En la primera página de El País del día 21 aparecía una gran foto de Trump y compañía con el siguiente pie: Rezando por el éxito de una drástica bajada de impuestos. El Congreso de EE UU, con mayoría republicana, aprobó ayer la mayor bajada de impuestos en 30 años: 1,5 billones de dólares en una década, los demócratas protestaron al considerarla un regalo para los más ricos. En la foto, Trump y su Gabinete rezan antes de una reunión ayer en la Casa Blanca”. Y allí aparecían Trump y sus adláteres, muy piadosos, rezando con cara de no haber roto un plato en su vida.

Viéndolos, lo que yo me pregunto es: ¿a qué Dios rezarán? Al Dios cristiano no creo que se les ocurra. Jesús de Nazaret lo dejó muy claro: “No podéis servir a Dios y a la riqueza”. La idea del rechazo a la riqueza se repite a todo lo largo del Evangelio, y los primeros seguidores de Jesús lo tuvieron también muy claro. El apóstol Pablo escribe: “Porque el amor al dinero es la raíz de todos los males”. Y Santiago no se anda con paños calientes cuando se dirige a los ricos de su tiempo: “Vuestra riqueza se ha podrido, vuestros trajes se han apolillado, vuestro oro y vuestra plata se han oxidado, su roña será testigo en contra vuestra… Mirad, el jornal de los braceros que segaron puestos campos, defraudado por vosotros, está clamando, y los gritos de los segadores han llegado a oídos del Señor de los ejércitos. Con lujo vivisteis en la tierra y os disteis la gran vida, cebando vuestros apetitos… para el día de la matanza”. Sería absurdo que se dirigieran al Dios padre de Jesús esta gente que pelean como fieras por la riqueza.

Tampoco es lógico que se dirijan a Alá, el dios de Mahoma, después de las medidas tan radicales que han tomado contra los musulmanes. Eso ni se les pasa por la cabeza. ¡Contento deben tener a Alá!

Ni creo que pueda ser una oración budista. Los budistas aspiran al Nirvana, que es un estado de liberación de todo deseo y de todo sufrimiento. Siguen un camino espiritual, alcanzando la felicidad absoluta mediante la paz y serenidad de la mente y la armonía con el universo. Vamos, a Trump le hablan de camino espiritual, de ascesis y de armonía con el universo, y le da un síncope.

No creo que tengan ni idea de las religiones tradicionales de la India o de Extremo Oriente. Ellos son supermodernos y desprecian esas creencias primitivas. Y en cuanto a la Pachamama, la Madre Tierra a la que veneran los indígenas andinos, Trump desde luego no le reza, más bien la estruja todo lo que puede.

¿Quién nos queda? Pues está clarísimo, ¡el dios dinero! Ese es el dios al que realmente dan un culto fervoroso Trump y todos sus consejeros, lo mismo que la Merkel, Macron, Berlusconi, Putin… y Rajoy. Qué no trate Rajoy de engañarnos saliendo en procesión con todos los cristos y todas la vírgenes de España. Está muy claro que nuestro Presidente de Gobierno a quién sirve es al dios dinero, que le da órdenes a través de sus sumos sacerdotes, los banqueros y los directivos de las grandes empresas.

Y lo malo es que se trata de una religión muy contagiosa. Mucha gente a quien realmente adora es el dios dinero, aunque le rece un padrenuestro a san Antonio para que le toque la lotería. El problema es que, adorando al mismo dios que los banqueros, nos ponemos una soga al cuello que poco a poco nos van apretando.