Mucho agradecimiento tendría que demostrar a España y a la colonización española, un tipo siniestro e inculto como el recién nombrado presidente del Perú, el comunista Pedro Castillo, ya que de no ser porque su país lo colonizamos los españoles un patán de estas características jamás llegaría a presidente ni siquiera de su comunidad de vecinos ya que, de haber sido los ingleses o los franceses los colonizadores, todavía seguiría recluido en alguna reserva.

Sin embargo, tipejos como este se permiten el lujo de ofender, públicamente, a España y a todos los españoles, incluido el Jefe del Estado, el Rey D. Felipe VI, presente en su acto de toma de posesión.

En lo único que estoy de acuerdo con este patán es que no resida en la Casa Pizarro más que nada para no denigrar el nombre del gran conquistador español D. Francisco de Pizarro a quien semejante tipejo no le llega ni a la suela de su zapato.

De todas formas, la responsabilidad de lo sucedido en la toma de posesión de este mequetrefe, hay que achacársela al del pantalón de pitillo que es quien condujo al Rey a la ratonera que supuso ese acto chabacano de toma de posesión.

Partamos de la base que el tal Castillo ha accedido a la presidencia de su país consecuencia de unas elecciones rodeadas por la sombra de sospecha de pucherazo, razón más que suficiente para que el Rey, como representante de todos los españoles, no asistiese a la mencionada pantomima.

De todos es sabido la afición de comunistas y socialistas y de la izquierda en general a manipular, de una u otra forma, los resultados electorales cuando estos no le son favorables. Aquí en España ya tuvimos oportunidad de comprobarlo en aquellas elecciones de febrero de 1936 que, de forma fraudulenta, le dieron el triunfo al frente popular tras manipular, de la forma más burda, las actas de aquellos comicios.

Pero no hay que ir tan lejos, no podemos olvidar las elecciones de marzo de 2004, cuando los socialistas, aprovechando para su interés electoral, los graves sucesos de Madrid de días antes lograron alterar el resultado natural de aquella cita electoral. Así que en esta materia son doctos y eso que nadie verifica otros resultados que a lo mejor también nos depararían alguna que otra sorpresa.

Es intolerable, se mire por donde se mire, que un tipejo como el tal Castillo, esté o no respaldado por su pueblo, se permita públicamente ofender y faltar al respeto a España y a todos los españoles sin que tal bellaquería provoque siquiera una reacción de repulsa y la pertinente exigencia de reparación de las ofensas por parte del gobierno español.

Ya sabemos quien está detrás de todas estas dictaduras hispanoamericanas, los mismos que, durante años, han percibido cuantiosas subvenciones procedentes de regímenes totalitarios y criminales, respaldados por las redes mafiosas del narcotráfico internacional y, si no, que se lo pregunten a la maldita podemía que de eso sabe mucho y que, a día de hoy, forma parte del gobierno de España.

El miserable gobierno socialista-comunista si le queda un ápice de dignidad, honor y patriotismo, cosa que dudo, tiene el deber moral de exigir al tal Castillo y a los peruanos la reparación de las ofensas de las que fue objeto el pueblo español en el discurso de ese payaso vestido con sombrero de gringo.

Y, por cierto, Castillo, patán, aprende educación que en los locales cerrados hay que estar descubierto y, de paso, estudia un poco de historia y así sabrás como se las gastaban aquellos que gobernaban tu país antes de hacer nosotros acto de presencia en esa hermosa tierra. Mal veo al pueblo peruano cuyos designios están en manos de una payaso -perdón por los payasos- de esa catadura moral e intelectual.

Ya está bien de que el hecho de ofender a España resulte gratuito para cualquier patán por muy presidente que sea. Así nos luce el pelo y cada día pintamos menos en el concierto de las naciones.