Desde su nombramiento como ministro de Educación de Polonia en octubre de 2020, el profesor Przemysław Czarnek, se ha mostrado como un firme defensor de los valores tradicionales y familiares, un conservador que no “oculta sus puntos de vista en el armario, porque un político llega al cargo para hacer valer esos puntos de vista”. En aquel momento advirtió que, aunque no tenía prejuicios contra las personas LGBT, disponía de las herramientas legales para luchar contra la revolución LGBT contra los valores tradicionales. Una revolución, la de la ideología de género,  que el ministro definió como marxismo, un marxismo en el que la lucha de clases ha sido reemplazada por la lucha de género. “Las cuestiones relacionadas con los cis, los no-cis, las mujeres, etc., no tienen nada que ver con la ciencia. Esto es pura estupidez, y dar crédito a la estupidez no tiene nada de científico. La ciencia es la búsqueda de la verdad, y la verdad es bondad”.

Pero las declaraciones de Czarnek no se han quedado solo en palabras, y el pasado viernes el ministro estuvo hablando en la radio polaca sobre el proyecto de modificación de la ley de educación. Las nuevas leyes pretenden aumentar el papel del superintendente escolar estatal. La enmienda se refiere principalmente a las lecciones que imparten las asociaciones y organizaciones en las escuelas. Según el proyecto, los directores de escuela estarán obligados a recibir un dictamen positivo del superintendente antes de que se inicien las clases por parte de organizaciones o asociaciones no gubernamentales. Después de recibir dicho dictamen, el director tendrá que presentar a los padres de los alumnos toda la información sobre los objetivos y el contenido de las clases. También tendrá que presentar la opinión positiva del superintendente, la aprobación de la escuela y del consejo de padres, y los materiales que se utilizarán durante las clases. Además, la enmienda implica que la participación de un alumno en esas clases requerirá la autorización por escrito de sus padres.

El ministro Czarnek subrayó que, a pesar del aumento de las competencias del superintendente, los padres tendrán el voto decisivo con respecto a la materia y que el objetivo de la enmienda es reforzar la voz de los padres. “El superintendente debe recibir la información con tiempo suficiente antes dde que se produzca la entrada de una organización en una escuela, así como el contenido de las lecciones que pretende impartir, para oponerse a la desmoralización y el adoctrinamiento. Estas cosas han ocurrido en grandes ciudades como Varsovia y Poznań", explicó. El ministro añadió que el superintendente podrá oponerse a la decisión de los padres cuando se trate de organizaciones que quieran promover la educación sexual. “Mantengan las ideologías izquierdistas, desmoralizantes y adoctrinadoras lejos de nuestros hijos”, declaró Czarnek.

El ministro también comentó la nueva ley húngara que prohíbe la promoción de la homosexualidad y la transexualidad en las escuelas, así como la creación de un registro de pedofilia. La ley implica que las lecciones de educación sexual en las escuelas no podrán promover el cambio de género y la homosexualidad. Dichas lecciones sólo serán impartidas por profesores y organizaciones inscritas en un registro especial. Czarnek señaló que, aunque Polonia no se ha aprobado una ley similar, el gobierno quiere que las instituciones estatales, como el director de la escuela, “velen por la normalidad en las escuelas y eviten la desmoralización de los niños mediante algún tipo de educación sexual ampliada”. No obstante, admitió que era un gran partidario del proyecto de ley húngaro y que firmaría una ley de este tipo en Polonia “con las dos manos” si fuera aprobada por el parlamento polaco.