Alexander Solzhenitsin afirmaba con clarividencia que el socialismo se asentaba en dos fuerzas íntimamente ligadas: la mentira y la violencia: “La violencia sólo puede cubrirse con la mentira, y la mentira sólo puede mantenerse con violencia”. (“¡Rechacemos la mentira!”, 18 de febrero de 1974). Violencia y mentira en inseparable coyunda, como ilustra pormenorizadamente en su esclarecedor y heroico Archipiélago Gulag con numerosísimos ejemplos. Pero no sólo. La misma realidad siniestra del socialismo o comunismo –términos intercambiables– emerge con insistencia en los numerosos testimonios recogidos por el propio Solzhenitsin en sus memorias, artículos y conferencias, y lo mismo reflejan otros escritores criados en el seno de la dictadura soviética: desde Boris Pasternak –Doctor Zhivago (1957)– a Vasili Grossman –Vida y destino (1980), Todo fluye (1989)–. O léase a Svetlana Alexiévich en Los muchachos del Zinc (1989) –sobre la guerra en Afganistán– o en Voces de Chernóbil (1997). Sobre China cabría citar también otros cuantos títulos y autores.

Hoy gobiernan en España socialistas y comunistas junto a los separatistas marxistas-leninistas de EH-Bildu y Esquerra Republicana de Cataluña. Y la historia se repite. De nuevo la mentira y la violencia contra el enemigo político. Propaganda instando al odio arrojada constantemente a la masa y deglutida acríticamente por los acólitos, azuzados con groseras mentiras contra la población que no las traga –“los otros”, “los fascistas”–.

Muy recientemente, el lunes 6 de septiembre de 2021, el gobierno activó, a través de sus altavoces mediáticos y chiringuitos afines una campaña propagandística –otra más– contra Vox a propósito de una presunta “agresión homófoba” en Madrid. Pedro Sánchez, Irene Montero y los medios siervos se apresuraron a denunciar lo que poco después se desveló como una agresión ficticia. Recordemos el apresurado mensaje en twitter del presidente del Gobierno el mismo lunes 6 dando por cierta una información que pronto se reveló falsa: “En nuestra sociedad no tiene cabida el odio. Mi rotunda condena a este ataque homófobo. No vamos a permitirlo. Seguiremos trabajando por un país abierto y diverso, donde nadie tenga miedo a ser quien es, en el que todos/as vivamos libres y seguros. Mi cariño al joven agredido”. El doctor cum fraude se tiraba a la piscina buscando mostrarse como el paladín de las minorías oprimidas, mientras ordenaba a sus esbirros emprender otra sucia campaña contra el único partido de la oposición. Veamos la cronología de los hechos:

El martes 7, de forma “espontánea”, organizaciones de ultraizquierda se manifestaron en la Puerta del Sol bajo unas pancartas que rezaban “Homofobia y fascismo son lo mismo” o “Nos están matando”, curiosamente acompañados por decenas de pequeños carteles idénticos reclamando “Justicia”. Tan espontáneos, en suma, como los del “No a la guerra”, “Sanidad pública” o cualquier otra consigna alentada por la izquierda cuando toca “calentar” la calle movilizando sus hordas de fanáticos. En este caso se pretendía, de nuevo, politizar un suceso manipulándolo a fin de demonizar a “la ultraderecha”. Y así fue. Los hechos en sí que motivaron la operación propagandística no tenían nada que ver con la política, pero eso no interrumpió la campaña que siguió. Como se atrevió a escribir un manifestante en otra pancarta: “Que una mentira no calle tu verdad”. O que la verdad no te arruine un buen titular. Lo cierto es que la denuncia realizada por la “víctima”, que incluía una incisión en el glúteo de la palabra “maricón”, se inscribía en el marco de una sesión sadomasoquista a la que el trastornado denunciante accedió voluntariamente. Pero la verdad no debía impedir la caricatura y la estigmatización de Vox, el enemigo. Del carácter netamente político de la movilización no queda ninguna duda. Recordemos una de las consignas gritadas el miércoles 8 en la puerta del Sol: “¡Madrid será la tumba del fascismo!”. A pesar de que ya entonces se conocía la realidad del bulo.

