Sánchez se estrenó en la estafa política, que se sepa, con las primarias de su partido. Luego convirtió en habitual la compra de voluntades para recrear a mayor escala la alteración del sufragio. Cuando se ha comprobado el riesgo antidemocrático que conlleva el juego sucio del sanchismo, no se entiende la guardia baja, la ausencia de medidas protectoras, la infame ingenuidad de unos contendientes políticos sobrepasados por la trampa electoral. Es incomprensible que con los antecedentes de fraude se convenga en dar por buena la mecánica de conteo pese a la ausencia de control, la sospecha de manipulación y la certeza de la irregularidad usadas en sucesivas elecciones generales y autonómicas como baza ventajista de un gobierno socialcomunista desgastado pero resistente, con viáticos inexplicables de apoyo popular en realidad inexistentes, tal y como quedó demostrado en Galicia y Andalucía sin huellas de intervencionismo. 
 
Correos se ha convertido en una empresa de ámbito privado al servicio de Pedro Sánchez, no obstante su exjefe de gabinete, Juan Manuel Serrano, se encuentra en la misma tesitura de sospecha que la exministra de Justicia, Dolores Delgado, al frente de la Fiscalía, digámoslo sin ambages, de Moncloa. Y así está revuelto el ámbito jurídico estafado e impotente de revertir una inédita situación de abuso y prevaricación aceptados a regañadientes con la sensación de que la han metido doblada de nuevo; esa extraña impresión de irregularidad mantenida bajo velada coacción-quien protesta es anatematizado públicamente-que aprovecha también Correos para alterar la voluntad de los ciudadanos.
 
No deberían ser desoídas las voces de alarma sobre un factible pucherazo de carácter histórico, como denuncia Ignacio Vargas Pineda, secretario general de APET. El voto a distancia debería ser contabilizado antes que el voto directo, y sustraerlo del recuento ante las urnas con una específica auditoría, como menos. Las maniobras del CIS están armonizadas con las oscuras estrategias del voto por correo, verdadero coladero de transformación del que vuelve a advertir la Plataforma Elecciones Transparentes, una vital garantía de juego limpio de la que ha prescindido Isabel Diaz Ayuso para el 4 de Mayo, siendo fehacientes los avisos sobre las anormalidades que podrían constatarse, una vez más, en las Elecciones Autonómicas de Madrid. 
 
Esa autosuficiencia de la necia certidumbre  es una ofensa a los votantes que se juegan un malabarismo de última hora para caer en las garras criminales del sanchismo.
 
 Es lógico recelar cuando expresamente el PSOE invita a mandar el voto con el pretexto sanitario. No es admisible confiarse con ese llamamiento a depositar el voto por correo cuando se apostan los sectarios de sueldo desorbitado para hacerle el juego sucio al secuestrador de La Moncloa, quien ha impuesto la estafa de una apariencia democrática tras la que se esconde la funcionalidad de una intención tabernaria, usando la complicidad del adversario político que todavía cree en la honra de la liza electoral. Al respecto vuelvo a aconsejar la lectura del libro esclarecedor El Asesor, de Salvador Ruso Pacheco,  que puntualiza con brillantez la intención del fraude como modo convenido y acostumbrado de ventajismo para mantener el socialcomunismo en el poder, y cómo evitarlo.
 
Ni VOX debería dar por hecho que Sánchez e Iglesias acaten la voluntad popular cuando se ha mostrado de continuo la inquina y los recursos, hasta violentos, para no dar por perdida esta batalla decisiva. Más valdría no llamarse a sorpresa con esos acostumbrados chantajes que logran acomplejar al adversario político cuando, ante la evidencia de fraude, la maquinaria sectaria de los medios de comunicación presiona con el argumento de la ultraderecha que no acepta las decisiones democráticas. Cada pieza del engranaje corrupto de Pedro Sánchez usa los acontecimientos a su favor, incluso cuando se les sorprende con una de esas artimañas que la Fiscalía se encarga de convertir en agua de borrajas. Una estrategia acostumbrada que en estas elecciones determinantes no se puede permitir Madrid y, por ende, España. 
 
Bien harían los que se dan por ganadores de estos comicios asegurar la garantía del voto tomando todo tipo de precauciones sabiendo cómo las gasta este conjunto trilero, enemigo de la democracia.