Desde que este malvado gobierno, dirigido por odiosos revanchistas que solo pretenden reescribir la historia desde los despachos, imponiéndonos la ideología con la que no fueron capaces de domeñarnos años atrás, asumió la dirección de los destinos de España estamos siendo gobernados por la anti-España.

Todos y cada uno de los partidos, grupos y grupúsculos que rinden pleitesía a los social-comunistas que nos gobiernan, han demostrado, a lo largo de los años, su odio eterno a España, a su historia, a sus costumbres y a todo lo que ella significa.

Si analizamos quien toma las decisiones en el Congreso de los Diputados, veremos que, la inmensa mayoría o bien han demostrado su anti-españolidad a lo largo de los años, o bien son, literalmente, tontos de baba.

Empecemos por el partido mayoritario, el Partido Socialista Obrero Español, vulgo PSOE. Pese a que no hay que ser doctor en Historia, ni mucho menos, para saber el mal que tradicionalmente le ha causado a España desde su fundación; al menos, en los tiempos de Felipe González y de algunos otros socialistas de cuya españolidad no es lícito dudar, ese funesto partido había cambiado la cara, aproximándose a lo que debe ser, un partido de izquierdas, necesario en todo escenario político, olvidando las derivas internacionalistas de las que siempre había hecho gala.

Sin embargo, aquel eslogan de “100 años de honradez”, muy discutible con solo examinar páginas de nuestra historia, tales como la “Semana Trágica”, las huelgas salvajes del 17, el golpe de Estado contra la República en 1934, la guerra civil o, mucho más próximo en el tiempo a nosotros, aquellas reuniones en la clandestinidad que mantenía con la ETA, en vida del General Franco, que tuvieron a los socialistas como parte de su elenco de protagonistas o, al menos, cooperadores necesarios, indica bien a las claras de quien estamos hablando.

Pese a todo, repito, durante los años del gobierno de Felipe González, aquella deriva anti-española quedó aparcada y, con errores y aciertos, contribuyeron, en buena medida, a asentar la democracia en España.

Hoy, este partido ha regresado a los planteamientos de 1934, haciendo que España ponga rumbo a los mares más oscuros y tenebrosos, similares a los que querían dirigirnos en 1936.

Poco hay que decir de Podemos, miserables y canallas, como buenos comunistas que siempre odiaron a muerte a España, por el simple hecho de no poder dominarla y atraerla a su ideología caduca y liberticida.

Estos, son los mismos que alentaron aquella invasión del maquis; los mismos que, siguiendo los dictados del Comité Central, trataron de dañar a España en todo lo que han podido a lo largo de los últimos años; los mismos de cuyas filas salieron asesinos tan deleznables como los del FRAP o los del GRAPO. Así que, poco se pude decir más de ellos.

Junto a estos dos, que son lo que rigen los destinos de España hacia la ruina, oprimiéndonos, limitando nuestras sagradas libertades, tratando de imponernos una ideología y una cultura únicas, tapándonos la boca para que no podamos hablar, se encuentran otros, su macabro mariachi, cuyo único objetivo es dinamitar España, haciéndonos pasar de ciudadanos a esclavos.

Veamos, pues, quienes son esos otros.

Comencemos por el Partido Nacionalista Vasco, vulgo PNV. Un partido claramente independentista, antiespañol, que solo vela por sus oscuros intereses, amparándose en una supuesta superioridad de la llamada “raza vasca”, aquello que defendía el “ínclito” Sabino Arana, su fundador. A estos, jamás les preocupó España ni los españoles, tan solo les hemos servido, incluso en tiempos de Franco, que veraneaba allí, para que una buena parte de la riqueza nacional se alojase en sus provincias y que el resto de los españolitos -los maquetos- fuésemos allí a dejarnos la piel para que ellos medrasen.