Se repetía así la secuencia de acusaciones promovida por la izquierda en julio de este mismo año en torno al asesinato en La Coruña de Samuel Luiz, un chico homosexual pateado hasta la muerte por una pandilla de jóvenes. Recuérdese que aquí la izquierda también acusó a Vox de alentar el crimen, pese a que luego se desveló que varios de los implicados pertenecían a la ultraizquierda. Y por supuesto, nadie se retractó nunca de las insidias vertidas hacia el partido dirigido por Santiago Abascal. Como cuando, a fin de influir en las elecciones en la Comunidad de Madrid del 4 de mayo, la izquierda acusó falsamente a Vox de estar detrás del envío de balas por correo a la directora de la Guardia Civil, a Pablo Iglesias y al ministro Grande-Marlaska, y una navaja ensangrentada a la ministra Reyes Maroto. Todo convenientemente archivado, como el ataque al mitin inaugural de Vox en Vallecas. Aunque este sí fuera real y en él participasen matones del partido comunista Podemos, presidido entonces por el hoy articulista de Gara –el diario de ETA y tertuliano de la SER, Pablo Iglesias Turrión.

El martes 7 de septiembre el presentador de Telecinco Jorge Javier Vázquez utilizó el programa de telebasura Sálvame que dirige para descargar sus prejuicios ideológicos sin freno, pretendiendo asustar a la audiencia con un relato apocalíptico: “Por primera vez no me siento seguro a la hora de salir según por qué sitios a según qué horas […] Llegué a Madrid hace 25 años y jamás sentí miedo, llegué a una ciudad donde imperaba la libertad, ser feliz y dar rienda suelta a mis sentimientos. Creo que ese Madrid ya no existe y entiendo que ese sentimiento en muchos puntos de España se está perdiendo. Empiezo a vivir intranquilo en esta ciudad". Para, a continuación, en total sintonía con la campaña orquestada por el PSOE y Podemos, promover la difamación de la oposición política: “Vamos a ir a más porque hemos sido tolerantes con los discursos de odio”. Empezando por él –véanse sus sectarias declaraciones el 24 de junio de 2020 en el mismo programa–. No en vano su última e inflamada perorata concitó el apoyo del comunista Echenique en twitter: “Esto de Jorge Javier es importante. Porque refleja una peligrosísima involución democrática”. Haciendo valer aquello de “si el sabio critica, malo; si el necio aplaude, peor”. Recuérdese cómo el mismo Echenique disculpaba la salvaje pedrada a la diputada de Vox Rocío de Meer en Sestao durante la campaña autonómica vasca: “Sólo hizo falta un poco de ketchup para que se tragaran un bulo como una catedral”. (Twitter, 28-06-2020). Por supuesto, Twitter no cerró la cuenta de Echenique. Cómplices como son de los delitos de odio de la izquierda.

El miércoles 8 de septiembre en el Canal 24H de RTVE, el ministro del Interior Fernando Grande-Marlaska alentaba la estigmatización de Vox acusando ladinamente a la formación de estar detrás de la pretendida “agresión”. Por supuesto con la complicidad de la cadena gubernamental pagada con el dinero de todos. Valga decir que el periodista lacayo responsable de la entrevista la iniciaba sin contrastar la noticia y dando por cierto el detallado relato del diario comunista Público y la agencia de “verificación de noticias” Newtral: “Como sabe, la agresión homófoba en Madrid ha conmocionado al colectivo LGBTI. Sobre todo, por su violencia; ocho encapuchados atacan a un chaval de 20 años en su portal, le cortan el labio, le marcan con un cuchillo la palabra “maricón” en el glúteo…” Ministro, ¿qué está pasando?”

Un enfoque muy “orientado” al que el ministro, a pesar de contar con información de primera mano y saber que todo era falso, respondía así: “Pues estamos observando en los últimos tiempos un aumento de las agresiones […] en el ámbito LGTBfóbico […] un comportamiento mucho más violento como el que has descrito […] y que es preocupante porque (estas agresiones) son consecuencia de un caldo de cultivo que se va generando en una sociedad con conductas, con manifestaciones, con discursos tanto en el ámbito público por algunos representantes, en las redes sociales […] actitudes que van generando una situación […]”. Como cuando se deslizan insidias para criminalizar a un partido político, que van generando una situación que desemboca en la legitimación de la violencia en cualquiera de sus formas contra los ciudadanos que puedan tener determinadas ideas o que muestren su apoyo a un partido concreto contrario al gobierno.

Pero ¡ojo al modo en que el joven “periodista” prosigue la entrevista!, sugiriendo el linchamiento de quienes el gobierno considere responsables: “las asociaciones LGTBI les piden contundencia […] Hoy en el Congreso el presidente Sánchez ya ha avanzado que el viernes van a aprobar un nuevo plan de acción y que van a actualizar los delitos de odio. ¿Qué nos puede avanzar? ¿Cuál va a ser la respuesta del gobierno?”.

