La vesania estridente, criminosa y potencialmente suicida con que se maneja el Papa Bergoglio, juega a dinamitar aún más la maltrecha situación económica y social de España. El Papa acaba de pedir, a través del encargado de migraciones del Vaticano – Fabio Baggio-, que “España regularice a todos los inmigrantes ilegales”.

Semejante petición, rayana en lo absurdo, no dejaría de ser una mala broma si no estuviera propuesta por el Papa de la Iglesia católica, y refrendada, en nuestro solar patrio, por el que se ha convertido en su partido político de cabecera…. llamado Podemos. Podemos es el “partido papal bergogliano”.

Si hace unas semanas el rector de la narco-Iglesia del barrio de Chueca, el Padre Ángel –cuyas residencias de ancianos, en manos de la ONG “Mensajeros de la paz”, registran un siniestro número de ancianos muertos y abandonados, en un caso denunciado-, felicitaba a Pablo Iglesias por su gestión de la pandemia (20 mil ancianos muertos), esta vez es Bergoglio el que lanza un capote a Podemos y a Pablo Echenique.

El inefable Echenique solicitó, hace unos días, la nacionalización de 2,8 millones de inmigrantes, sumándose a la petición de regularizar de forma inmediata a más de 600 mil ilegales formulada por Pablo Iglesias durante la crisis de la pandemia. Para Podemos, los inmigrantes se habían comportado como  “héroes”  durante esta terrible crisis, y debían tener su justa recompensa.

Pues bien, el Vaticano, mediatizado por el marxismo cultural irredento, sumiso a la pretensión auto inmoladora de Occidente, acaba de consignar un nuevo ataque a la maltrecha y decrépita España solicitando que nuestro sistema sanitario se vea más tensionado y vaciado, y el orden público más despedazado. De nuevo, Bergoglio se alía con la masonería de las grandes Logias europeas y con George Soros, para incitar a la demolición del bienestar europeo y de sus fronteras llamando a la inmigración ilegal.

El problema demográfico autóctono español, que arrastra un pésimo invierno de natalidad, donde los últimos registros lanzan más muertes que nacimientos y el índice de fecundidad más bajo de Europa (1,1 hijos/mujer frente a los 2,8 de 1976) le importa un pito al Papa, que ha decido alinearse con la mentira de las grandes corporaciones financieras: “necesitamos inmigrantes para pagarnos las pensiones”. La realidad es que, desde que se producen procesos de regularización masiva y de llegada de pateras indiscriminadas (desde los años finales de los 90), el Sistema de Seguridad Social español desembolsa más recursos, está más esquilmado y deficitario, y se enfrenta actualmente a una dura realidad: de los 10 millones de inmigrantes que registra España, apenas 3,6 trabajan y cotizan; el resto son mantenidos con subsidios y con los servicios sanitarios y educativos gratuitos cargados sobre los españoles que trabajan y cotizan. La inmigración detrae más recursos que aporta; la que trabaja lo hace en labores precarias y temporales; huye de España cuando vienen las vacas flacas y, como es fácil concluir, su contribución al sostenimiento de las pensiones presentes y futuras es una farsa.

A la farsa pro inmigracionista coadyuvan quiénes sólo desean hundir en determinados sectores los salarios a través de un “ejército industrial de reserva” (la inmigración masiva); quiénes quieren favorecer la orgía de crédito y subida de los precios; y quiénes pretenden el desempleo masivo de españoles a costa de subsidios para garantizar voto clientelar. Se trata, esencialmente, de los grandes capitales del IBEX, de los fondos buitre que desean comprar la infraestructura agraria y hotelera española a precio de saldo, y de los magnates cuyas inversiones se focalizan en ONGs destinadas a hacer el trabajo sucio de los modernos juegos del hambre; entre estos magnates sobresale George Soros, que tutela a sus esbirros subvencionados en forma de “barquitos” surcando el mediterráneo, o a “ongs filantrópicas” que negocian con las autoridades españoles la diseminación de los ilegales invasores por toda la geografía española.

El Papa Bergoglio es otra babosa más, pegada a los intereses letales de los grandes capitales contra las Naciones libres. Bergoglio no es ajeno a la cruda realidad económica y social conflictiva que vive España, donde nuestras costas han registrado, el pasado fin de semana, la llegada invasiva de más de mil ilegales y más de 200 contagiados por coronavirus que, como bien es sabido, no son internados en centros de extranjeros –que están cerrados-  y que son, debido al Acuerdo entre el Ministerio del Interior y varias ONGs, diseminados por la geografía nacional. Tampoco es ajeno a las insurrecciones violentas de inmigrantes contagiados por Covid que, ante las medidas sanitarias españolas o ante la lentitud en recibir el ingreso minimo vital, se sublevan en calles y plazas. Aun así, el Papa apoya la recepción de inmigrantes ilegales porque es parte de la agenda mundialista a la que sirve en apoyo a la masonería y a los máximos valedores de la caída de su antecesor, Benedicto XVI; Barack Obama y George Soros, los cuales emprendieron en la recta final del mandato de Ratzinger un ataque internacional contra el Vaticano y una presión sobre su Pontífice, al cual declararon enemistad y bloqueo financiero y comercial, hasta su caída.

