No deja de tener su importancia que España comience el año con el solemne y tradicional acto de la Pascua Militar, acto que reúne en el Salón del Trono del Palacio de Oriente a todo a la estructura institucional de la España que no funciona: los Reyes, el Gobierno, las autoridades civiles y a una representación de los tres ejércitos.

Digo que no deja de tener su importancia, por más tradicional que sea el acto, por cuanto dicha celebración sirve para hacer balance del año que termina y marcar las líneas de acción para el año que comienza en el seno de la institución castrense. Balance y proyección que tiene como objetivo dar cuenta de la capacidad operativa de las Fuerzas Armadas en los cometidos que tienen asignados.

Capacidad operativa que va más allá de asistir en los desastres naturales o como cooperantes al Dividendo de Paz Internacional, porque su cometido fundamental es dar respuesta: 1º. A la balcanización de España, con dos regiones alzadas contras la unidad nacional. 2º. A la afrenta al costado de la patria que es Gibraltar, asunto olvidado del que se ocupaba José María Carrascal con un significativo título… “Y del asunto de Gibraltar, ¿qué?” (ABC, 19 de diciembre de 2021). 3º. A la situación de Ceuta y Melilla, plazas españolas que nadie descarta que pasen a soberanía marroquí en un plazo no muy lejano, así como a la osadía del Moro respecto a Canarias, perfectamente puesta en evidencia por Puebla en su Viñeta (ABC, 29 de diciembre de 2021). 4º. A la protección de nuestras fronteras, continuamente asaltadas, cuya tropa de asalto convertirá España en una distopía.   

Y si estas cuatro cuestiones esenciales no conforman en el quehacer de nuestras Fuerzas Armadas, obviando el peligro que representan para el futuro de España, mejor haríamos en disolver los Ejércitos, y convertirlos en enfermeros, ayas y bomberos.