Desde mi punto de vista el régimen del 78 está muerto. La cuestión es cómo enterrarlo. Es en lo que estamos desde -lo que para mí fue- el golpe de estado del 11-M de 2004, que inició la Segunda Transición.

Los partidos (Podemos, PSOE, C’s, PP) que dirigen la Segunda Transición, estoy convencido de que hasta el presente han ido embistiendo contra la separación de poderes (mordaza al legislativo y control del judicial), se han lanzado al control de los medios de comunicación (comités de control audiovisual, decreto de medios digitales, suministrándoles dinero público...), han cambiando el código penal (delitos de odio, memoria histórica...), han cercenando  las libertades y derechos fundamentales (libertad de reunión y manifestación, de expresión, de circulación...), incluso han operado contra la limpieza de los procesos electorales (dando el control de la contabilidad de los votos a empresas que están implicadas en supuesta manipulación del voto en varios países como Estados Unidos o Venezuela).

Ahora, ha llegado el momento de sitiar a la dinastía y acometerla. El problema de base es que el Régimen del 78 unió monarquía con dinastía. Las consecuencias las estamos viviendo. El actual Gobierno (Podemos, PSOE, C’s, PP) nos está llevando a la disyuntiva de tener que escoger entre monarquía o república. Soy de la opinión que el actual rey, cabeza de una dinastía concreta, ya ha pactado un intento de supervivencia para evitar lo que le sucedió a su bisabuelo, que consistiría básicamente en:

Mantenerse en su puesto a cambio de aceptar la conversión de España en una confederación de estados independientes. Estoy convencido que esta confederación de estados independientes bajo la forma de monarquía -por Felipe VI encabezada- sería sólo un paso rápido hacia la república confederal.

Esto no es novedad. El experimento ya se llevó a cabo en Yugoslavia y en la Unión Soviética cuando se transformó en la CEI. Y todos sabemos cómo acabaron estas experiencias: desintegración, guerras entre estados y guerras civiles (las guerras en Ucrania y en Armenia-Azerbaijan son coletazos de todo aquello). Estoy convencido que lo mismo pasará en España.

Tal como lo veo, estamos en una situación límite, al borde del abismo y los que realmente pueden evitar esta catástrofe (porque para eso tienen orden constitucional) callan. Lo que es lo mismo, aceptan y colaboran en esta transición diseñada y dirigida.

Llegados al precipicio, para mí la raíz del problema está en la actual dinastía, que fue un problema desde el minuto uno. Esta es mi síntesis del asunto:

El entonces príncipe Juan Carlos juró fidelidad a los Principios Fundamentales del Movimiento. Estos principios representaban los ideales que habían impregnado el franquismo desde 1936 y que fueron actualizados en la constitución aprobada en referéndum  el 14 de diciembre de 1966 (95.86% de los votos emitidos, con un 88.79% de participación del censo).

La Constitución de 1966 era básicamente el manual que debía regir las vidas de los españoles consagrándolas en torno a la Patria, a la Familia y a la Religión Católica. Y Carrero Blanco intentaba una reforma del franquismo según estas líneas. Pero su asesinato rompió este camino que era la verdadera reforma.

Con el cuerpo de Franco “todavía caliente”, Juan Carlos volvió a jurar -delante de los Evangelios y ante el Presidente de las Cortes Rodríguez Valcárcel- los Principios Fundamentales para así poder ser Rey de España. Sólo por este juramento el Reino representado en Cortes le reconoció como rey. Era claro que de no jurar no sería rey y de faltar a su juramento, dejaría de serlo.

Acto seguido Juan Carlos faltó a estos dos juramentos antedichos para poner en marcha la llamada Reforma Política o primera transición, que rompía con la senda reformista puesta en marcha por Carrero. La llamada Reforma Política fue en realidad una ruptura camuflada. El siguiente paso fue la actual constitución (aprobada por el 91,81 %  de los votos emitidos con un 58,97 % de participación del censo) y pergeñada por una élite, para mí hostil a la Patria y a la Familia y a la Religión Católica. Desde 1978 hasta aquí ¿acaso no se ha legislado permanentemente contra la patria y su unidad, contra la familia y contra la religión (en todos los ámbitos económicos, culturales, educativos, sociales…)?

El siguiente paso se dio muy rápidamente, incluso ya antes incluso de que se aprobara la funesta Constitución del 78: se concedió a las élites regionales la configuración de órganos preautonómicos.

Apenas tres años después de aprobada la Constitución el Nuevo Régimen estaba en estado de implosión. Es aquí donde encaja el 23-F. Probablemente (J. Palacios, P. Urbano, por ejemplo) el rey Juan Carlos era el “elefante blanco” del 23-F. Un autogolpe para embridar el Nuevo Régimen. Pero cuando el mal gálico está en la médula ósea, la respiración asistida sólo hace que la enfermedad se extienda y los gusanos acaben enseñoreándose de un cuerpo podrido.

Pero si dirigimos nuestra mirada a la defensa de España nos encontraremos con una situación similar o peor. El día 2 de noviembre de 1975 el Príncipe Juan Carlos se presenta en el Aaiún para, según las declaraciones oficiales y de las agencias de noticias, “arengar a las tropas”. Les dice que España cumplirá sus compromisos, protegerá los legítimos derechos de los saharauis, la integridad de España, “ya que nuestra misión en el mundo y nuestra historia nos lo exigen”.

Entre tanto en enero de 1976 su padre Juan de Borbón negociaba con Hasan II. Parece ser que ya durante la II Guerra Mundial Don Juan había entrado en negociaciones con norteamericanos y británicos para establecer un gobierno independiente en las Islas Canarias, a ejemplo de Taiwan en la isla de Formosa. En 1941 el gobierno británico ya tendría preparado el plan de invasión de las Canarias.

Para mí todas estas acciones de Don Juan y de su hijo, faltando a los juramentos dados a Dios y al Reino o consintiendo la invasión y pacto con el marroquí son actos de felonía y traición.

Nunca el hispano pueblo ha sido tan ultrajado como hoy. Y a pesar de todo hay algunos que siguen apostando por una dinastía que, desde que está sentada en el trono español, hemos tenido más pérdidas que días. Y dicen estos que la alternativa sería la república. Yo digo que no es cierto.

Hay otro rey. Un verdadero rey y padre de la Patria que a todos puede unirnos, y este sí que estaría dispuesto a dar su vida en defensa de España y de los españoles.

Un rey de otra dinastía, dando forma a otra monarquía cuya máxima referencia se sitúa en Dios. Y así se despliegan todas las leyes humanas y las instituciones públicas y privadas, dando forma a una auténtica sociedad estructurada según su orden y forma natural: las familias. Y en el vértice está la familia real con el pater familias al frente coronando el edificio social. Este rey es un dique contra los poderosos de este mundo. No dudéis que con este rey España volverá a ser la Hermandad Universal que un día fue, dando Luz al mundo. Este rey existe, Don Sixto, y es el autentico sucesor de la Dinastía Histórica y de la institución monárquica. Éste, jamás nos hará traición.

Españoles, ved que ahora esclavizados estamos, cautivos de los señores de las prisiones. Marte nos amenaza y nos encarcela, pone cerco contra nosotros. Dejemos de ser negligentes, salgamos de la pasividad, salgamos de los encierros, demos alas al corazón para que labren las saetas. Que el Rey nos oiga el día que lo invocamos. Majestad, entrad en vuestro destino porque la piedra que desecharon los constructores es la piedra angular.

 

¡Viva Don Sixto!

¡Viva España!

¡Viva Cristo Rey!

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