Buenos días, señores de El Correo de España:
 
El Patriotismo es un bien espiritual al que todo hombre y mujer cristiano y de bien debería aspirar. El patriotismo es el amor a la patria, en nuestro caso nada menos que España, nación incomparablemente gloriosa en cuanto a historia y tradición, marcadamente cristianas. España, que no "este país...", aunque se enfade hasta el sacerdote por nombrarla en las preces. El patriotismo es amor porque es desinteresado, espiritual, noble y no solo supone amar al lugar geográfico en el que uno nació y vive o vivió, sino a la obra que nos legaron nuestros antepasados, nuestros padres, abuelos, bisabuelos, y demás generaciones anteriores, de la que somos deudores, pues nuestro bienestar y herencia actual es fruto de su generoso trabajo y sacrificio acumulado durante siglos. El patriotismo es ensalzar y no ocultar, despreciar o deformar, las gestas de nuestros antepasados, proteger sus obras y no destruirlas, que, aunque no están presentes y no pueden alzar su voz, sí lo deberían estar a través nuestro, pues el que reniega de sus padres y antepasados, quien no ama y agradece a sus padres, independientemente de sus pecados o defectos, no es digno ni de llamarse hombre o mujer, sino miembro del pueblo de los viñadores homicidas (los católicos sabrán a qué me refiero).
 
Para inmensa desgracia del mundo en general, y de España en particular, hoy, la inmensa mayoría de las personas muestra una absoluta indiferencia cuando no desprecio, odio y rechazo por el pasado y por la patria. Unos dicen que la patria "no da de comer" o que "me ha tratado muy mal", como si la patria fuera una mala casera gruñona y tacaña. La patria no trata bien ni mal a nadie. Son las personas nacidas en su seno las que tratan mal o bien. Y, desde luego, los que odian la patria que les acogió en el mundo, la patria en la que nacieron, son los que peor tratan a todos sin excepción, pues quien no quiere a su patria no quiere a sus padres ni antepasados, ni a la obra acumulada de todos ellos, deshonrándoles en grado sumo, y no es digno ni del amor de Dios, como bien nos enseñó Jesucristo respecto al 4º mandamiento de Dios y los renegados con sus padres. Porque, ¿no es Dios mismo Padre Celestial? Y, por contra, los patriotas verdaderos son los que honran a sus compatriotas y familiares muertos con misas, oraciones, cantando "La muerte no es el final", dando cumplimento así a la metáfora del Himno de Infantería: "...le devuelve agradecida el beso que recibió".
 
Otras personas muestran una indiferencia propia de insensatos y descerebrados al decir que "no merece la pena morir por la patria" (y esto lo dijo un político materialista supuestamente patriota español de las Vascongadas), con lo que desprecian y desacreditan a los que lucharon y dieron su vida y sangre por ella, que es lo mismo que los que dieron su vida por sus seres queridos, su tierra, su libertad, su fe y sus tradiciones. Esa actitud es propia de tibios y políticos fariseos, materialistas, y desconsiderados con todo lo bueno y santo, es propia de afrancesados y jacobinos, enemigos de Dios y de España. Estos tibios y desagradecidos son como aquellos judíos que repudiaban a sus padres y antepasados por haber asesinado a los profetas antes que hacer lo propio con Dios mismo hecho hombre, tratando de aparentar que si ellos hubiesen estado allí eso no hubiese ocurrido. Su proceder es propio de los viñadores homicidas, porque el patriota también sobrelleva los errores y pecados de sus antepasados, pidiendo perdón siempre a Dios por ello.
 
También hay personas que dicen que el "proletariado" no tiene patria (como si el "proletariado" solo tuviese una voz, la comunista. Y luego hablan de totalitarismo), que la "clase obrera", como los judíos tras la diáspora del año 70, es internacional, e incluyen en sus himnos este precepto de internacionalismo judaizante. Pues bien, esa actitud es hipócrita al máximo, nada sincera, porque el amor a la propia patria, sincero y desinteresado (no porque me paguen por ello, que ni lo quiero ni lo espero. El amor con amor se paga), es verdaderamente connatural a la criatura de Dios, el hombre. La añoranza por la propia patria cuando se está lejos de ella es algo que a los españoles nadie no nos puede enseñar, porque lo llevamos dentro. Nada está más incardinado en el alma de todo español verdadero que ese sentimiento que bien expresa la canción española Suspiros de España, que hace llorar hasta el más frío corazón distante de nuestra amada tierra, aunque sea en secreto.
 
Y, por desgracia, hoy lo que más abunda es un falso "patriotismo" de banderitas, como la del criminal presidente marxista actual de España en sus mítines satánicos, guerracivilistas revanchistas, vengativos, revolucionarios y embusteros en Madrid (nunca en Vascongadas y Cataluña, allí con la bandera de los antiespañoles) y "patrimonialista", en el sentido más materialista y ateo del término, según el cual, uno "ama" a España porque en España tiene sus fincas, inmuebles, dinero, activos, riquezas materiales, clientela, votantes, poder, público, etc. Este tipo de falso patriotismo, desgraciadamente tan extendido, es tan vano como el "amor" de Judas Iscariote a su maestro en lugar de al dinero. ¿Cabría concebir como amor a los padres solo aquel a unos padres ricos, cultos, con gran "prestigio social", que financian nuestra carrera y nos coloca en buenos puestos de trabajo, además de dejarnos grandes herencias? ¿Dejaríamos de querer a nuestros padres si son o hubiesen sido pobres, humildes, luchadores y sacrificados, venidos de pueblos a la ciudad, sin estudios, discretos y sin haber gozado de favoritismo alguno y que "solo" nos transmitieron su amor, sabiduría y nos acercaron al Señor transmitiéndonos la fe en Jesucristo Nuestro Señor y su Santísima Madre? ¿Qué se puede esperar sino desprecio absoluto, incluso de Dios mismo, por aquellas personas que se avergüenzan de sus padres pobres o de un hijo o hija con síndrome de Down o de cualquier ser querido? ¿Es posible que hoy se tome por válido lo que no es más que falsa apariencia, fariseísmo, hipocresía y un interés desmedido y puramente materialista, frente a un amor sincero y apasionado por ese bien espiritual que es el patriotismo o amor a la patria, cumplimiento del 4º mandamiento de Dios, sin esperar absolutamente nada a cambio (incluso soportando palos, pedradas, insultos y desprecios por amar a la patria)?
 
El Señor nos enseñó que allí donde está tu tesoro está tu corazón. Y el corazón de todo hombre y mujer nobles está donde están sus TESOROS verdaderos e imperecederos: DIOS, su patria, en nuestro caso nuestra amada ESPAÑA, y nuestra FAMILIA y amigos. Y lo demás, lo demás es añadidura, que aquí se ha de quedar, que conmigo no lo he de llevar.
 
Un saludo, señores de El Correo de España.
Viva Cristo Emperador. Viva Cristo Rey. Arriba España, una, grande y libre.