Otros que bailan al mismo ritmo, incluso peor, son los que forman ese conglomerado de partidos catalanes. Unos personajes, condenados por golpistas una buena parte de ellos, que su único objetivo es romper la sagrada unidad de España, eso sí, a costa del dinero del resto de los españoles. Encima, estos bellacos, se permiten el lujo de decir públicamente que no son españoles, pero todos ellos cobran sus sueldos de nuestro dinero. Por cierto, no hay que olvidar que en las filas de algunas de estas formaciones militan los herederos de aquella “Tierra libre” -ellos le llamaban de otra forma, pero como yo no entiendo el “catalonio” y lo que es más importante, paso de entenderlo, utilizo el maravilloso idioma de Cervantes para recordar aquella banda terrorista.

Poco hay que decir del Bloque Nacionalista Gallego, de Compromiso -ellos también le llaman de otra forma que a mí no me da la gana de pronunciar-, Más país y demás tropilla, que persiguen los mismos objetivos que sus demás socios independentistas o de la izquierda radical.

Por supuesto, lo más sangrante es que en la cámara esté representado un partido como Bildu, que jamás ha condenado a sus correligionarios, los asesinos de la ETA, y que se atreven, sin recato, a tributarles todo tipo de homenajes sin que nadie levante la voz y encima se muestran ufanos y orgullosos.

Finalmente, otros como la CUP, herederos de los anarquistas que tanto dolor causaron a España a lo largo de la historia; los de Teruel, que no se sabe muy bien que intereses defienden pero que desde luego no son los de España, hasta el punto de que muchos como yo, que en otro tiempo deseábamos conocer Teruel, ahora no iríamos, aunque nos regalasen el billete y la estancia.

Junto a estos, los canarios que tampoco se sabe muy bien a que partida juegan, hoy al chinchón, mañana al tute subastado, pasado al julepe, eso sí, sin cambiar siquiera de baraja.

Estos, junto con los de Ciudadanos, gente sin honor, una formación afortunadamente en trance de desaparición, que son como esos que pasan por allí y votan aquello que más les conviene para seguir en la poltrona.

Todos estos -perdón si me he comido alguno, pero así vomitaré menos-, son los que, con el insano deseo de destruir lo que queda de España, para poder convertirla en unos reinos de taifas en los que ellos se conviertan en sus amos, al más rancio estilo feudal, secundan cada una de las medidas arbitrarias e injustas de este gobierno malvado.

Pero que nadie se olvide que la responsabilidad no se contrae solo por acción, también por omisión y así, nos encontramos con un partido Popular -aquel del voto útil- que más se parece a aquellos compañeros de nuestras pandillas juveniles que, cuando les proponíamos hacer un guateque o salir de marcha de fin de semana, respondían, encogiéndose de hombros, aquello de “a mí, me da igual”, es decir, “me abstengo, hacemos lo que queráis”. Solo que, claro, aquello era un problema doméstico y este otro es el futuro de España.

Lo grave, es que todas estas posturas se adoptan no por el bien de los españoles, sino, simplemente, por los intereses de sus banderías políticas. Unos, para seguir en la poltrona, cobrando sueldos de fábula, y otros para no mojarse y poder presentarse a las próximas elecciones inmaculados. Así no va.

Lo cierto, y sería injusto pasarlo por alto, los únicos que defienden los sagrados intereses de España, son los de VOX y conste que yo no pertenezco ni a ese partido ni a ningún otro ya que no creo en ellos, pues me niego a mirar la realidad con un solo ojo.

Pese a todo, incluso pese a esta bandería de miserables de los que he hablado, si alguien me pregunta aquello de “sí usted no hubiera nacido en España, ¿dónde le habría gustado nacer? La respuesta no tendría la mínima duda, naturalmente en España, pues, como decía José Antonio Primo de Rivera, “ser español, es una de las pocas serias que se puede ser en este mundo”, pese a estos malvados que nos representan, a los que nuestra Patria no les importa lo más mínimo.