Me encuentro leyendo la obra España bajo la dictadura republicana, del doctor José María Albiñana Sanz, comúnmente conocido como “Doctor Albiñana”. Se licenció en Medicina, especializándose en enfermedades nerviosas, en la Universidad de Valencia, y fundó el Partido Nacionalista Español (1930-1937).

En esta obra se incluye una carta escrita el 26 de mayo de 1932 por los vecinos de Sierro (Almería), dirigida al gobierno de la República española. Transcribo textualmente la segunda parte de la carta:

 

“No es posible detallar la situación nuestra desde hace algún tiempo; ello al más duro de corazón le parecería horroroso.

Durante la ya aquí pasada primavera se ha salido al campo buscando una hierba llamada hinojo (que ustedes, excelentísimos señores, quizá ni de nombre conozcan), y con esta hierba, cocida, nos hemos alimentado. Aquí hemos considerado hasta ahora día de banquete aquel en que pudimos coger un poco de arroz y comerlo sin pan y sin otro condimento que sal abundante y pimiento molido para darle apariencia de comida. Aquí muchos, muchos, nos hemos acostado gran número de noches sin cenar y no hemos podido ofrecer a nuestros hijos a la mañana siguiente un pedazo de pan con que desayunarse. Aquí, señor presidente y señores ministros, se ha pasado y se pasa mucha hambre, sin que haya medios de acallarla o mitigarla; por eso pedimos. Pero no pedimos el auxilio bochornoso y estéril de un subsidio como el conocido en otros puntos a los obreros parados, pedimos trabajo que, siendo útil a alguien, nos dé para comer. No queremos bases de trabajo, esas bases que buscan los gandules de todas las categorías para disfrutar de todas las comodidades y fomentar todos los vicios sin prestar más que un mínimo esfuerzo, no; queremos trabajar cuanto podamos, cuanto permitan nuestros músculos, de sol a sol como estamos acostumbrados, y con un jornal de tres pesetas, si es en la localidad, o de cinco si es en cualquiera otra región; queremos, en suma, vivir y que vivan nuestros hijos a costa de cualquier esfuerzo, que no nos importa la cantidad ni la calidad de trabajo.

¿Puede y quiere el gobierno a quien nos dirigimos, ampararnos concediendo lo que pedimos con la mayor humanidad? Pues urgente ha de ser el remedio si no se quiere que un pueblo entero muera de hambre y con la mano extendida, sin que encuentre quien deposite en ella la caridad de una limosna por la que ofrecemos la máxima remuneración de nuestro esfuerzo y nuestro agradecimiento.

Que lo que pedimos no es gollería ni afán de crear dificultades, fácilmente puede comprobarse, excelentísimos señores; lo único que nos importa es vivir, sin otras ansias de ilusos o de degenerados”.

 

Ésta es la próspera y paradisíaca II República española que en el siglo XXI algunos se afanan en promocionar.