Cuando se habló en la vida pública, de la toma de medidas para evitar la propagación de la pandemia; los dirigentes de Castilla y León, Madrid y Castilla-La Mancha no atendieron la propuesta de  la presidenta de Madrid para tomar medidas conjuntas en ambas Castillas y Madrid. Es de lamentar que ni el riesgo para la vida de los ciudadanos sensibilizó a los presidentes autonómicos para que cedieran su espacio de poder y coordinar esfuerzos.

Ésta noticia me hizo reflexionar sobre la esencia de Castilla. Los comuneros de Castilla lloraron desde sus tumbas cuando los redactores de la Constitución del 78, abordaron el tema de las autonomías: de los barros del 1978, los lodos del 2020.

Han pasado cuarenta y dos años desde entonces, y, el problema autonómico ha acrecentado la ingente cantidad de “desencuentros” habidos en cuatro décadas entre el Estado y las autonomías e incluso en el seno de las mismas. Para entender los desencuentros debemos comenzar por el debate sobre el concepto de regiones, nacionalidades, comunidades autónomas, ciudades autónomas, las maneras de acceder a la autonomía y, tantos contrariedades que  aparecieron desde la génesis de la Constitución hasta ahora;  que  en consecuencia, llevaron a formar un mapa de diecisiete comunidades autónomas y dos ciudades autónomas.

En consecuencia, me planteo una cuestión primaria ¿por qué no surgió una comunidad autónoma con una singularidad histórica tan clara, con el nombre unívoco de Castilla? Mil años de historia  ¿no le dan derecho a aflorar su estatus histórico y cultural? Me pregunto, también ¿Por qué se fraccionó Castilla?.

Trataré de razonarlo: se crearon artificialmente dos castillas; Castilla y León, con un cáncer de fragmentación nominativa. Y, Castilla-La Mancha, resultó una mezcla de reino-región-Quijote. Castilla-La Nueva está mutilada en origen si nos vamos a la naturaleza del sistema regional antiguo, faltándole Madrid. La castración de Santander, puerto de Castilla, ahora Cantabria y de la que no habíamos oído hablar casi desde los romanos. Logroño, que pasa a llamarse La Rioja, con la disonancia de que hay riojas cuya denominación de origen vitivinícola son vascas y en su día fueron navarras (veremos dónde acaba este problema), y, por no meternos en zarandajas patrioteras en este caso. Asturias, el origen de España tras la Reconquista. Murcia, Extremadura, o la Novísima Castilla, ahora conocida por Andalucía; con sus dos ciudades, Ceuta y Melilla, desgajadas por algo más que el mar.

¿Por qué había que dividir Castilla?, ¿acaso no me voy a sentir  castellano siendo de Madrid?, ¿no canto y bailo jotas Segovianas, siendo de la sierra Madrileña?, ¿no somos del Sesmo de Casarrubios y pagábamos para el mantenimiento del acueducto de Segovia?, si soy de Santander ¿no soy castellano?: hablamos castellano, sentimos castellano, pensamos castellano, nuestra historia común es, ha sido y será Castilla; lo dice la lengua, lo dicen los poetas, lo dicen las piedras del camino.

Los  padres de la Constitución crearon las bases para desmembrar la historia y se les aplaudió. Miguel Roca de Burdeos; Jorge Solé, de Mollet; Gabriel Cisneros, natural de Tarazona; Manuel Fraga, de Villalva; Miguel Herrero y Peces Barba, de Madrid; Pérez Llorca, de Cádiz. En 1978 diríamos sin dudarlo que son españoles —aunque Roca naciese en Francia—, ahora ¿qué tendríamos que decir? o ¿qué dirían ellos?: somos catalanes, madrileños, gallegos, aragoneses o andaluces ¿les aplaudirían por ser españoles cuarenta y dos años después? Conocida la situación actual me temo que no.

Sin duda, Castilla siempre ha sido el aglutinante de lo que fue España; a Aragón, la también mutilada y devaluada comunidad autónoma —antiguo Reino de Aragón-,  no se le reconoció el rango de como comunidad histórica, para no agraviar a sus regiones, especialmente a Cataluña. Castilla y el Reino de Aragón, trajeron la unificación de los reinos de la España Medieval y Moderna y quienes han mantenido el peso de la España unitaria.

Es bueno plantearnos desde cuándo la Historia se mide o se cuenta como si fuera un bien sujeto al mercado. En el arte se habla de cincuenta años, pero ¿cuándo nuestros “Padres de la Constitución” consideraron que era el momento para reconstruir la historia otorgando una nueva realidad: regiones, autonomías o nacionalidades. Cuando desde las autonomías mal llamadas históricas, se trata con desprecio la Constitución del 78 o se desaíra ésta por la limitaciones que hace a un posible reconocimiento de naciones sin identidad histórica y a los procesos de autodeterminación. Elevo la duda sobre el por qué éste reconocimiento no se pide por aquellas comunidades que su pasado les da el verdadero rango de históricas y asumen la voladura de un constructo inequívoco con tan solo dos adjetivos: centralistas y anti-autonómicas.

