Algo tan básico y característico de la democracia como es el sufragio universal ha sido el fruto de denodados esfuerzos y acaloradas luchas políticas que han transformado las sociedades a lo largo de la historia.

En España, después de la caída del reinado de Isabel II el sufragio censitario dio paso una vez convocadas las Cortes, a la posibilidad de que todos los varones mayores de 25 años tuviesen el derecho universal de acudir a las urnas; la Ley Electoral de 1878 recortó de nuevo esta legítima aspiración democrática, que tuvo que esperar hasta 1890 para que volviera a restablecerse.

El movimiento sufragista femenino iniciado en Estados Unidos en 1848 se culminó en España durante la II República con un intenso debate entre las diputadas Clara Campoamor y Victoria Kent, la primera en defensa del voto femenino, representante del Partido Radical, y la segunda en contra del legítimo derecho de sufragio y adscrita al Partido Republicano Radical Socialista.

En esencia el argumento que esgrimía la socialista era que las mujeres sin formación e influenciadas por sus maridos y la Iglesia  estaban incapacitadas para emitir el voto, extremo que no le impedía manifestar: “ Si las mujeres españolas fueran todas obreras, yo me levantaría hoy frente a toda la Cámara para pedir el voto femenino”; buen ejemplo de la trapacera “sublime coherencia” y de la impostada,  falaz y demagógica defensa a ultranza de la igualdad que caracterizan al irredento socialismo español.

El enfrentamiento se dilucidó con el resultado histórico de la aprobación del sufragio femenino defendido por Clara Campoamor.

El porqué de este breve recordatorio de las vicisitudes que nos han permitido conquistar el derecho de sufragio universal, se explica en que España ha entrado de hoz y coz en periodo electoral, ya sea en las Comunidades Autónomas o en la convocatoria de elecciones generales para el año2023; ahora bien, es posible que estas últimas, ante la grave situación a que nos ha llevado el irresponsable y deletéreo gobierno socio-comunista en cualquier momento tuvieran que adelantarse, lo que exige que las fuerzas constitucionales están en la obligación moral y patriótica de dejar a un lado sus inexplicables e imperdonables reyertas trufadas de pantomimas infantiles, al objeto de constituir un granítico frente común que posibilite la expulsión de esta heterogénea turba corrosiva de los intereses generales de España.

Es opinión generalizada, que lo mejor que podría ocurrir es que cuanto menos se prolongue esta legislatura guerracivilista y pendenciera, antes, los españoles tendrán la oportunidad de corregir las traiciones y desafueros de estos desalmados.

Para sanear y purificar la política es condición indispensable que cada voto emitido sea el producto de una serena y profunda reflexión, de modo que al elector como sujeto activo y partícipe del universal sufragio no se le pueda imputar el ser el enemigo más peligroso de la razón y de la libertad.

A estos socio-comunistas depredadores del orden, del progreso y de la moral hay que aislarlos a “pan y agua” en las defensivas y democráticas ergástulas durante un indeterminado tiempo hasta que tomen real conciencia de lo que representan las fabuladas “tres comidas diarias” que el tiránico Maduro proporciona diariamente al sufrido pueblo venezolano; cuando sus prioritarias necesidades fisiológicas se vean amenazadas, ¿quién sabe si renegaran de su criminal ideología?

El momento de extrema gravedad que la Nación soporta reclama que la totalidad de la ciudadanía ejerza una resistencia individual, y qué mejor instrumento, llegado el caso, que hacer un uso cabal, decente, reflexivo y categórico del voto contra la traición del gobierno socio-comunista y sus inmorales socios.

Contradigamos al filósofo e historiador francés, Taine, cuando manifestaba: “un pueblo consultado puede en rigor indicar la forma de un gobierno que le gusta, pero no aquella de la que tiene necesidad”

Honremos la memoria de los que lucharon y consiguieron el derecho de sufragio universal de los españoles, enaltezcamos su afán de igualdad bien entendida, respetemos el intrínseco valor de las heroínas sufragistas, y demos un ejemplo de madurez ética y social que discrepe en consecuencia con las palabras del padre Feijoo en su obra el “Teatro Crítico Universal”: “ En la ceguera del pueblo no cabía aplaudir sino los desaciertos”

Si seguimos estas pautas de comportamiento social, lograremos estabular a los líderes antiespañoles, a los bueyes que mugen, pero no aran, y silenciar a sus adeptos y lacayos que se hacen eco de los mugidos en forma de rebuznos constantes y duraderos.

Dejemos a esta porción de gentes sin ideas propias en la cabeza ni en otra parte de su cuerpo que disfruten de la soledad social que les corresponde en una España razonable y civilizada.