Que Ciudadanos, un partido diseñado desde la agenda mundialista, se pase con armas y bagajes a la nueva normalidad de Pedro Sánchez era lo esperable. Que el PP también este en ello, tampoco sorprende vista su trayectoria. El decreto de nueva normalidad que ha apoyado Casado tras el fin del estado de alarma huele a que nos van a meter un nuevo consenso con la disculpa de la crisis y la responsabilidad de presentar un frente común para negociar el rescate de la Unión Europea. De hecho, el PP ya ha rebajado el tono de las criticas a la gestión de la pandemia.

Si hacemos caso a los mamporreros mediáticos del social comunismo, es hora de arrimar el hombro, por tanto, todo lo que sea llevar la contraria al gobierno es crispar, criticar a Pedro Sánchez es de malos patriotas. Es más, leyendo El País, escuchando la SER y viendo la TV, si de verdad amasemos a España todos deberíamos afiliarnos al PSOE o Podemos, y eliminar a la Agencia Tributaria como intermediaria, para darles a ellos directamente como cuota nuestros ahorros y así puedan hacer lo que les dé la gana con nuestra hacienda y vidas, la mejor forma de servir al bien común.

De no existir VOX que a nadie le quepa duda que ese consenso ya estaría en marcha. Sólo el miedo a una fuga de votos hacía VOX previene que el PP ya no este untando en el mismo plato que el PSOE y Ciudadanos. Por ello el resultado de las elecciones en Galicia es fundamental.

Si Feijóo obtiene una victoria aplastante en Galicia y no precisa de los escaños de VOX para tener la mayoría absoluta en el parlamento gallego, la lectura que se hará de semejantes resultados es que el PP necesita virar a eso que llaman centro, es decir, seguir abdicando de cualquier oposición ideológica a la social democracia y a la agenda mundialista, manteniendo tan sólo una oposición de carácter económico. Nadie podrá parar ya el consenso de la nueva normalidad, que nos va a situar en lo ideológico prácticamente en un régimen de partido único, donde la ideológia de género, el federalismo asimétrico, la memoria historia, el multiculturalismo y la inmigración regirán indiscutiblemente los destinos políticos de España y calarán preponderantemente, ya de forma irreversible, en la vida social y cultural de España.

Por ello la presencia de VOX en el parlamento gallego, no sólo servirá para controlar la deriva nacionalista de Feijóo, que arrincona la lengua española en la administración y permite el adoctrinamiento de la juventud en las tesis nacionalistas o ha abandonado la cultura gallega al control del nacionalismo, más disimuladamente, pero con parecidos efectos de lo que sucede en Cataluña, Valencia, Baleares o Vascongadas. Si la mayoría absoluta de Feijóo depende de VOX, se frenará esa deriva nacionalista, pero sobre todo se cerrará el paso a la justificación que esta esperando el PP para apoyar el consenso de la nueva normalidad.

Con que los votantes gallegos de VOX en las pasadas elecciones generales, el 7,8 %, sigan fieles al voto de los principios y no caigan en la trampa del voto del miedo en las autonómicas, se privaría al PP de la disculpa Feijoo para dar el bandazo. Todos los que se lamentan del viraje de Rajoy cuando pasó de la oposición al gobierno, tras su viaje masónico a México, hoy no tienen disculpa. Hay alternativa útil. Merece la pena reflexionar más allá del temor a corto plazo, en las consecuencias de fondo, para saber cuál es el voto realmente útil para Galicia y España.