Bergoglio pronto se puso manos a la obra para satisfacer a la progresía que lo encumbró: pidió perdón por la tarea conquistadora y evangelizadora de España en América y se entregó a los brazos de sus amigos ideológicos; los socialistas bolivarianos, de hoy y de siempre. El Papa, que recogió de manos del narco dictador Evo Morales el símbolo comunista de la “hoz y el martillo” parodiando la crucifixión de Cristo o que rezó junto a Fidel Castro en 2015 –reconociendo, el dictador cubano, que éste “era su Papa”-, es el mismo Papa sensacionalista y amarillista que llama a los fotógrafos cada vez que coge un Renault 4 y se va al centro de Roma a comprarse unas gafas de sol. Este Papa es el “Pepe Múgica” de la Iglesia; un enemigo de las fronteras nacionales vestido con la hipocresía del buenista impostado. Es un lobo con piel de cordero que rema a favor de los intereses de las ONGs financiadas y patrocinadas por George Soros; ésas que con las mafias africanas ejercen el negocio del moderno tráfico negrero en el mar Mediterráneo.

En febrero de 2020 el Papa alertó contra “los discursos populistas que le recordaban a los de los años 30 del pasado siglo”, en referencia directa a partidos políticos como Vox, Agrupación Nacional de Le Pen o Fidesz de Orban. El Cardenal español Osoro le hizo al Papa el trabajo sucio en España, y llamó contra los discursos políticos de los que “pretenden levantar muros en vez de tender puentes”. Todo un ataque contra Vox que no tardó en ser respondido por Javier Ortega Smith, que animó al Vaticano a dar ejemplo, derribar sus muros y meter dentro a todos los ilegales.

Desde una parte importante de la sociedad española se contempla con estupor como en Albacete, Cartagena y otras ciudades españoles se experimentan levantamientos callejeros de inmigrantes, batidos en conflictos violentos contra el vecindario y las fuerzas de orden público, como resultado del efecto llamada de un gobierno que les promete sanidad universal e “ingreso mínimo vital”, y que provienen de países sin ningún control médico sanitario.

Al referirse a España, Baggio - responsable de migraciones de la Santa Sede- ha abogado por la acogida de todos los “menas”, por programas de adopción familiar y por la regularización masiva de inmigrantes…Y, también, habló de la 'task-force' instituida por el Papa para trabajar por la reconstrucción de la sociedad mundial post Covid-19. "Esta crisis supone una oportunidad para cambiar el sistema mundial, económico y social, que se ha revelado con muchas fallas, sobre todo ahí donde las discriminaciones y las asimetrías en el acceso y distribución de los recursos son más evidentes. Hay que aprovechar esta oportunidad para cambiar el sistema, y proponer nuevos sistemas económicos y recomenzar otra idea de sociedad y otra idea de sistema mundial".

Han leído bien: “…otra idea de sistema mundial”.  O, en román paladino: el avance hacia la gran “aldea global”, donde el actual mandato de la “agenda 2030” de la ONU y el pacto de Marraquech sobre la inmigración (agendas apoyadas por el Papa), sean la base de un sistema internacional de gobierno en el cual una ideología se imponga. Lo terrible es que esa ideología se basa en establecer abrasivos objetivos de hegemonía planetaria al gusto de Bill Gates, de la dictadura China y de George Soros, máximos interesados en extender la égida de la “era digital”, el control de la intimidad ciudadana y la industria de la nueva tecnología “eco-friendly” cuyo máximo proveedor es la China creadora del coronavirus y del miedo global. China actúa en comandita con la corrupta OMS y el resto de gobiernos vasallos de la horda globalista, entre los cuales figura el Vaticano.

Bergoglio ha reconocido en su “magisterio” y encíclicas la necesidad de suprimir la libertad empresarial y personal a favor de una “economía verde”, “digitalizada” y pro inmigracionista o lo que es lo mismo, la dictadura verde que desea desraizar las Naciones, las industrias tradicionales y los combustibles fósiles, a favor de las filias y fobias liberticidas que sólo traerán ruina agrícola, impuestos ambientales, sustitución demográfica y cultural y tecnologías de control social a través de la red 5 G.

El calamitoso Papa vuelve a erigirse en antiespañol, en tentáculo del Nuevo Orden Mundial y en enemigo de los pueblos libres de la Europa cristiana. El Papa hace un flaco favor a un Occidente sacudido por la oleada iconoclasta de los “Black lives Matter”; por los incendios y las profanaciones de templos católicos; y por la amenaza de la Turquía de Erdogan que acaba de convertir en Mezquita a la antigua Basílica de Santa Sofia como amenaza a la cristiandad. Contra estos lastres que amenazan la supervivencia del legado de la Europa greco-latina y cristiana el Papa nada ha dicho ni condenado; ni se lo ha visto, ni se lo espera. Pero sí ha vuelto a pontificar, una vez más, a favor de la invasión inmigrante y del ataque a nuestra cultura y a nuestras raíces blanqueando la inmigración africana y condenando a los pueblos que quieren sobrevivir.

Como católico lamento la actitud del Papa y la condeno, porque ser católico es ser europeo, defensor de la verdad y, en absoluto, ser “papólatra” ni meapilas.