Alguien debe reaccionar frente a la tibieza de la otra oposición. Hay que echar el resto democrático e indignado y no solo por el incremento del precio de la luz. El 19 de septiembre debería ser el comienzo de una decisiva y permanente resistencia frente al mal sanchista. Sin confiarse, habida cuenta de cómo se evidencia la ponzoña de un desgobierno criminal que disimula menos las aviesas intenciones. 
 
A la excepcional Macarena Olona se le niegan las actas de la UME para saber qué encontraron durante las matanzas eutanásicas en las residencias de ancianos. Miguel Bosé denunció la muerte por sedación de su madre de igual modo que mi mujer y yo sabemos de la de nuestros padres: el de ella en una residencia y el mío en un hospital después de pasar por una rutinaria sesión de diálisis que supuso su condena a muerte. Así decenas de miles de ejecutados con la sospecha de que lo fueron protocolariamente en una España que conculca las leyes, la decencia y los más elementales valores humanitarios desde que el socialcomunismo desembarcó con el engaño de una moción de censura y se mantuvo con un pucherazo solapado contra una España víctima de un inveraz miserable desde el principio. Hay motivos para movilizar permanentemente a millones de ciudadanos. 
 
Desde aquella masacre cuyas responsabilidades fueron ocultas por una Fiscalía prostituida al servicio de las sevicias monclovitas, los indicios delictivos se han multiplicado rompiendo en pedazos la normalidad, al menos aparente, de una etapa constitucional de décadas amenazadas por los intereses tabernarios de consumados estafadores sociales como son el anterior vicepresidente, hoy ejerciendo de submarino para seguir torpedeando la línea de flotación institucional, y el sospechoso de innumerables marrullerías que mantiene secuestrada la presidencia. Pero España resiste como si en su destino de zozobra se implicara una compensación de esperanza, antes de abismarse en oscuros fondos de sistemática confrontación. 
 
Dos son los diques de contención que a duras penas soportan la embestida del sanchismo en busca de desintegrar el Estado de Derecho: la Unión Europea, arbitraria en pos de sus intereses pero delimitante para los tejemanejes antidemocráticos de Sánchez, y VOX, con un equipo jurídico de primer orden en defensa de cuatro millones de electores y muchos millones más que todavía desconocen al partido de Santiago Abascal y de Ortega Lara como formación política de referencia en próximas citas electorales. 
 
Por sus obras son conocidos con Marlasca a la cabeza de la intención criminal, después de quedar al descubierto las burdas manipulaciones que tienen por sucio objetivo la ilegalización de VOX. Las balas de CETME no han sido investigadas al convertirse las Fuerzas de Seguridad del Estado en amenazados, subordinados de una mafia gubernamental cuyos burdos ardides son la evidencia de un juego sucio que de continuo atenta contra la democracia. La Constitución no previno los ataques a la pluralidad por el advenimiento de un gobierno carente de dignidad y entregado a las malas artes  para acabar con la alternancia del poder, inherente a un régimen de libertades que el socialcomunismo pretende finiquitar con engaños y estrategias de estafa social. 
 
VOX no solo llama a manifestarse por la subida de la luz, sino también por el balance criminal de los inútiles y malintencionados que actúan fuera de la ley con el beneplácito del sectarismo radical, el que ha infestado la mayoría de las instituciones coaccionadas por ministerios que actúan como rodillos para secundar una agenda de desintegración democrática, verdadero manual de fullerías al servicio del peor presidente de España que todavía encumbra el corrupto CIS de Tezanos. 
 
La manifestación del Domingo 19 de septiembre debería ser el inicio de un hábito de defensa para expulsar a la mafia que se nutre con miríadas de chiringuitos para eternizar una siniestra radical. El incremento del precio de la luz es solo una de las nefastas consecuencias del sanchismo. El objetivo principal debería ser la protesta contra la estancia de Sánchez en La Moncloa:  el único mal que empeorará las condiciones de los ciudadanos siendo, junto a sus cómplices de codicias, el nuclear enemigo de la convivencia y del progreso. Todos los perjuicios se originan en él y su psicopatía universalmente diagnosticada.