“El liberalismo es la suprema generosidad: Es el derecho que la mayoría otorga a la minoría, aunque ese enemigo sea débil” José Ortega y Gasset

“No estamos comprometidos con ninguna fórmula inflexible. Tampoco buscamos soluciones perfectas. No somos dogmáticos porque somos liberales” John F. Kennedy, 35º presidente de Estados Unidos

Frente al Congreso de los Diputados, sede donde debería residir la voluntad de los ciudadanos, Cayetana Álvarez de Toledo ha dado toda una lección de libertad y de liberalismo. Ya quisieran los leones que tras ella escuchaban, tener dentro del edificio que presiden personas con un talante la mitad de libre y liberal que ha mostrado Cayetana. Pero no es así, dentro del hemiciclo solo hay partidos que funcionan como sectas y congresistas que funcionan como lacayos de esas sectas. La consabida frase “El que se mueva no sale en la foto” está vigente: nadie puede tener opinión propia que no le guste al líder de la secta. El tener una opinión propia, no solo no perjudica a un colectivo – el que sea – sino que lo enriquece. Acallar ideas es de necios, tapar sugerencias de estúpidos, ocultar soluciones de marrajos.

Parecía ser que, de los tres partidos más votados presentes en el Congreso: PSOE, PP y Podemos, solo PSOE y Podemos funcionaban como sectas con una absoluta pleitesía a su líder, un líder que ponía bozal a todos los que diferían – aún para bien del partido y de España – de sus normas, mandatos y caprichos. Es malo para los países que los partidos políticos que forman su Congreso funcionen como sectas en las que cualquier voz que difiera de las normas establecidas por el líder, sea acallada. No es verdad que la variedad de opiniones entorpece la labor del partido, en todo caso, entorpecerá la autocracia del líder. Es lo que ha demostrado Pablo Casado con su destitución de Cayetana, es lo que demuestran todos los días Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Se puede tener una visión diferente del problema a tratar sin que por ello no se llegue a una solución que, por otra parte, será una solución más válida que la salida de una sola opinión, de una imposición, de una forma de dirigir basada en la autocracia, eso no es democracia, eso es aplicar la prepotencia de un rodillo dictatorial. Cuatro ojos ven más que dos.

Se nota que Cayetana ha bebido de las fuentes de la libertad constitucional y del liberalismo creador, del respeto al otro, no en balde ha estudiado en la cuna de la democracia, no en vano ha bebido de sus fuentes. Cayetana ha sido cesada por decir la verdad, por hablar con la verdad por delante, por denunciar la dictadura que hoy y aquí en España imponen los partidos políticos, partidos endogámicos y cerrados que no buscan el bienestar general, sino el poder para poder ejercerlo sin respetar al otro. Cayetana ha dado una lección de democracia y ha elevado un grito de libertad frente al Congreso, lugar en el que se supone que la libertad y la democracia son defendidas por quienes se sientan en sus escaños. No es así. Lo sucedido con Cayetana como lo que sucede un día sí y otro no en el PSOE y Podemos y en el mismo gobierno, nos retrotrae a las épocas en las que las mascarillas se ponían en las bocas de los ciudadanos, no para evitar el contagio, sino para matar la libertad.

Termino con la famosa frase atribuida a Voltaire defensor acérrimo de la libertad de pensamiento y de la libertad de expresión dirigida a Adrien Helvetius con el que mantenía profundas discrepancias: “Que abominable injusticia perseguir a un hombre por tan ligera bagatela. Desapruebo lo que dice, pero defenderá hasta la muerte su derecho a decirlo”