En el Manifiesto Comunista Marx y Engels, además de ratificar la legitimidad del uso de la violencia para lograr el poder y justificar la dictadura del proletariado, establecen como estrategia en los países más avanzados para acabar con la propiedad privada, además de la centralización de los medios de producción y la nacionalización de la banca y la tierra, el establecimiento de una fuerte fiscalidad progresiva y la abolición del derecho de herencia. De hecho, Stalin usó una alta fiscalidad junto a las nacionalizaciones para imponer la economía centralizada soviética en los Países del Este que conquistó tras la Segunda Guerra mundial.

El economista de cabecera de la progresía actual, Thomas Piketty, propone lo que llama un "socialismo participativo", que prevé la abolición del derecho de sucesiones, la entrega de un peculio universal al cumplir los 25 años, la renta básica universal, un nuevo marco para la propiedad empresarial y por supuesto impuestos a mansalva. En definitiva, lo mismo que proponían Marx y Engels a finales del XIX. Los mismos perros con diferentes collares. Sólo que ahora se añaden los señores capitalistas del Foro de Davos para hacernos creer que vamos a ser muy felices no teniendo nada y que serán el Estado y las grandes corporaciones las que nos liberen de  esa pesada  y alienante carga que es la propiedad privada.

Es mentira que en España paguemos impuestos moderados. La izquierda vende este tópico en atención al porcentaje del PIB que se recauda vía impositiva. Pero si tenemos en cuenta el porcentaje de la población que paga esos impuestos y el porcentaje de los ingresos o beneficios, con la parte que se lleva el Estado, lo cierto es que, según la Tax Foundation y del Instituto de Estudio Económicos (IEE), las empresas españolas soportan un 11,1% de presión fiscal frente al 9,6% de media de la UE, y los trabajadores pagan un 39,5 %, más de 4,5 puntos por encima de la media de la OCDE. 

Ahora le ha tocado a la vivienda. Es decir, a los ahorros de los españoles. La Ley de vivienda que nos ha anunciado el Gobierno social-comunista no va dirigida contra los fondos buitre, que controlan tan solo el 1% del parque de viviendas en España. La rebaja por parte del Estado de los alquileres o su congelación supone un atentado contra la propiedad privada y las expectativas de riqueza, no del gran capital, sino del ahorrador de la clase media. El 68 % de los españoles tiene una vivienda en propiedad, un 27 % tiene una segunda vivienda, generalmente vacacional, y cerca del 12 % arrienda a tiempo completo o temporal para completar sus ingresos. La estructura española de la propiedad inmobiliaria nada tiene que ver con la alemana. El reciente referéndum celebrado en Berlín sobre la regulación de alquileres que desde la izquierda se pone de ejemplo afecta sólo a grandes tenedores. Pero allí, lo que aquí la izquierda considera grandes tenedores, propietarios de 10 o más viviendas, y si hacemos caso a Podemos, de 5 o más, es un chiste. En Berlín la principal inmobiliaria dedicada al alquiler tiene en propiedad más de 100.000 viviendas. En España los social-comunistas además no se hace distinción entre ciudades como Barcelona o Madrid y, por decir algo, Zamora y Jaén. No hay que ser muy listo para entender que tratar por igual al propietario de 10 apartamentos en Madrid que al de Zamora, no se le ocurre ni al que asó la manteca. Pero es lo que nos toca, tenemos unos gobernantes sectarios, fanáticos y además imbéciles.

La ultraizquierda en el Gobierno nos cuenta que el acceso a la vivienda es una necesidad básica y por ello justifican la regulación estatal de los alquileres y las viviendas vacías.  Más necesario es comer. Y la inflación está aumentando de forma vertiginosa. ¿Van a fijar también los precios de los alimentos básicos, como pan, azúcar, fruta, verduras, legumbre, carne (si nos la dejan comer) y pescado? Viendo lo bien que lo han hecho con la electricidad, “Podemos” prepararnos a pasar hambre y frio. Fue el sistema de la Unión Soviética y sus satélites de Europa Oriental que les permitió llegar a las altas cotas de bienestar que todos conocemos.

La reducción de la clase media es un fenómeno que no solo afecta a España. Todos los movimientos que llaman populistas y que han nacido en Europa y que en Estados Unidos ha capitalizado Trump, traen causa del descontento con el fenómeno de la globalización, que priva a trabajadores, pequeños empresarios y ahorradores, los principales integrantes de la clase media, de su nivel de vida, reduce sus ingresos y lamina sus ahorros. Esta es la verdadera lucha de clases de hoy en día. La lucha de la clase media contra las elites económicas y políticas que la esquilman y contra los parásitos sociales que viven de su trabajo y su ahorro. Lo curioso del caso es que, siendo esta clase media abrumadoramente mayoritaria, aplaude y vota a quienes la saquean, escupe sobre quienes la crearon y mira con desconfianza a quienes defiende su futuro.  A lo mejor es que lo que se merece es comer mierda a paletadas, a ver si espabila.