Escapismo es la facultad que tienen algunas personas para escapar de un encierro físico. El escapista es capaz de escapar de unas esposas, de una camisa de fuerza, de un tanque de agua etc. Existen también los escapistas psíquicos, es decir, los que buscan escapar de los entornos que no le son favorables. Son los que eluden responsabilidades cobardemente evadiéndose de los problemas por él causados; son los que crean problemas huyendo de los mismos. Son los que quieren aparecer siempre impolutos ante la opinión pública y para ello, en vez de afrontar los problemas, intentan escapar de ellos

El escapista físico más famoso fue Houdini que asombraba a tirios y troyanos con sus escapismos inverosímiles. No se quién fuera el más famoso de los escapistas psíquicos, si conozco aquí en España a uno que puede encontrarse entre los que mejor hacen escapismo de responsabilidades. Este escapista de toda responsabilidad que huye del problema que él mismo haya creado, para no manchar su inmaculada imagen, creando con su escapismo otro problema, se llama Pedro Sánchez y es el presidente del gobierno. Desde antes de alcanzar el gobierno de España, Pedro (Houdini) Sánchez dio muestras de una absoluta falta de asunción de sus errores (¡imposible que él se equivoque!), de una absoluta falta de responsabilidad y, apoyado por su narcisismo y egolatría y los mamporreros de turno que aplaudían y aplauden todas las marranadas, trampas y ocultamientos, ha venido perfeccionando su escapismo cobarde de cualquier responsabilidad.

El último ejercicio de escapismo de responsabilidades lo ha protagonizado Pedro (Houdini) Sánchez en Canarias donde, a pesar de haber creado el problema él mismos recibiendo al barco Aquarius repleto de inmigrantes ilegales con los brazos abiertos, ahora que la cosa pinta mal, se envuelve en la capa de mago y desaparece. Pero anteriormente, y dando muestras de su capacidad innata para escapar de la responsabilidad, abandonó el Congreso dejando al ministro Illa solo. También escapó en el verano durante los brotes de contagios que aumentaban exponencialmente. En un ejercicio de escapismo clásico apareció súbitamente en el palacio de Las Marismillas. Pero de entre todos sus  números de escapismo hay uno que se registrará en los anales del escapismo cobarde y que difícilmente podrán imitar otros presidentes de gobierno de otros países, incluso de este país que todavía se puede llamar España: La desaparición, el escape del entorno que rodeaba y rodea a todo lo relacionado con el coronavirus, a la falta de material, al abandono de las residencias de ancianos, al menosprecio de los sanitarios, al desfile de decenas de miles de muertos y centenas de miles de  contagiados. Pedro Sánchez hizo un ¡Alehop! Y desapareció del escenario de la pandemia dejando abandonadas a las comunidades a suerte y a los ciudadanos a la suerte de las comunidades.

Si Houdini viviera, su fama de escapista se vería abaratada ante la demostración de escapismo de Pedro Sánchez que es el escapismo del cobarde que no asume sus responsabilidades derivadas de sus tremendos errores, en parte porque es cobarde y en parte porque su bárbaro narcisismo y egolatría supina no le permiten aceptar que él, ungido de los dioses, pueda equivocarse. Cuando a Pedro Sánchez le cae una mancha sobre el virtual blanco inmaculado de su persona, corre a escape y desparece para no volver hasta que sus mamporreros políticos y mediáticos se la han lavado con la indecente manipulación a la que someten a los ciudadanos.