En los últimos años hemos presenciado acoso y derribo de gobiernos conservadores, o incómodos con los planes dominantes, por todo el mundo. Salvini, también gracias en parte a su torpeza política, fue eliminado de la escena, aunque sea por ahora. Pero el tiempo pasa y el acosador no lo pierde. Los identitarios del gobierno austríaco tuvieron una puesta en escena ante las cámaras, y también terminaron fuera. A Trump le robaron las elecciones, y por mucha Q y “confía en el plan” y “prepárate palomitas”, supuestamente el hombre más poderoso de la tierra terminó fuera hasta del Twitter.

Ahora el acoso va a por Viktor Orban, para las elecciones de la primavera del año siguiente. ¿Y en qué consiste? Orban es lo que más se parece en España a Abascal, aunque con una diferencia importante: Orban está gobernando y Abascal todavía no. Pero postulados políticos son muy parecidos. Y lo que es más importante: el espectro electoral. Tanto Orban como Abascal únicamente pueden gobernar si tienen la mayoría absoluta, o cuentan con algún partido más radical todavía – hablando desde la perspectiva del sistema – que les preste su apoyo. El problema de VOX en España es que no tiene a quién apoyar: Casado es de Bilderberg, ¿cómo puede apoyarlo VOX si quiere seguir su política? Y eso es lo que vemos en la práctica, como apuntaba Luz Belinda otro día. VOX no consigue, por la razón que sea, vender caro su apoyo al PP para el gobierno en las comunidades dónde se le necesita. O sea, VOX para hacer algo debería tener prácticamente la mayoría absoluta en España. Algo bastante difícil, por el momento.

[Cosas del destino: antiguo líder de Jobbik llega a ser un judío converso]

Para gobernar en Hungría, a Orban le bastaba el apoyo únicamente de su partido Fidesz. Esto era hasta ahora. De allí las acusaciones de “dictador” por parte de la oposición. Macron, Merkel no lo será, pero Orban sí, claro. Pero le está saliendo un contratiempo: el partido Jobbik, hasta hace pocos años calificado de “neonazi”, de los que decían que Budapest ahora es “Judapest” se está aliando, no les importa con sus 14 % de apoyo en las encuestas, o sea está haciendo alianza con los socialistas y los que hubiera, con tal de echar a Orban. Si hay que estar con los Verdes que públicamente agradecen a Soros su apoyo financiero, pues se está y punto. Como resultado de ello, Orban opta por posturas “más extremas” todavía – siempre desde la perspectiva del régimen gobernante mundial – para rellenar el vacío electoral dejado de Jobbik. Y en esas está Hungría ahora: Orban contra todos, con encuestas muy ajustadas, por debajo del 50% necesarias intenciones favorables, y todo gracias al apoyo a los mundialistas de los “patriotas húngaros”.

Paremos aquí un momento. Ya que estamos hablando de un partido “neonazi”, recordemos lo que hizo Hitler para llegar al poder: siempre era radicalmente antibolchevique, aliándose con la derecha conservadora al principio, hasta que fuera capaz de prescindir de ellos. Mussolini, procedente de filas socialistas, se vuelve antisocialista, respetando la propiedad, o a groso modo, el trabajo y potenciando el mérito.

Tanto uno como otro consiguieron milagros económicos en sus naciones, que eran objetos de estudio y admiración de otros movimientos filosóficos o filofascistas de España o Romanía, por ejemplo. O sea, su espacio era “más a la derecha de la derecha”, como se diría hoy pero ciertamente de forma incorrecta, porque sus programas llevados a la práctica eran más tradicionales que los de la derecha, y más sociales que de la izquierda. Tanto uno como otro eran genuinos líderes populares; basta ver vídeos de aquella época. Y si no, no haber proclamado “TIME” a Hitler como “el hombre del año” del 38.

Y tanto uno como otro, repito, no sabotearon a los conservadores; les apoyaron con el fin de vencer el comunismo, para adelantarles con el tiempo. En efecto, nadie ataca al oponente de su enemigo.

¿Y qué en cambio hace Jobbik? Los antiguos neonazis colaboran con Soros.

Hasta aquí la visión técnica de los movimientos políticos y sociales. Asentemos que nadie llega al poder sin movilizar y ganarse amplias bases sociales. Toso que lo consiguieron, eran de facto populistas. En 1982 Felipe González era un populista. La mitad de los españoles creyeron sus falsas promesas. Yo quiero un populismo basado en lo bueno, tangible y verdadero.

Apliquemos estas reflexiones, en lo que se pueda y de modo técnico, a la situación en España.

En una parte importante del mundo patriótico español (al margen de VOX, para entendernos), este partido está visto como enemigo a batir. Es más importante batir a VOX, que al PP, o incluso al PSOE. Sí, eso es lo que se percibe, si no lo dicen abiertamente.

La razón de esta posición creo que se encuentra en el hecho de que VOX recoge buena parte de voto franquista, filofranquista, o como quieran llamarlo. Los del PSOE continuamente lo dicen, y tienen bastante razón en ello. Pero el partido devuelve a ese electorado la vergüenza de Franco. Al menos no se atreve a defender su memoria y logros de forma abierta. Sueña a herejía en España actual, y para VOX parece demasiado.

Entonces, VOX quita y no da, en la mentalidad de estos. ¿Qué reacción se produce pues? La de una pataleta sentimental. Y así no hay que reaccionar. La reacción debe ser siempre racional y medida; fría, calculada y con el fragor interior. En Hungría no hay otra cosa mejor que Orban. Está prohibida, Solamente puedes hacer mejor que Orban, no dinamitarlo.

Lo mismo en España: no dinamites a VOX. Haz mejor que ellos. Apóyalo en lo bueno que puede hacer, y en lo que puede servir para regenerar el sequeral de la tierra española. Si quieres, utilízalo para ese propósito, no elijas el camino suicida.