Recuérdense aquí las infinitas ocasiones en que el partido socialista y sus adláteres mediáticos descartaban, criticaban o condenaban legislar o actuar “en caliente”. Por ejemplo, cuando se producía un atentado terrorista de sus actuales socios de gobierno.

Ahora, en cambio, el ministro homosexual –“maricón” según su compañera de partido y fiscal general del Estado, Dolores Delgado– del gobierno criminal de P. Sánchez se apresuraba a anunciar un segundo plan sobre “delitos de odio”. Sin incluir, desde luego, como discurso de odio su ladina entrevista televisada.

La siguiente “pregunta” ni siquiera disimulaba el carácter tendencioso de su emisor y la pretensión de acusar y estigmatizar al único partido político de la oposición: “Todos los partidos políticos han condenado las agresiones homófobas de estos últimos días […] pero hay un partido, Vox, que la vincula a la violencia de la inmigración irregular. Como ministro del interior, le pregunto, ¿es así?”

A lo que como un resorte contestaba Marlaska: “Evidentemente no es así”. Por descontado, sin aportar ni un solo dato en torno a las violaciones de bandas de extranjeros en los últimos años. Y sin mencionar que los medios evitan informar sobre la nacionalidad o etnia de los agresores cuando son inmigrantes o gitanos, que el gobierno ordena a la policía no divulgar esos datos y que los políticos los ocultan a la ciudadanía por sistema desde hace lustros.

Pero sigamos con la entrevista. La insistencia del periodista en hacer una lectura política del suceso es interesante: “Varios partidos señalan a Vox por instigar las agresiones, por su discurso. ¿Usted también lo cree?”. Y aquí va la acusación del ministro: Hay discursos que están en el límite de lo que es procedente y oportuno y de lo que no. Que están en ese límite de lo que nuestros valores democráticos (establecen que) es admisible o no. […] Cuando se pone en tela de juicio por la ultraderecha, por Vox, leyes de derechos civiles, […] cuando se habla del pin parental […], cuando el respeto a la diversidad no forma parte del ideario político en primera línea […] genera ese caldo de cultivo del que hablaba (para las agresiones)”.

Así que, puestos a admitir lo que determine como aceptable o inaceptable el ministro de Interior, lo que queda meridianamente claro es que la “tolerancia” es un valor móvil en función de quién y sobre qué lo establezca. De hecho, Marlaska repitió dos veces que “debemos ser todos muy beligerantes en defender la diversidad, la dignidad humana y los derechos fundamentales […] –lo que no aplica a Vox, claro está–. Rematando: “Hay cuestiones sobre las que no se puede admitir reserva alguna”. Para eso está la izquierda; para decidir sobre lo que se puede o no se puede discutir.

El jueves 9 de septiembre el portavoz de Vox, Iván Espinosa de los Monteros, respondía a la capciosa pregunta de una periodista alineada con su colega del canal 24 horas: “¿Usted cree que tratar de proponer el pin parental, evitar que se enseñe diversidad en las escuelas, oponerse a que cuelgue la bandera LGTBI puede contribuir, si no a este tipo de ataques, sí a que esta sociedad sea menos tolerante?”.

¡Y cuidado que ya se sabía que el presunto “ataque” no lo era! Pero ahí está el periodismo adicto erre que erre insistiendo en que Vox, de alguna forma, era culpable. Lo explicaba en su respuesta el mismo portavoz de Vox: “Oponerse a las políticas de los colectivos subvencionados LGTBI no es ser homófobo, oponerse a los chiringuitos de lobby feminista no es ser machista, oponerse a lo que opina la izquierda no es ser fascista. Hay todo un sector de esta sociedad que todavía no ha entendido que el consenso no consiste en que hagamos todos lo que dice la izquierda o el separatismo, la democracia consisten en opinar de manera distinta y cuando uno opina de manera distinta no atribuirle delitos […] Ni vamos a renunciar a ninguno de nuestros postulados ni vamos a renunciar a ninguno de nuestros principios. Los vamos a seguir defendiendo porque eso es lo democrático y porque representamos de una manera creciente a media España, la media España que no es ni de izquierdas ni separatista”.

Entre tanto, la mayoría de medios de comunicación, partidos políticos y organizaciones LGTBI silenciaban la brutal agresión en Velada (Toledo) a Miguel Ángel Berraco, un simpatizante homosexual de Vox, el domingo 5 de septiembre, al grito de “¡maricón!”.

Efectivamente, hay quienes todos los días socavan la libertad, impiden la democracia y promueven el odio... Se llaman “socialdemócratas”; “mentira y violencia” es su divisa.