El objetivo de VOX en las elecciones a la Asamblea de Madrid -expresado por sus propios dirigentes- era obtener una representación lo suficientemente numerosa como para que su apoyo fuese clave a la hora de conformar un gobierno autonómico presidido por Isabel Díaz Ayuso.

Pese a la satisfacción mostrada por el resultado obtenido -crecer en votos y en escaños siempre es positivo- el objetivo queda lejos, puesto que el Partido Popular ha quedado a tan solo 4 diputados de la mayoría absoluta y la capacidad de negociación del partido de Abascal va a ser escasa.

Quizá haya ayudado a quedar lejos del objetivo de ser decisivos en la formación del nuevo gobierno regional el hecho de que VOX no se haya presentado como alternativa al PP sino como una muleta, un bastón cuya única misión sea la de apoyar a los populares con tal de que no avance la izquierda.

No parece ser buena técnica negociadora declarar desde el inicio que se va a sostener en el gobierno al PP pase lo que pase, haga lo que haga la Señora Ayuso. Pero, ciertamente, no dejaba de ser el reconocimiento de lo que VOX ha venido haciendo desde su entrada en las instituciones. Allí donde las cuentas salían han apoyado siempre al PP y a Ciudadanos a cambio de nada. Gratis total.

Ninguno de los elementos definitorios de VOX, ninguno de los grandes temas que exhibe en su propaganda y le han hecho crecer, ha aparecido en las negociaciones para apoyar a los populares. Ni la inmigración, ni el aborto, ni la ideología de género, ni la memoria histórica. Nada. En realidad, no ha habido negociación ni contraprestación alguna. El PP ha gobernado en Andalucía, en Madrid y en algunos ayuntamientos como lo haría si tuviese mayoría absoluta. Y VOX ha apoyado siempre al PP sin exigirle que modifique sus políticas.

Le han apoyado siempre los presupuestos que incluyen partidas millonarias de dinero público para pagar a las clínicas privadas que llevan a cabo los abortos. Presupuestos que destinan ingentes cantidades de dinero a chiringuitos de género o a fomentar la inmigración ilegal. Cero exigencias. Concluirá la legislatura en Andalucía y la Ley de Memoria Democrática seguirá vigente con toda su carga ideológica y su sectarismo.

¿Para qué ha servido entonces hasta ahora la irrupción de VOX en numerosas instituciones? Para nada. Mucho me temo que seguirá siendo así los próximos años. En Andalucía y en Madrid.

Quienes tratan de justificar esta falta de exigencia -traición al programa lo llamarán otros- argumentan que el número de representantes obtenidos por VOX en relación con los que ha obtenido el PP son pocos, lo que deja escaso margen de presión. Será que no han oído hablar del PNV. Con un número de representantes comparativamente mucho más pequeño llevan chantajeando al PP -y al PSOE- hace décadas para avanzar en su proyecto. Un proyecto miserable de ruptura de la nación española, pero un proyecto del que están convencidos. Por eso no regalan su apoyo. Lo venden caro.

Quizá lo que falta en VOX es convicción en lo que se defiende. Quizá, detrás de los eslóganes, solo haya un discurso impostado con el que abrirse un hueco entre el electorado, pero no haya un ideal. No tardaremos en terminar de descubrirlo.