Entre la espada y la pared se han visto los caraduras podemitas al declarar el patrimonio, obligados a dejar cuentas claras como control parlamentario, dejar también al descubierto el chollo bolivariano y quizá los delitos del falso matrimonio con una amante, los cuernos quemados, tres barrigas crecidas, baberos y chupetes, que es un gasto, sí, pero a ver cómo justifican la entrada de pasta gansa, los pobres vallecanos hoy marqueses de Galapagar, con los millones asomando por las orejas. 

 
Da para todo el sueldazo de los puestos a dedo y los pelotas del partido arrimados para servir a los amos de niñeras o guardaespaldas, en negro y turbio; otro tanto brinda  a estos pringados que no tenían donde caerse muertos, aunque impulso habían tomado los jetas progenitores viviendo de la política sin dar palo al agua, el mozo de carga no dio para más, los chanchullos de la Neurona, pero no la apariencia falsa de consultoría a republicas bananeras, sino esas cajas B que se menean entre los listos de los morados, enriquecidos sin vergüenza, asaltando las carteras de las donaciones y multiplicando los efectos de los favores narcosocialistas, allende el Atlántico, para convertirse en Gargantúas del capitalismo extremo: el de la actividad delictiva no contentos con dar el sablazo del engaño ni esquilmar a un electorado que hoy brama consciente de la estafa del 15 M. 
 
Motivos hay para espantarse con asco cuando Pablo Iglesias habla de corrupción ajena, asomando el sarro entre los dientes de tanto mentar la corruptela que regurgita a diario, amasando una fortuna que para sí quisieran los correligionarios bolivarianos que han sido plantados desde las bases para sostener a una camarilla de vividores que tarde o temprano visitarán las cárceles como huéspedes del Estado después de haber intentado dinamitarlo al modo chavista. Nadie se cree un incremento que pasa por los oscuros e inmundos secretos de los artificios contables que estos listillos de la universidad se montaron, engreídos de autosuficiencia financiera a sueldo de narcodictaduras. 
 
A pesar de tragar series de Netflix desde la mecedora-poltrona de vicepresidencias y ministerios compradas con oscuros réditos, Pablo Iglesias debería haber aprendido de la prudencia de los atracadores que después del asalto a un banco disimulan el ilícito enriquecimiento con la mesura en el gasto, la ausencia del boato y las tentaciones de la ostentación, no sea que la sospecha malogre el plan del reparto del botín. Y no aprendió que son los de la banda quienes sustraídos de los beneficios del golpe, apuntan a Galapagar con dedo acusador y la amenaza de sacar los muchos trapos sucios que a duras penas esconden entre pañales y facturas imposibles de justificar. 
 
En tanto, así el sarro de la corrupción salpique en cuanto abre la boca el líder de los pringados, ahítos de moratones comunistas producidos por los golpes de la palabra escupida en mítines teatrales de la justicia social, humillados y desheredados de la tierra prometida, sigue preparando la campaña electoral quien clama en el desierto en busca de desorientados que todavía se creen lo que tragan, para arrebatar Madrid a la "corrupta derecha". 
 
No hay un solo miembro bolivariano que no esté manchado de irregularidades, fruto de la inexperiencia del poder que dejó un rastro de pestilencia hoy filtrado de modo inexorable, a pesar de los intentos de encubrirse con las prebendas gubernamentales. 
 
El día que muerdan el polvo no se podrá distinguir sus espaldas  encaminándose hacia el presidio. Es tanta la montaña de inmundicia que no habrá manera de evitar la escalada de la Justicia para llegar a la hedionda cumbre de lo podemita. Si es que después de Sanchez queda Estado de Derecho. Y hay que tomar muy en serio finiquitar legalmente la intentona golpista de estos apandadores de guante morado. Semejante vertedero de escoria política debe limpiarse cuando la ocasión legal lo requiera, no sea que un alúd de mierda acabe enterrando España.