Los datos publicados revelan que en el mundo hay ya prácticamente tantos teléfonos móviles como personas (6.800 millones de aparatos, que se acercan mucho a los 7.100 millones de habitantes en el planeta). En nuestro país, según el informe realizado por la Fundación Telefónica, 26,25 millones de españoles acceden regularmente a internet, de los que 20,6 millones lo hacen diariamente. Los datos simplemente revelan la realidad que hoy ya es: la práctica absoluta dependencia a los teléfonos inteligentes, tabletas, ordenadores y televisiones. Según Charlie Brooker, estamos rodeados de “espejos negros”, vivimos en un mundo donde la tecnología nos mantiene conectados y puede que, de algún modo, esté aflorando lo peor del género humano. Así lo muestra la serie que él mismo ha dirigido, ‘Black Mirror’, que a pesar de ser una obra maestra, pasó casi inadvertida en España cuando desde el Canal Cuatro se emitió, siendo ésta una serie que obtenido varios premios internacionales.

 
De entre todos los capítulos (un total de dos temporadas hasta el momento, de tres episodios cada una, más uno especial), merece prestar atención al último: ‘El momento Waldo’. En esta pieza se nos plantea una cuestión que pone la piel de gallina, sobre todo cuando se visiona hoy, bastante tiempo después de haber sido publicada: el papel que juegan los medios de comunicación en la sociedad, y de manera más específica, en la política.
 
Cuando ‘El Momento Waldo’ vio la luz, algunos críticos lo comparaban con el ‘movimiento Cinco Estrellas’, de Beppe Grillo: aquél humorista televisivo que se lanzó a la política italiana y que obtuvo grandes resultados. Fue en su momento una alarmante irrupción, la del cómico que con discurso fácil y altas dosis de humor consiguió hacer de sus campañas una suerte de monólogo que se ganó la simpatía de no pocos italianos. Supuso una convulsión que, pocos años después, ha quedado más bien en anécdota, objeto de estudio para sociólogos y expertos en comunicación, pero que no consiguió en absoluto regenerar la política italiana.
 
El capítulo nos sitúa en un plató de televisión, en un programa donde se comenta la actualidad política con altas dosis de sensacionalismo, donde una sección se gana la simpatía de la mayoría de la audiencia: la que presenta a un muñeco virtual, Waldo, deslenguado, burdo, que hace su particular crítica del sistema (sobre todo de los políticos), convirtiéndose paulatinamente en “la voz del pueblo”.
 

 
Rápidamente un directivo de la cadena decide explotar esta gallina de los huevos de oro, aumentando la presencia del muñeco en televisión y potenciando así la agresividad contra “la clase política”, en vista de la audiencia que genera. Se va alimentando así una gran maquinaria en la que tras el oso azul hay un equipo que analiza en cada momento las reacciones de la audiencia para seguir avivando la llama. Los ataques de Waldo (con escarnios públicos a los políticos incluidos), que en principio se centraban contra el partido conservador, van abriéndose hacia todos los políticos, siendo éste el momento en el que la dirección de la cadena se plantea seriamente la posibilidad de presentarle a las elecciones.
 
La principal apuesta del televisivo candidato es el cambio del sistema democrático y fomentar la participación de la ciudadanía a través de internet: a golpe de “click”. Y es que, precisamente, Waldo cuenta con gran apoyo en redes sociales, donde se han creado grupos organizados que le vitorean y convierten en viral cualquiera de sus provocadoras intervenciones.
 
A pesar de que todo lo que nos cuenta este capítulo transcurre en un pequeño pueblo de Gran Bretaña, tanto el directivo de la cadena como quien da vida a Waldo, tienen una reunión con un enviado de “la Agencia”, desde Washington. Este misterioso personaje propone hacer de Waldo un lider mundial. Y es en este momento cuando la conversación aporta información que hace pensar que cualquier parecido con la realidad no es casual. El enviado de “la Agencia” le advierte a los creadores de Waldo que éste jamás ganará unas elecciones, básicamente porque no viene a proponer nada y porque carece de proyecto, pero que eso no debe preocuparle: precisamente a partir de ese momento se encargarán de proporcionarle argumentos, un mensaje esperanzador, positivo e ilusionante, que tendrá como objetivo darle energía a los marginados sin asustar a la clase media. Crearían así una plataforma con mensaje de ilusión, de cambio, que será el que aglutine en torno a este producto la opinión, cada vez más homogénea, de las “clases populares”.
 
Cuando llegan los resultados electorales, Waldo queda en segundo lugar, tras el ganador conservador. El resultado ha sido evidente: a quien ha desplazado realmente ha sido a la candidata laborista, quien ya le había advertido de que eso era exactamente lo que iba a suceder. El mensaje anti-todo, sin un proyecto realista y claro, había conseguido desconectar a la mayoría de la población de la política real, que aunque con evidente necesidad de regeneración, se había visto aplastada por un producto televisivo que, si bien aportaba enormes dosis de sinceridad, no estaba generando absolutamente nada que pudiera cambiar en realidad las herramientas políticas, puesto que el único objetivo era el de crear audiencia. Y precisamente por eso los mensajes del oso azul eran agresivos, señalaban lo evidente, pero no entraban jamás a abordar las cuestiones fundamentales y mucho menos a aportar soluciones. Simplemente había hecho de la política, espectáculo, y dentro de éste, había pisoteado todo lo que tuviera que ver con el sistema: tanto lo bueno como lo malo. Había conseguido un enorme apoyo social ante el hastío y la apatía de la población, generado en gran medida por el foco de los medios de comunicación, tan preocupados en simplificar las cosas, y tan ocupados en enriquecerse con las noticias llamativas y degradantes.
 
Detrás del oso azul hay una persona que reconoce no haber tenido jamás interés en ser político. Simplemente era un profesional de la comunicación, y la política una herramienta más para hacer su trabajo. Pero él mismo reconoce que nunca tuvo vocación. Por eso cuando decide rebelarse y denunciar todos los intereses que hay detrás de Waldo, cuando rompe con todo y trata de reconducir la situación, contempla cómo el proyecto le ha superado, cómo el muñeco sigue diciendo lo mismo, cada vez más agresivo, y que ya nada puede pararle. Han sustituido a la persona, pero el plan sigue su curso. Un líder de mentira, producto de la televisión, que llega a representar “la voz del pueblo” sin más intención que adormecerle.
 
¿Le resulta familiar? Ya sabe el lector que cualquier parecido con la realidad…. es ¿pura coincidencia?.