tercio de los habitantes de Argentina. Allí se librará la batalla de las batallas.

El discurso oficial y que aún goza de predicamento es el de la lucha contra los organismos internacionales, el “imperialismo yanki”, los “gorilas” (antiperonistas), los milicos (el ejército) y la derecha. Por ese motivo el presidente Alberto Fernández prometió “negociar con firmeza” ante el Fondo Monetario Internacional (FMI) para no tener que enfrentar los pagos de la parte más gruesa de la enorme deuda argentina, que deberían cancelarse en 2023, justamente cuando se convocan las elecciones presidenciales.

En la vereda de enfrente está la alianza de centro Juntos por el Cambio (JxC) cuyo referente es el jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, que no es candidato, pero que fue determinante en la creación de las listas de su distrito y las de la provincia de Buenos Aires. La amalgama de JxC es el rechazo hacia el kirchnerismo, pero sin un fondo ideológico alternativo a las políticas de corte progresista. Aunque parezca extraño el kirchnerismo y el macrismo tienen puntos en común, como por ejemplo en asuntos como la ley del aborto o la ideología de género. En España encajaría perfectamente la definición de “derechita cobarde”.

Un nuevo actor irrumpió con fuerza en la política argentina y su nombre es Javier Milei y su partido Avanza Libertad. Milei un economista que se define como libertario con una imagen fuerte, una estética rompedora con su cabellera despeinada, una especie de joven Trump desaforado, y que acuño frases y mensajes como “Los zurdos tienen miedo”, “En 50 años Argentina va a ser la villa miseria más grande del mundo”, “¿Yo al Banco Central? Sería el último presidente porque lo cerraría”, o “Estoy en contra de todos los impuestos”. Su intención de votos ronda el 13% en la capital argentina y en la provincia de Buenos Aires, un 6 %. Milei no deja de ser, de momento, un fenómeno de ámbito local que busca arrebatar votantes al macrismo. Su lema “¡Viva la libertad, carajo!ha cautivado sobre todo a un sector de la población juvenil que ve en su discurso y actitud un grito de rebeldía.

Cabe recordar también que la izquierda radical se ha consolidado como tercera fuerza y ello tendrá sin duda repercusión en las elecciones y sobre todo después de ellas. “No hay futuro en Argentina”, fue el título del artículo del Financial Times de esta semana sobre el destino del país tras las elecciones. Argentina es impredecible y en ella casi todo puede suceder y su política no escapa a ello. Como en un eterno laberinto borgiano.