La respuesta es clara, evidente, nítida y poco relatada. La misma constitución se encargó de crear autonomías de primera, como vías de disgregación de España: Cataluña, País Vasco o Galicia. Y, comunidades divididas o disgregadas sin otro espíritu profundo que el de la españolidad y que las frivolidades de “los padres de la Constitución” crearon artificialmente, sin peso histórico suficiente y que lo único que han conseguido es crear autonomías regionales sin peso histórico que les de soporte, creando infraestructuras políticas que solamente pretenden mantener los partidos políticos, de las que formaban parte como “patres conscripti” los creadores de la Constitución y que como se está demostrando, son imposibles de mantener económicamente, porque lastran la misma existencia de cada una de ellas, refugio de políticos empesebrados que solamente viven para sus intereses, sin posibilidades de cambio estructural, por que el cambio sería su desaparición y, por tanto, la desaparición de diecisiete infraestructuras insostenibles.

Pero volvamos a hablar de Castilla, la Castilla de siempre, en una gran parte de nuestra historia hispana, historia de siglos, de luchas comunes, de intereses comunes, de vivir un modo común castellano, de las ahora, Galicia, Cantabria, País  Vasco, La Rioja, Castilla y León, Madrid, Castilla-La Mancha, Extremadura, Andalucía, Murcia, Canarias, Ceuta y Melilla; trece comunidades que tendrían de diseño, hechas con una amalgama histórica inexistente y, el fin espurio, de converger aparentes intereses comunes, algo innecesario porque lo tenían adquirido en las espaldas de Castilla.

El reino histórico de Castilla existía con particularidades, más o menos pronunciadas, regionalismos, provincias, comarcas; pero detrás de ellas había una historia cimentada durante siglos, de conquista, de batallas, de victorias y derrotas, de intereses económicos, de desgracias, de ayudas, repudios, acusaciones, intrigas, una vida común, que como todas las naciones fue creciendo durante más de 1000 años, al que se fueron forjando con el tiempo.  En unos meses los Padres de la Constitución desnaturalizaron siglos de historia. En cuarenta y tres años, la clase política, ha conseguido destruir total o parcialmente el espíritu castellano y el idioma universal, ninguneado por la funesta Constitución del 78.

Esta Castilla de la que hablamos se parece mucho a la descripción de lo que ha sido España, eso sí, con más componentes históricos: unidad de reinos e historia imprescindibles para su existencia; igual que ocurre con los otros dos reinos que  convergen con ella, Aragón y Navarra.

El espíritu Castellano, el que forma parte de España, no puede desaparecer,  porque Castilla es España y España sin Castilla no existe; esa Castilla de la que estamos hablando, la original, la de los mil años de vida, la del idioma castellano y ahora español, como lo queramos llamar, en la que se escribió El Quijote y tantas otras glorias de la literatura; la historia verdadera que están destruyendo con el estado de las autonomías artificiales, falsas, anti-históricas,  los políticos que no tienen patria sino cartera.

La teoría castellano-céntrica nos habla de una tierra que por su extensión, su topografía es, ha sido y será, reguladora de la vida nacional. Mientras Castilla siga disgregada, oprimida y callada España no volverá a ser grande y fuerte. Castilla es madre de naciones y maestra de España: “¿Cuándo hemos perdido la libertad los españoles, con todos los derechos y las ventajas naturales de esa cualidad?”¿Cuándo hemos perdido la unidad? Base de la libertad.

 Solamente la unidad identitaria fraguada con la participación de todos los territorios conjuntamente. Y, consolidada una visión conjunta de la hispanidad, podría ayudar a la reconstrucción de un sentimiento verdaderamente nacional. Como diría Ramiro de Maeztu “La reconstrucción espiritual de España es la condición más urgente e indispensable para la Nación”. El Estado español debe surgir de la moral cristiana, como concepto de la existencia de todas las naciones europeas y la experiencia histórica de España, en este caso; todo ello hilvanado por la cultura, el trabajo y el pueblo.

El Estado (Nación) es titular de la soberanía cuya legitimación de su poder debe ser atribuida por su contenido, no por el origen, como predica la titularidad del pueblo “La soberanía nacional es el reverso de la soberanía popular” —O. Redondo—. La reconstrucción espiritual de España es la condición más urgente e indispensable para la nación “Si Castilla muere, España muere, mientras Castilla esté dormida, dormirá España”.