Más allá de las promesas que el Partido Popular haya presentado a su caduco electorado, la entrada de VOX en el Gobierno del señor Mañueco debería marcar un antes y un después en la forma, modo y manera de gobernar en España, no otra cosa que dando cuenta y respondiendo a los problemas.

    Para empezar, debería potenciarse la natalidad, ayudando a las parejas españolas a tener hijos. Y claro, ayudar a las parejas españolas a tener hijos no es darles la asignación para taxis que tiene el Rufián del Congreso, sino rebajar a las familias la voraz presión fiscal y facilitarles el acceso a la vivienda desde la consideración de bien de primera necesidad

    En cuanto al desarrollo económico, apoyando la industria agroalimentaria y la producción de pequeñas y medianas empresas mediante un equilibrio entre la producción tradicional y la incorporación de mejoras tecnológica. Incluso en Ávila, que no puede seguir viviendo solo de la Santa, que demasiado hace la Doctora de la Iglesia en un país de ateos.

    Y supuesto que es tierra de castillos, facilitar su conservación, incluso su reconstrucción si hubiese necesidad como legado que es cultural y artístico, con la prohibición expresa de vender ese patrimonio histórico a gente venida de fuera: los bárbaros del siglo XXII.

    VOX es la última esperanza. Ahora bien, si engaña, no quedará más que el camino de sálvese quien pueda, y ese camino siempre ha sido peligroso. Y esto será así, porque cualquier estado debe promover un clima social sereno y una legislación adecuada, que permita a las personas vivir y poder contar con los medios y espacios suficientes para ofrecer a la vida de su nación sus propias riquezas, morales y cívicas. De lo contrario, sería vivir en el infierno, y en el infierno conviene ir prevenido y armado.