Al finalizar el año 1958, don  Fulgencio Batista y Zaldívar, dictador golpista, (que tenía,  sin duda, un gran sentido de la orientación política y sabía lo que le convenía,  vio claro que sin el apoyo USA, lo mejor para él era largarse de Cuba y lo hizo sin avisar a nadie. Simplemente cogió sus cosas y a su familia y tomó un avión en Columbia rumbo al exilio. El Ejército  se rindió no sin intentar antes un pacto con condiciones que Fidel no aceptó.

Fidel se adueñó de Santiago y Cuba y  la Revolución había triunfado el 1º de Enero de 1959. Pero, como el “Comandante” no se las tenía todas consigo, recuerdo su viaje “triunfal” y aclamado por donde pasaba pero no iba  en coche descapotable…--como hubiera sido lo bonito dado que la mayoría absoluta (más del 90%) era fanáticamente fidelista—sino en vehículo blindado, pues ni él se creía que ya era dueño de la Isla. Tardó una semana en hacer los 880 Km, que separan la capital de Oriente de la capital de la nación.

Yo viví la alegría de los habaneros pues me movía con toda libertad entre todos los grupos. El triunfo fidelista se celebró rompiendo todos los postes de parquímetros. Ya conocemos las celebraciones  organizadas por los “rojos” y “rojoides” cuya esencia es “destruir lo que sea, pero destruir siempre”.

Como ocurre siempre, el pueblo normal, el sencillo y trabajar sin buscar hacerse notar sed unía a la alegría general pero no sin “precaución” pues siempre tiene “reservas”  que se traducen en cierto miedo a los fanáticos del triunfador. Y muchos preferían  celebrar el cambio cerca de su casa. Yo quise vivir en su salsa esa victoria y -- como ya he dicho--  al tomarme por norteamericano nadie me preguntaba la razón de mi presencia… De niño -- ocho años—bajo el terror de la zona republicana,  en Santander, hice pasar un susto de muerte a mis tíos,  pues, con afición a los “inventos” me saqué de la manga una “bomba segadora” –a base de tapas de botes de conservas—y,  en uno de los lanzamientos una de las tapas fue a dar a la nariz de la más “roja” del Barrio que salió de una esquina repentinamente—Por suerte me tenía un afecto especial pues por mi aspecto rubial me llamaba  siempre “el rusito”—y no se enfadó… ero como yo era “el rusito” no se enfadó… En los fidelistas, me tomaron por “norteamericano” y, como  Fidel y sois seguidores les estaban muy agradecidos a los vecinos del Norte por su ayuda -- el “mito Fidel” lo creó el New York Times—y nunca me preguntaron qué hacía yo entre ellos...

Aprovecho este comentario para adelantarles  que deben  eliminar de la historia del castrismo ese otro mito que presenta a un  Fidel, “forzado a echarse en los brazos de Rusia, por culpa de la incomprensión de los Estados Unidos”. “Mito” falso en absoluto. Sin los políticos gobernantes yanquis no habría podido salirse con la suya.  Por el contrario recuerden el fracaso del desembarco en la bahía de Cochinos,  fracasó por la traición de Kennedy dejando a los cubanos libres, sin la cobertura de la aviación prometida cuando si no hubiese engañado a los patriotas que se jugaban la vida por la liberación de la Isla todo hubiera cambiado. Está por ver cuando  la noción que mejor ha servido a la Sinagoga de Satanás, ayuda a liberar un país en manos de los marxistas. Insisto en  esto porque si los pueblos que caen en  las garras de los hijos de Satanás, deben olvidarse de que nadie venga a librarlos. Vean Cuba y Venezuela y pronto Nicaragua y todo Centro América…

Las primeras semanas de Fidel como Dueño de Cuba fueron “teatro puro”, engañando incluso a los que siempre le habían “calado” y no creían en él-. Pues “disfrazado de estadista” únicamente preocupado por el progreso de su Pueblo,  y cambiando de “lenguaje” hizo ese milagro (aunque duró muy poco…)

No olvidaré nunca que un excelente amigo, constructor, anti fidelista como yo,  desde que apareció en Montcada,  conocido como “Zabala” –su apellido era “Zabalgogeazcoa”— me llamó y me  dijo: “Gil,  nos hemos equivocado, Éste Fidel es otro…no el demagogo que creíamos. Nos ha llamado a los constructores para una reunión,  pues quiere conocer nuestras opinión  de tomar medidas sobre la construcción.”… (¡Pura comedia!, pronto vio que todo era falso)

Uno de sus primeros discursos (de cuatro o cinco horas) fue el famoso: “¿Armas para qué?”, pidiendo a los cubanos que entregasen todas las armas, pues “nunca más serían necesarias”  con el “Gobierno del Pueblo”,  y el “pueblo” se tragó el anzuelo del lobo con piel de cordero…y  lo desarmó.

Otro día --con  otras tantas horas de perorata, le dijo: “Un Gobierno honrado necesita a un pueblo honrado”…pidiéndoles que declarasen de verdad “todos sus bienes" incluso los que nadie conocía, nada de “propiedades camufladas” como teníamos que hacer con los Gobiernos  corruptos y podridos que teníamos… Y el pueblo,  como borrego,  fue a “legalizar”  y  declarar todos sus bienes y propiedades…En público se vistió de “estadista” y  en el que cayeron todos los cubanos. Se vistió con piel de oveja y empezó la representación… Lamento no tener a mano la documentación que dejé en la Isla. No podía traer más de lo que saqué.

Otro día dedicó sus horas de oratoria a explicar que el Gobierno haría una “Reforma Agraria digna de la lealtad” al Pueblo y a la Justicia y pedía ayuda a todos. Faltó tiempo para que los estadios se llenaran de “tractores”: miles de tractores regalados por las  grandes empresas y por los particulares, individualmente o juntándose varios dueños de negocios más modestos…

Ese lobo pronto se  despojó de la piel y en mayo ya sabíamos a qué atenernos, y yo empecé a preparar la salida de la Isla… Lanzó la ley de la  “Reforma agraria” pero no dando tractores a los pobres para roturar y explotar las tierras improductivas y baldías, sino expropiando las magníficas fincas que hacían de Cuba un país rico,   en tabaco, en caña de azúcar, en ganado y  café, arroz, etc., y  a pleno rendimiento. Y, por supuesto,  todas las que tuvieran más de cuatrocientas hectáreas, y, luego,  las de más de treinta…se las arrebató a sus dueños.