Saben que si no salen elegidas tendrán que recoger cebollinos o algo peor porque su albañal ideológico engrosa día a día cantidad de porquería.

 

Lo que queda de la formación pastoreada, que no liderada, por Ione Belarra, estaba acurrucada como una perdiz esperando el momento de echar a correr. Eso de que Yolanda Díaz no contara con las «chicas» de Podemos para su proyecto de SUMAR, no sentó nada bien. Belarra, Montero, Serra y demás vidas regaladas empezaban a verse fuera de la política y no dormían sabiendo que se jugaban el futuro como políticas mediocres, el escaño lo veían perdido, el sueldo, el coche oficial y la «vida padre» ya que ellas son machistas, pero con patada de buey.

El caso es que sin hacer carrera tendida han encontrado el momento de debilitar a la «Yoli» y su proyecto. Y si a eso unimos la mala fama que arrastra Ada Colau, la presunta condena que le caerá a Mónica Oltra, el desmarque de la morita melillense y la espada de Damocles que pende sobre la cabeza de Mónica García por su presunto sucio trabajo en la creación de Más País y su ineficacia en Más Madrid, pues resulta que la vicepresidenta segunda empieza a no poder adornarse con plumas cual pavo real.

Llegadas a la política, el futuro que debaten es el de la pervivencia. Han conocido y notado la comodidad de la alfombra roja. Saben que si no salen elegidas tendrán que recoger cebollinos o algo peor porque su albañal ideológico engrosa día a día cantidad de porquería. Carecen de experiencia laboral, algo que no debió permitirse en políticos advenedizos, niñatos de perrada e izquierdosos caviares. Su estancia en el Gobierno no ha aportado nada a la sociedad española, excepto la garantía de apoltronamiento para Pedro Sánchez «El mentiroso». Y eso ha sido muy duro para España.

La guerra en Podemos ha comenzado desde que Belarra y Montero contemplaron cómo Yolanda Díaz, la falsa «Varufakis» a la española, les estaba comiendo el terreno y postergando. Sabe Belarra que Pedro Sánchez se deshará de Podemos en víspera de las elecciones porque no puede presentarse en campaña electoral con andrajos ideológicos. La formación de Podemos es garantía de pérdida de votos para el PSOE y desprecio por sus dirigentes.

La ultraizquierda que representa Podemos no puede seguir siendo el báculo de la vejez socialista. Precisamente un partido donde saltan chispas y Sánchez no ha parado hasta convertir a la formación de Largo Caballero en una estructura caciquil, despreciada socialmente y rechazada institucionalmente en Europa. El presidente ha puesto junto a él las banderillas negras y las chicas de Podemos pueden estar lidiando sus últimas corridas sin picadores. Todos sabemos que Pedro es un bribón de siete suelas; es decir, pícaro, bellaco, mentiroso y traidor como nadie en política.

Ya no hay guerra fría entre las chicas de los sectores comunista y ultracomunista del Gobierno. Lo es a cara de perro y sin cuartel. La pieza que se ha cobrado Podemos es Enrique Santiago, secretario general del PCE. Unidas Podemos ya es una guerra sin cuartel, como suele pasar siempre en el comunismo vulgar, pero con ropajes aterciopelados. Ya estaba tardando la «zanahoria», como la llamaban en el cole, en pillar cacho: será la «energética republicana», Lilith Verstrynge, quien ocupe el cargo del flamante secretario general del Partido Comunista de España. De momento, la «Yoli» sale debilitada, en tanto que Podemos se refuerza momentáneamente en el Ejecutivo. Veremos por cuanto tiempo.

Belarra ha actuado a traición: aprovechando que la vicepresidenta segunda estaba fuera de España, ha cesado al secretario de Estado de eso que llaman Agenta 2030. La izquierda es vengativa y rencorosa, como siempre lo fue a lo largo de la historia de España. No duden de que Díaz y Santiago ya llevan el cuchillo entre los dientes y no lo soltarán hasta que Belarra pruebe la cicuta que ellos han recibido ayer.

La niña mimada que Pablo Iglesias tuvo en otro tiempo es la pieza de caza más preciada: le buscarán corruptelas, fallos, indignidades y si hay que crear pruebas no dudarán en hacerlo. Incluso, desde el cargo de diputado raso, que es donde seguirá Enrique Santiago, que se ate los machos la navarra porque le van a caer espárragos de punta y toda la huerta navarra. El comunismo se cobra las piezas al más puro estilo de Stalin. Al tiempo.

La marcha de Enrique Santiago traerá deserciones de Unidas Podemos. Era el diputado comunista más respetado. Ahora se queda en perro de lazarillo. Las chicas de Podemos sufrirán como canarios de alcoba y caerán en el garlito. Me explico: se dice de la persona a la que se prepara una emboscada en la que cae al fin.

Tanto Belarra como Montero y otras piezas de caza menor deberán hacerse fuertes con el rabillo del ojo. Alguna más saldrá del Gobierno sin coleta.