Carmen Calvo se rió del destino. Se rió de España. Se rió de la salud y de la vida de los españoles.

Desde el mes de enero, bullía el gobierno de España en un hervidero de datos científicos y numéricos acerca de la evidentísima pandemia de coronavirus a que nos enfrentábamos de forma irremisible.

Hubiera sido entonces necesario hilvanar un Plan de Contingencia contra el Covid- 19 basado en protocolos sanitarios acertados, recentralización competencial, compras masivas de tests y aumento de equipamiento hospitalario. Alemania comenzó a laborar su plan de choque contra el virus desde enero, que pasaba por la centralización gubernamental de actuaciones y protocolos y la realización masiva de test a todo sospechoso, con medidas como aislamientos forzosos desde el minuto uno a los contagiadores leves o asintomáticos.

Por el contrario, el gobierno de Pedro Sánchez, piélago siniestro de patanes y sectarios donde se amontonan a partes iguales la mentira y el rédito político, desplegó el frenesí palaciego de los gastos públicos sinuosos en “profanaciones” guerracivilistas, cambio climático y en la movilización gigantesca de toneladas millonarias para la campaña del 8 M feminista encapsulada en la mareada del “sola y borracha quiero llegar a casa” que inundó toda España. Alemania hoy tiene 70 muertos y España camina hacia los 3000. Una escalofriante comparativa no obstante la cual la izquierda pudo celebrar en amplio olor de multitudes moradas 75 manifestaciones feministas el domingo 8 de marzo en Madrid, convirtiendo a la capital de España en la fosa mortal más imponente de España.

En la cabecera de la concentración feminista principal amalgamada, entre otras, por Irene Montero, Begoña Gómez y Carmen Calvo, destacó una ensordecedora proclama estampada en pancartas y griteríos: “el machismo mata más que el coronavirus”.

La Vicepresidenta Carmen Calvo había sido punta de lanza del embravecido feminismo gubernamental cuando para desmontar toda duda acerca de la necesidad de acudir a la movilización del día 8 espetó a las mujeres de España ante las cámaras televisivas: “que vayan (las mujeres); les va la vida en ello”. Insistió con vehemencia.

La llamada insistente de Carmen Calvo ante las cámaras no cayó en el vació y centenares de miles de mujeres izquierdistas acudieron al llamamiento del 8 M - también miles de hombres planchabragas secundaron el acto-. Y cómo Carmen Calvo había profetizado ante la TV, la vida les fue en ello: porque no pocas de las participantes en la concentración, incluidas Irene Montero y Begoña Gómez (esposa de Pedro Sánchez), están contagiadas por Covid 19. Carmen Calvo fue ingresada el domingo pasado por infección respiratoria a la espera del resultado analítico que determinará su contagio o no por Covid 19.

La justicia providencial , el fuego de la justicia poética, ha dado a la “boca chancla” Carmen Calvo una cucharada de jarabe de palo.

Carmen Calvo había demostrado estulticia criminógena cuando anunció su voluntad de liquidar la libertad de expresión y encarcelar al franquismo sociológico a través del Código Penal. Y no menos cuando se ciscó en el cadáver embalsamado del General Franco para profanarlo y extraerlo del Valle de los Caídos violando la sacralidad de un Templo católico, declarando la guerra a media España y conculcando derechos fundamentales de una familia desamparada. Capitaneó el escarnio contra la familia del Caudillo personándose en el mismo Vaticano para asegurarse la complicidad papal y obispal ante la canallada profanadora que se perpetraría finalmente en octubre de 2019.

El sesgo amoral de la Vicepresidenta Carmen Calvo, propio de quién tiene el alma agusanada y el cerebro empobrecido la llevó, como a todo el gobierno, a mercadear con la vida y la salud de los españoles durante meses para plasmar en el 8 M feminista el vocinglerío candente de esa tribu enaltecida a religión de Estado llamada “feminismo”.

Aquella mañana de domingo del mes de marzo, teñida del morado podemita, fue trágica al convertirse en el principal infierno propagador de la pandemia en la capital de España. La halitosis fétida y el olor naftalínico de tanta miliciana guerracivilera con ínfulas de Pasionaria o Margarita Nelken -damas de la muerte revolucionaria de 1936-, penetraron posiblemente en las vías respiratorias de Carmen Calvo.

La Vicepresidenta Calvo tuvo una visión profética previa al 8 M: en acudir a la manifestación “les iba la vida (a las mujeres)”, dijo. El tiempo le ha dado la razón.

El castigo divino a los seres terrenales existe. Profanar a un muerto llamado Francisco Franco atacando todos los escrúpulos de la legalidad y el honor y violar un lugar sagrado no podían salir gratis. Tampoco podía hacerlo el sacrificar la vida de los españoles a través de gigantescas mentiras durante meses para abrazar un feminismo rancio, despótico y con fauces de totalitarismo que tuvo su corolario insensato un 8 de marzo de 2020.

Tal vez Calvo aprenda algo de esto… O no, porque en una mollera retorcida de rencor y cocida de venganzas contra los muertos como la suya lo último es el arrepentimiento.