He tenido una pesadilla horrible, sin duda mi peor pesadilla. España había entrado en una deriva sin control de ninguna naturaleza. Un Gobierno de ineficaces asistía perplejo, inoperante y bloqueado a la orgía de un virus que astutamente puso el factor tiempo a su favor y ganaba ampliamente la partida a un Ejecutivo de incompetentes, una panda de títeres en manos de un virus asesino y despiadado que se cebaba con el pueblo.

Mi horrible pesadilla comenzó visionando cómo el ejército entraba en las residencias de ancianos y encontraba cadáveres en un absoluto caos. Los supervivientes se acercaban a los soldados diciéndoles “aire, aire…”.

NOTICIA: «Los militares encuentran ancianos conviviendo con cadáveres en residencias afectadas por el coronavirus. Agentes de la Unidad Militar de Emergencias localizan fallecidos por el Covid-19 en centros de mayores mientras desinfectaban. El Mundo (23/03/2020) »

La falta de medios en los hospitales públicos hacía que médicos y enfermeras se contagiaran con el virus. Los enfermos que llegaban, con las UCIS desbordadas, muchas al doble de su capacidad, se colocaban sobre una manta en los pasillos y se les oía gemir algo así como “aire, aire…”.

NOTICIA: «Un vídeo difundido en las redes sociales muestra a varios enfermos tirados en el suelo en las urgencias del Hospital Infanta Leonor de Vallecas. En las imágenes se puede apreciar a varias personas que están tendidas en el suelo sobre una sábana. En la grabación se puede oír a los enfermos toser. El Mundo (23/03/2020)».

Primero se colapsaron los tanatorios, luego Madrid cerró la Funeraria Municipal para casos de coronavirus y, por último, comenzaron a extenderse depósitos de cadáveres en la capital. Entonces me vino la imagen del Palacio de Hielo convertido en una morgue improvisada ante las 1.263 personas fallecidas que la región acumulaba a causa de la epidemia y su gestión política.

NOTICIA: «La Comunidad de Madrid habilita el Palacio de Hielo para almacenar cadáveres ante el colapso de los crematorios. El Mundo (23/03/2020)»

El virus asesino llegó con al menos dos semanas de ventaja y al no haber encontrado resistencia alguna, campaba a sus anchas y se daba un gran festín con las personas mayores, a las que sorprendía desprevenidas y ajenas a su crueldad, ocasionando casi 500 víctimas al día en España. De manera que se habilitó el Registro Civil de lunes a domingo para poder anotar un número creciente y descontrolado de bajas.

NOTICIA: «El Registro Civil abrirá todos los días de la semana para agilizar los trámites de las defunciones por la crisis del coronavirus. El ministro de Justicia ordena que este servicio público abra de lunes a domingo, en horario de mañana y de tarde. El Mundo (23/03/2020)».

Justo antes de despertarme, empapado de sudor y aterrorizado, me vi solo en la cama de un hospital, asfixiándome, consciente de estar en la dolorosa y lenta agonía de una muerte segura, la mía. Mis últimas imágenes fueron las de la televisión que, por cierto, era gratis, todo un detalle. Hablaban de Venezuela, el modelo a seguir de una parte de los ministros y menestras que sostienen con alfileres al Presidente Sánchez.

NOTICIA: «El chavismo detiene a periodistas y médicos por contradecir la versión oficial del coronavirus. Nicolás Maduro ha cerrado emisoras por informar sobre la falta de agua y las carencias sanitarias y cerrado webs sobre la pandemia. El Mundo (22/03/2020)»

Pero todas las tardes, antes y después de mi muerte, bien el Presidente del Gobierno bien algunos de sus Ministros aparecían en la televisión pública, su televisión, en lo que era un publirreportaje o mitin político en toda regla. Con bombo y platillo alababan su nefasta gestión de la epidemia, no obstante, la pretendían justificar diciendo que no hay ningún país en el mundo preparado para una crisis sanitaria de tal calibre y que han encargado seis millones de mascarillas, que supongo serán para adornar a los muertos en lo que constituye un ejemplo de absoluta incompetencia e indignidad, porque el último reducto de dignidad y hombría de todo político que sirve al pueblo es pedir perdón, asumir sus responsabilidades y las penas previstas por la ley, abandonar la vida pública y aprender un oficio, porque ninguno sabe vivir de otra cosa que de la política.

                                                                                                                   José R. Barrios